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EL JARDíN DE BRONCE

Gustavo Malajovich  

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Fragmento

AGRADECIMIENTOS

A Marcelo Panozzo, que le abrió la puerta con paciencia y alegría a Fabián Danubio.

A Florencia Ure, José Núñez, Juan Díaz, de Random House, por su apoyo,  su entusiasmo, su amabilidad.

A Jorge Fernández Díaz, por su generosidad en su valoración crítica del libro y sus consejos.

A Sergio Wolf, Mirko Stopar, Patricio Vega, Marcos Osorio, Hernán Golfrid. Amigos y colegas a quienes admiro, cuyo trabajo me inspira constantemente.

A todos los escritores que con sus relatos me ayudaron a vivir.


A mi esposa Paula,

por todas las caminatas.

A mis hijos, María y Theo.

Pueden leer este libro cuando crezcan.

(Pero no se apuren demasiado en crecer.)


El mal es una moneda de dos caras. Una cara me hace sufrir, la otra me hace pecar.

Hago girar la moneda y las dos caras se superponen.

Sufriendo y pecando.

Sin poder evitar que gire

la moneda del mal.

ERNESTO DANUBIO

«Jano», texto inédito

PREÁMBULO

16 de diciembre de 1987

Hoy, en el barranco, sucedió algo terrible.

Tuve que matar a papá.

No sé cómo tengo fuerzas para escribir. Siento como si estuviera sumergido en una gran pecera de agua oscura que rodea mis sentidos.

Ahora estoy en mi habitación y oigo las voces nerviosas de los de casa, que ya están preguntando por él. Es lógico. Por lo general, papá está en casa antes de las ocho, para presidir la ceremonia de la cena. Son las nueve y media y no aparece. Creo percibir el ruido nervioso que produce Reba cuando habla, esa mezcla de susurro con respiración asmática. «¿Se habrá retrasado en el muelle? ¿Se habrá quedado hablando con los operarios? ¿Llamo al bar de Farías?»

No va a volver, Reba. No insistas.

Papá está tirado boca arriba y con los ojos abiertos. Se los vi desde la distancia. Nada parece indicar que está muerto, excepto cierto ángulo extraño en una de sus piernas. Tiene en su cara esa expresión varonil de suficiencia

Sigue leyendo y recibe antes que nadie historias como ésta