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EL ESTANDARTE PúRPURA

Massimiliano Colombo  

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Fragmento

Contenido

Almas inmortales

I. Impetus

II. ¡El rey ha muerto, larga vida a la reina!

III. Missio causaria

IIII. Murrogh de los trinovantes

V. Las palabras de un padre

VI. La isla de los sepulcros

VII. Colonia Claudia Victricensis

VIII. Signa inferre

VIIII. Ultraje

X. Rhiannon

XI. Ira

XII. Manadas de lobos

XIII. Delirio

XIIII. Devastación

XV. Defixio

XVI. Camulodunum

XVII. Hispana

XVIII. Londinium

XVIIII. Verulamio

XX. Viroconium Cornoviorum

XXI. Manduessedum

XXII. Fragmentos de existencia

Vae victis

Glosario

Notas

Agradecimientos

A Claudia, que me ha sacado del mazo,
y a Filippo y Cesare, que me han vuelto a poner

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Romanos

(en cursiva los que realmente existieron)

Marco Quintinio Aquila – Veterano de la Vigésima Legión. El nombre Quintinius Aquila ha sido tomado de una inscripción encontrada en Caerleon. En realidad era un centurión de la Segunda Legión Augusta de los siglos II-III d. C.

Cayo Suetonio Paulino – Gobernador de Britania desde el 59 d. C. Buscó una agresiva política de sumisión de las tribus de la actual Gales. Condujo espléndidamente la campaña contra Boudica, pero luego ordenó durísimas expediciones de castigo contra cualquier foco de resistencia, devastando las tierras de los icenos.

Cayo Antonio Vindilo – Comandante de la caballería auxiliar. El nombre ha sido extraído de un fragmento de una estela funeraria, de proveniencia milanesa, de un soldado perteneciente a la Novena Legión, ascendido por méritos militares a la carrera ecuestre (Albucio, hijo de Vindilo). El apellido del padre delata aún las influencias celtas.

Lugovalos – Jinete bátavo, brazo derecho de Cayo Antonio Vindilo.

Cato Deciano – Procurador de la provincia. A Cato Deciano se le imputa la chispa que desencadenó la rebelión.

Petilio Cerial – Legado de la Novena Legión caída en una desastrosa emboscada. Es posible que la derrota, que causó pérdidas equivalentes a un tercio de la legión, fuera imputada, de algún modo, a Cerial, pues no prosiguió en el cursus honorum y no obtuvo el cargo de cónsul.

Tito Ulcio Falcidio – Prefecto de la guarnición de Camuloduno.

Penio Póstumo – Prefecto de campo de la Segunda Legión Augusta; se suicidó después de la rebelión.

Pablo Celio Amplio (llamado Tauro) – Colono, exoptio de Aquila en la Vigésima Legión.

Fuvio Durio – Colono, exlegionario de Aquila en la Vigésima Legión.

Aulo Tranio Fibreno (llamado Decano) – Exlegionario de Aquila en la Vigésima Legión.

Marcelo (llamado Catulo, «cachorro») – Hijo de Fibreno.

Marco Ferrio – Colono, exlegionario de Aquila en la Vigésima Legión.

Molerato – Colono, exlegionario de Aquila en la Vigésima Legión.

Quinto Curio Fidio – Colono, exsignifer de Aquila en la Vigésima Legión.

Antio – Capataz griego.

Britanos

(en cursiva los que realmente existieron)

Prasutagus – Rey de los icenos. Probablemente ascendido al trono por los romanos como rey cliente después de la represión de la primera rebelión icena en el 47 d. C. A su muerte, en el 60, los romanos ignoraron su deseo y se adueñaron de todo el territorio y de sus riquezas. Esto provocó la rebelión antirromana guiada precisamente por la reina entre el 60 y el 61.

Boudica – Reina de los icenos.

Mor – Hija menor de Boudica (se desconoce su verdadero nombre).

Aine – Hija mayor de Boudica (se desconoce su verdadero nombre).

Miridin, el sabio – Viejo consejero de Prasutagus.

Cathmor – Guerrero iceno.

Ambigath – Druida iceno.

Murrogh – Jefe tribal de los trinovantes.

Dunmor – Hijo de Murrogh.

Rhiannon – Hija de Murrogh.

Corann – Jefe tribal de los ordovicos.

Govran, el sabio – El viejo druida.

Efin – El curtidor.

Yorath – El bardo.

Alis – Mujer de Efin, el curtidor.

Ethrig – Noble iceno.

Quinn – Lobo Cazador, el espía.

Rey Rhuadri – Jefe tribal de los icenos.

