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EL LADRóN DE CADáVERES (FLASH RELATOS)

Robert L. Stevenson  

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Fragmento

Todas las noches del año, los cuatro nos sentábamos en el saloncito de la taberna George de Debenham: el empresario de pompas fúnebres, el dueño, Fettes y yo. A veces había alguno más, pero soplara viento o no, lloviera, nevara o cayera una helada, nosotros cuatro nos arrellanábamos en nuestros sillones respectivos. Fettes era un viejo escocés aficionado a la bebida, un hombre culto y, sin duda, de posibles, pues vivía sin necesidad de trabajar. Había llegado a Debenham hacía muchos años, cuando todavía era joven, y por el mero hecho de seguir viviendo allí había llegado a convertirse en ciudadano de adopción. Su manto azul de camelote era una antigüedad local, como el campanario de la iglesia. Su sitio fij

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