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EL FALSO NERóN (UN CASO DE FLAVIA ALBIA, INVESTIGADORA ROMANA 5)

Lindsey Davis  

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Fragmento

DRAMATIS PERSONAE

Emperadores

DOMICIANO, nuestro Dios y Amo, una presencia amenazante.

NERÓN, de recuerdo funesto, un héroe para algunos.

El hogar

FLAVIA ALBA, con licencia para realizar investigaciones.

T. MANLIO FAUSTO, su marido, no es el que era.

DROMO, su esclavo, una dura prueba.

GRECINA, su ama de llaves, a prueba.

GALENA, una supuesta cocinera, una durísima prueba.

KATUTIS, un secretario de una cultura más antigua.

LARCIO, un capataz con los pies en la tierra.

EL FABULOSO ESTERTINIO, un citarista de visita.

La familia

Q. CAMILO JUSTINO, un tío servicial, senador.

MARCIA DIDIA, una prima favorita, tiene garra.

MARIO, otro primo, tiene una flauta.

Funcionarios del Palatino

FLAVIO ABASCANTO, funcionario de alto rango del espionaje romano.

CLAUDIO FILIPO, un burócrata al alza (o a la baja), el jefe de Albia.

TREBIANO, el observador de Partia, otro jefe de Albia.

RUBRIO, el recadero de Filipo.

FUSCO, un asesino entrenado.

EUTRAPELO, el mejor archivero (para que conste).

CAYO RITELIO, un agente sobre el terreno, desaparecido.

ILIA, su agraviada esposa.

En la Castra Peregrina

«TITO», el Princeps Peregrinorum[1] (no es su verdadero nombre).

PLOTIO, su recadero para todo.

ALFIO, un «fontanero», un joven agradable.

«NERÓN», un prisionero (no es su verdadero nombre).

PATERNO, una incógnita.

TRÓFIMO, un agente provocador, despreciable.

«SIMÓN», un escribiente (no es su verdadero nombre).

Sospechosos

DOS VIUDAS DE ALCURNIA que no conspiran juntas (eso dicen ellas).

SALUSTIO LÚCULO, sus difuntos maridos.

C. VETULENO CÍVICA CERIALIS, enigmas históricos.

LUSIA PAULINA, que conoce a todo el mundo (su verdadero nombre).

 

De la lista de contactos de Albia

SÓDALO, un encargado de los archivos, nacimientos y matrimonios.

PERELLA, una «bailarina» agraviada, fallecimientos sobre todo.

MOMO, un depravado que todo lo arregla.

RUTILIO GÁLICO, el prefecto de la ciudad (hombre poderoso).

En la Casa de Partia

DOLAZEBOL, un taimado enviado diplomático.

BRUZENO, un artero asistente.

ASXEN, su esposa, una mujer agradable.

ESQUILA, una buena pieza.

VINDOBONA, su gato blanco.[2]

DOS LEBRELES que no han leído el descargo de responsabilidad.

«UN SOBRINO», el sobrino de alguien.

CORELIO, «contando manteles».

UN JARDINERO, «podando».

También: damas veladas, guardias, músicos, jardineros, mulas (una sabina y otras), gatitos, catafractos, esclavos con fregonas, elefante.

mapa.tif 

 

La crudeza de la guerra llegará entonces al Oeste, y el hombre exiliado de Roma, blandiendo una poderosa espada, cruzará el Éufrates con muchas decenas de miles de hombres.

Del texto conocido como

Oráculos sibilinos

ROMA

Septiembre, año 89 d.C.

1

Mucha gente quería creer que el emperador Nerón no había muerto. Hubo al menos tres pretendientes que se hicieron pasar por él. Uno de ellos había hecho su falsa afirmación al cabo de pocas semanas de la muerte de Nerón, bajo el gobierno de su sucesor, Galba. De otro se encargó Tito, y el año pasado Domiciano tuvo que vérselas con un tercero. Fingir que uno era Nerón resucitado tenía un curioso atractivo. Y era sencillo: parecerse a él, poseer una lira, aparecer de repente en un lugar lejano como Siria, y luego no dejar de moverse de un sitio a otro cuando las legiones fueran a por ti. Como desde luego harían.

A uno de los Nerones falsos lo atraparon en el mar; dos Nerones posteriores intentaron huir a Partia. Craso error. Los partos, taimados extranjeros con pantalones y gorros cónicos, utilizaban a cualquier Nerón falso que cayera en sus manos como herramienta política. Pero una vez que Roma hubiera negociado el regreso del impostor en cuestión, este pronto hallaría el fin de su ilusoria existencia y acabaría muerto en una zanja. Al menos en eso coincidiría con el auténtico Nerón.

Para asumir la falsa identidad, no era preciso dominar el arte de la lira de antemano, puesto que Nerón no pasó de ser un músico mediocre, de modo que unas notas cualesquiera sonarían auténticas. El parecido podía obtenerse tiñéndose el pelo de rubio y encasquetándose una corona de laurel en la cabeza. Mostrar una gran confianza en sí mismo sería el toque maestro.

Siendo realistas, tales suplantaciones eran mucho más difíciles ahora. En Siria bastaba con pedirlo para que la gente se uniera a una revuelta, pero incluso allí empezaban a hartarse de los fracasos y de sus horribles consecuencias. Roma ha convertido las represalias en un arte propio. Roma sofoca una revuelta con tal firmeza, que su recuerdo pervive largo tiempo. Lo sé por experiencia. Procedo de Britania. Todo eso lo padecimos después de Boudica.

En cualquier caso, habían transcurrido dos décadas desde la muerte de Nerón. Incluso en los distritos en los que siempre había tenido sus fanáticos seguidores, su demente atractivo se había vuelto más impreciso. A los nuevos pretendientes les costaba más provocar revueltas, incluso entre crédulos que se convencían a sí mismos de que Nerón era maravilloso y no se había rajado la garganta con una cuchilla, o había mandado que se la rajaran porque él era demasiado cobarde. Se había ocultado solo hasta que llegara el momento adecuado para reaparecer y derribar la tiranía...

En Roma se veía a Nerón de una manera distinta, aunque realmente necesitáramos un protector que pudiera librarnos de los tiranos. Teníamos nuestro tirano. Dedicaba mucho tiempo a buscar personas que pudieran querer echarlo, luego las hacía ejecutar. Los pretendientes lo ponían especialmente nervioso.

El tercer Nerón falso, el más reciente, permanecía «en la sombra». En parte puede que se debiera a que la Gaceta Diaria de Roma no mostraba interés por él. Los editores querían noticias «que fueran noticia», y no estaban para prestar atención a otro tañedor de lir

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