Almas inmortales

Imaginad que vivís en un tiempo en que la libertad no es un derecho adquirido, sino una condición que hay que conquistar por la fuerza cada día. Imaginad que el futuro de vuestros hijos está constantemente amenazado por la sombra de la esclavitud y que todo lo que habéis construido con una vida de sacrificio está ligado a un delgado hilo que solo vosotros podéis defender, empuñando la espada, mientras tengáis fuerza, aullando al mundo vuestro derecho a vivir como un hombre libre en la tierra de vuestros padres.

Imaginad que vuestros seres queridos no hayan dejado nada de vosotros y que vuestros enemigos os hayan dedicado palabras que han atravesado la noche de los tiempos, dejando una impronta que los siglos no han conseguido borrar. Vuestras gestas, disputadas entre falsos testimonios y autores fiables, se han insinuado en los profundos pliegues de la historia entre verdad y mentira, heroísmo y crueldad, retratándoos con razón o sin ella como un ser infame.

Imaginad todo esto y seguid a la reina guerrera allí donde las gestas de los antiguos se confunden entre escritos y hallazgos, allí donde aún hay una justicia para quien ya no puede hablar, allí donde su paso ha quedado impreso indeleblemente en el suelo como testimonio de la furia que se desencadenó en el 61 d. C., allí donde los héroes aún no eran almas inmortales.

Olvidad quiénes sois, olvidad qué año es: estáis en Britania en el 60 d. C. y el emperador Nerón reina sobre la Ciudad Eterna desde hace seis años. La isla está sufriendo la ocupación romana desde la invasión del emperador Claudio, en el 43 d. C., y está subdividida en territorios que pertenecen a tribus orgullosísimas de la propia independencia, pero, al mismo tiempo, poco o nada propensas a unirse para hacer frente común contra el invasor.

El sentimiento de nación o de patria está aún muy lejos de estos días del primer siglo después de Cristo. Las poblaciones locales de estirpe celta que hacen voluntario acto de sumisión son dejadas en un estado de semiindependencia bajo el gobierno de los respectivos reyes, poco más que jefes tribales. Algunas están aliadas entre sí, otras, en conflicto; algunas han obtenido ventajas del comercio con Roma, otras han combatido abiertamente el avance del ejército imperial.

La presencia romana, que en algunos territorios es tolerada aunque no querida, está garantizada por cuatro temibles máquinas de guerra: la Segunda Legión Augusta, la Novena Hispana, la Decimocuarta Gemina y la Vigésima Valeria, que, en el curso de estos diecisiete años de invasión, han batallado contra Carataco, rey de los catuvelaunos, y han sofocado una primera rebelión de los icenos en el 47 d. C.

Las riendas del mando en Britania acaban de pasar a Cayo Suetonio Paulino, gran estratega y ejemplo de firmeza absoluta, llamado a sustituir, en el 59 d. C., a Quinto Veranio, gobernador de la provincia fallecido mientras desempeñaba su cargo.

Suetonio busca una política extremadamente agresiva orientada a alcanzar la sumisión de las tribus que habitaban la actual Gales, ya iniciada por su predecesor; este sistema expansionista, unido a la injerencia romana en las cuestiones locales, ha causado más de un abuso por parte del gobierno provincial, algo que, sumado a los repetidos episodios de violencia y a la expropiación de algunas tierras para la instalación de los veteranos, no ha tardado en hacer saltar la chispa de lo que después se ha transformado en un incendio espantoso que ahora vosotros estáis a punto de afrontar, el que los libros de historia nos han transmitido como «la rebelión de Boudica».

I

Impetus

Manduessedum, territorio de los coritanos

Finales de agosto, año 61 d. C.

Si no puedo mover el cielo, agitaré el infierno.

PUBLIO VIRGILIO MARÓN

El estandarte de púrpura ondeó en el cielo, donde nubes oscuras se disputaban un horizonte de jirones azules.

Una ráfaga de viento se desprendió de la llanura, trazando una ola en la hierba, y remontó hasta nosotros para traspasarnos, fría como una hoz de cristal.

—Mantened la distancia.

Un cúmulo se disolvió en el sol y una hoja de luz acarició nuestras filas, haciendo centellear miles de yelmos. Allá arriba los dioses estaban librando su batalla, y pronto también nosotros, aquí, les ofreceríamos el espectáculo de la nuestra.

—¡Quietos!

La cresta del centurión de la Sexta Cohorte se movió entre la selva de lanzas mientras su mirada, oculta por las protecciones de bronce, recorría sin detenerse la alineación en armas, comprobando que cada hombre estuviera en su puesto. Con un vistazo habría podido someter al más duro de los veteranos, con una palabra, desencadenar una lluvia de puntas aguzadas. Impuso el orden con un gesto a un grupo de legionarios que se burlaban de un joven de la tercera fila, con el rostro marcado por el miedo. Luego sus ojos atravesaron la masa de yelmos para alcanzar nuestras filas más retrasadas. Durante un instante, su mirada se cr

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