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EL FILO DE LA NAVAJA (OSHO HABLA DE Tú A Tú)

Osho  

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Fragmento

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Trae el amanecer, disipa la oscuridad

¿Por qué ha tenido el ser humano que padecer tanto sufrimiento, desde el primer momento? ¿Acaso no ha habido sobre la Tierra civilizaciones altamente evolucionadas? Y sin embargo, se ha perdido su conciencia y ha habido que empezar de nuevo, desde el principio. Ahora mismo estamos atravesando una etapa muy oscura. ¿Hay alguna ley cósmica que dice que: «La flor de loto solo puede nacer del barro»? ¿Algún día será esta Tierra un jardín de flores?

La pregunta que acabas de formular tiene un inmenso alcance. En primer lugar, muchas civilizaciones anteriores a la nuestra han alcanzado cimas más altas, pero todas ellas fueron destruidas porque, incluida la nuestra, se desarrollaron partiendo de un profundo desequilibrio. Han desarrollado mucho la tecnología, pero se han olvidado de que el hombre no va a ser más dichoso, más pacífico, más cariñoso, más compasivo, porque haya más progreso tecnológico.

La conciencia del hombre no se ha desarrollado al mismo ritmo que el desarrollo científico, y ese es el motivo de que todas las civilizaciones antiguas hayan desaparecido. No hay ningún otro motivo, el enemigo externo no existe, el enemigo está dentro del hombre. Ha creado prodigios en cuanto a máquinas se refiere, pero él se ha quedado atrás, inconsciente, casi dormido.

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Osho,

Conceder tanto poder a unas personas inconscientes entraña muchos peligros.

Y lo mismo ocurre hoy. En lo que se refiere a la conciencia, los políticos ocupan el nivel más bajo. Son listos, son astutos, pero también son malos; todos sus propósitos se enfocan en un solo objetivo: conseguir más poder. Su único deseo es alcanzar más poder, pero no más paz, más ser, más verdad, más amor.

Y ¿para qué quieres tener poder? Para dominar a los demás, para destruirlos. Todo el poder ha sido acaparado por personas inconscientes. Por un lado, los políticos de todas las civilizaciones que se desarrollaron y han desaparecido —o, mejor dicho, se han suicidado— tenían todo el poder en sus manos. Por otro lado, el talento de la inteligencia humana buscaba caminos cada vez más científicos y tecnológicos, y todo lo que descubrieron ha acabado finalmente en manos de los políticos.

Albert Einstein escribió una carta al presidente Roosevelt. El científico había huido de Alemania. Había estado investigando la teoría atómica para Adolf Hitler en Alemania, muy a su pesar porque él era judío y parecía mentira la cantidad de judíos que Adolf Hitler estaba asesinando. Un solo individuo asesinó a seis millones de judíos en Alemania. Durante la Segunda Guerra Mundial, Hitler fue el responsable de la muerte de aproximadamente cincuenta millones de personas.

Albert Einstein, al ver esta situación y aunque por supuesto no iban a matarle porque tenía demasiado valor, huyó de Alemania. No quería fabricar la bomba atómica para Adolf Hitler. Tuvo una reacción completamente humana porque muchos de los suyos, muchos de sus amigos, habían sido asesinados. Escribió una carta al presidente Roosevelt de Estados Unidos diciendo: «Puedo ir a Estados Unidos y fabricar la bomba atómica. Tengo el secreto. Y el poseedor de la bomba atómica será el que gane la Segunda Guerra Mundial». Roosevelt le invitó inmedia

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tamente y le hizo entrega de todo lo necesario para fabricar la bomba atómica.

Cuando la bomba estuvo lista, Roosevelt ya no era presidente; había sido sustituido por Truman. Alemania había sido derrotada y la rendición de Japón solo era una cuestión de días, no más de siete, esto es lo que aseguraban todos los expertos militares mundiales. No le quedaba otra salida, ya que había recibido todo el poder de Alemania. Japón era simplemente un aliado. Y a pesar de que los generales estadounidenses le advirtieron que no era necesario usar bombas atómicas —bastaba con bombas corrientes, porque Japón tendría que rendirse en cuestión de siete días—, Truman no les hizo caso.

Albert Einstein volvió a escribir una carta insistiendo en que no era necesario. Pero ¿a quién le importaba Albert Einstein? Las bombas estaban en manos del presidente. Y Truman, sin motivo alguno, bombardeó dos ciudades de Japón, Hiroshima y Nagasaki. Dos grandes ciudades...; en cada una había más de cien mil habitantes, y al cabo de cinco minutos todas esas personas fueron liquidadas. Nunca se había conocido una destrucción de tal magnitud. Y era absolutamente innecesaria.

Truman tenía prisa. Tenía miedo de que, si Japón se rendía, no tendría la oportunidad de usar la bomba atómica que tanto dinero había costado fabricar. Y no podría demostrar al mundo entero el poder de Estados Unidos, y que él tenía la llave de ese poder en sus manos. Esas bombas sobre Hiroshima y Nagasaki no solo pretendían derrotar a Japón; su principal propósito era completamente distinto, se trataba de satisfacer el ego del presidente Truman: «Soy el más grande, el más poderoso del mundo, y mi nación ha llegado a la cumbre».

Esto ocurre una vez tras otra.

Antes de la Segunda Guerra Mundial, nadie estaba dispuesto a creer que hubiese armas tan destructivas. La historia del Mahabaratha, en las antiguas escrituras indias, es la historia de una gran batalla india de hace quinientos años que solo es mitológica. Hace quinientos años no se podía concebir que hubiera armas tan poderosas. Pero ahora, tras la Segunda Guerra Mundial, la descripción del Mahabaratha nos deja muy claro que habían descubierto algo muy parecido a la energía atómica. Destruyeron una gran civilización, y la destrucción partió de su propia civilización.

En la actualidad llevamos el mismo camino. La destrucción no proviene de otro planeta, sino que estamos cavando nuestras

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