Loading...

EL DUEñO DE LAS SOMBRAS (TRILOGíA EBLUS 1)

Care Santos  

0


Fragmento

Créditos

1.ª edición: marzo, 2016

© 2016 Care Santos

© Ediciones B, S. A., 2016

para el sello B de Blok

Consell de Cent, 425-427 - 08009 Barcelona (España)

www.edicionesb.com

ISBN DIGITAL: 978-84-9069-384-1

Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidasen el ordenamiento jurídico, queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos.

Contenido

Portadilla

Créditos

Dedicatoria

Árbol genealógico

I. EL DESVÁN DE LAS MUÑECAS

1. Tres noches

2. El incendio

3. El pozo

4. Natalia

5. Noche de San Juan

6. Ezequiel Osorio

7. Rebeca

8. Bernal

9. El regreso

II. LIBRO DE FAMILIA (QUE HABLEN LOS MUERTOS)

10. César

11. Ángela

12. Micaela

13. Uriel

14. Úrsula

15. Luz

16. Ezequiel

17. Rebeca

III. EBLUS

Dedicatoria

Para Adrián, Elia y Álex, diablillos del hogar

—¿Crees —preguntó— que los espíritus

de los muertos pueden regresar a este mundo

y manifestarse ante los mortales?

La confesión del pastor anglicano

WILKIE COLLINS

Árbol genealógico

arbol.jpg

I. EL DESVÁN DE LAS MUÑECAS

I

EL DESVÁN DE LAS MUÑECAS

1. Tres noches

1

Tres noches

Año 1991

La familia Albás era una de las más conocidas de la comarca de Las Cinco Villas. Su apellido hacía generaciones que era pronunciado por los vecinos con esa mezcla de desdén, envidia y respeto que siempre provocan los ricos. Sin embargo, ya hacía mucho tiempo que habían pasado los momentos de mayor prosperidad de la familia. De la vieja casona de los Albás solo se acordaban los mayores. Se alzó entre arboledas y huertos, algo apartada de los límites de las poblaciones de Sádaba y Layana, encerrada en verjas infranqueables. Solo unos pocos eran aún capaces de llegar hasta lo que quedaba de la casa a través de los caminos que la vegetación se empeñaba en borrar. Para los más jóvenes aquel apellido sonoro y agudo que oían pronunciar de vez en cuando estaba vagamente ligado a la leyenda de aquellos parajes, a sus historias más antiguas, ciertas o no, y a algunas personas muertas mucho tiempo atrás que antes de abandonar este mundo se encargaron de dejar bien grabado su nombre en la memoria colectiva.

Por todas esas razones, todos supieron muy bien de quién se hablaba cuando aquella mañana helada del mes de enero corrió como reguero de pólvora la noticia de que la pequeña de la familia Albás, Natalia, de apenas tres años de edad, había desaparecido en el transcurso de una excursión escolar.

Al principio fue solo un rumor, azotando la villa de Layana —donde la pequeña vivía con sus padres y su hermana mayor— pero pronto se extendió por el resto de los pueblos de la zona como un vendaval. Luego llegaron de todas partes extraños con cámaras y micrófonos, periodistas de todos los medios de comunicación, incluidos los locales. A la hora de comer, y también por la noche, las cadenas de televisión de todo el país hablaban de la niña y de su dramática desaparición en la Sierra de Santo Domingo.

Conmocionadas, las gentes del pueblo vieron aparecer en la pantalla al director de la escuela, y también a un portavoz de la familia que algunos identificaron como un primo segundo de la madre. La sierra, cuyas cumbres estaban cubiertas de nieve, como casi todos los inviernos, se llenó de foráneos. Los informativos mostraron lugares solitarios por los que muy raramente se veía a nadie en aquella época del año: la Peña de los Buitres, Peña Lengua, la Cueva de Santa Engracia o la de Santo Domingo. También hablaron de un invierno crudo como no se recordaba otro.

Todo sucedió durante una excursión. Natalia fue a la sierra junto con sus cuarenta y nueve compañeros de educación infantil. Eligieron una de las pistas menos complicadas y llegaron hasta el Barranco de Calistro. Para todos ellos era la primera vez que salían de la escuela. Iban muy abrigados, y hasta eso les parecía divertido. Tocaron la nieve, recogieron algunas hojas y almorzaron al aire libre. Fue un día lleno de emociones. Iban con ellos dos de las maestras del colegio y dos madres voluntarias, como refuerzo. Ninguna de las cuatro se explicaba cómo había podido ocurrir, si no habían perdido de vista al grupo ni un momento. Los desplazamientos a pie se hicieron en fila india, agarrados todos los alumnos a una larga cuerda. Una de las educadoras iba delante, abriendo camino y marcando el paso. Junto a la fila iban otras dos. La cuarta cerraba la comitiva, sin despegarse de los excursionistas ni apartar la mirada de la fila. Era casi imposible que la niña se hubiera soltado de la cuerda. Sin embargo, lo hizo, sin que nadie supiera de qué modo.

La única explicación razonable era que todo hubiera sucedido durante el almuerzo, cuando los pequeños alumnos se sentaron junto a la pista forestal, en un claro de la vegetación, bajo la luz de un sol brillante que apenas calentaba. Al terminar, dedicaron un rato a la recolección de los últimos tesoros: muchos llenaron sus bolsillos de hojas secas y pequeños guijarros. También tuvieron la suerte de ver algunos tejones, un ciervo lejano y el vuelo de algunos buitres que anidaban cerca, en la peña que llevaba su nombre. Para animar la caminata cantaron canciones que todos sabían.

A las tres y media emprendieron el camino de regreso hasta donde les estaba esperando el autobús de la escuela. Ni veinte minutos andando. El cielo resplandecía de tan azul. Era un día claro de invierno, ideal para una salida de los más pequeños. Además, se trataba de una experiencia que repetían año tras año, y jamás habían tenido las maestras que lamentar ni el más mínimo contratiempo. Pero esta vez al llegar al autobús la tutora de uno de los grupos reparó en que faltaba una alumna. Tampoco se explicaba cómo no se dio cuenta hasta ese momento. Enseguida supo que la ausente era Natalia Albás. A pesar de la conmoción del descubrimiento, estuvo segura de habe

Sigue leyendo y recibe antes que nadie historias como ésta