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EL LIBRO DE LA VIDA Y LA MUERTE

Osho  

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Fragmento

1

En busca de lo eterno

EN REALIDAD, Dios no es el centro de la búsqueda religiosa... el centro es la muerte. Sin la muerte no existiría la religión. La muerte es la que hace que el hombre busque e indague más allá, en lo eterno.

La muerte nos rodea como un océano rodea una islita. La isla puede quedar inundada en cualquier instante. El instante siguiente puede que nunca suceda, el mañana puede no llegar nunca. Los animales no son religiosos por la sencilla razón de que no tienen conciencia de la muerte. No pueden concebirse muriendo, aunque vean hacerlo a otros animales. Que alguien observe a otro ser muriéndose y que llegue a la conclusión de que «yo también voy a morir», representa un avance espectacular. Los animales no están tan alerta ni son tan conscientes como para llegar a tal conclusión.

Y la mayoría de los seres humanos también son infrahumanos. Un ser humano es auténticamente maduro cuando llega a esta conclusión: «Si la muerte le llega a todo el mundo, entonces yo no puedo ser una excepción». Una vez que dicha conclusión penetra en lo más profundo del corazón, la vida ya no vuelve a ser igual. No se puede seguir apegado a la vida como antes. ¿Qué sentido tiene ser tan posesivos si nos será arrebatada? ¿Por qué apegarse y sufrir si un día desaparecerá? ¿Para qué tanta desdicha, angustia y preocupación si la vida no va a durar para siempre? Si tiene que irse, se irá, y por tanto no importa cuándo. El momento deja de tener importancia: hoy, mañana, pasado mañana... la vida acabará yéndose.

El día en que seas consciente de que vas a morir, de que tu muerte es

una certeza absoluta... sabrás que la única certeza en la vida es la muerte. Nada es tan absolutamente cierto. Pero no obstante, seguimos evitando la cuestión, la cuestión de la muerte. Seguimos ocupándonos en otras cosas. A veces hablamos de grandes temas —Dios, cielo e infierno— solo para evitar la auténtica cuestión. La auténtica cuestión no es Dios, no puede serlo, porque ¿qué familiaridad tenemos con Dios?, ¿qué sabemos de Dios?, ¿cómo podemos indagar en algo que nos es totalmente desconocido? Sería una indagación vacua. Como mucho sería curiosidad juvenil, infantil, estúpida.

La gente estúpida pregunta por Dios, las personas inteligentes preguntan sobre la muerte. Las gentes que van por ahí preguntando sobre Dios nunca acaban de encontrarle, mientras que quienes preguntan sobre la muerte están destinados a encontrar a Dios... porque la muerte es lo que les transforma, lo que cambia su visión. Su conciencia está aguzada porque han planteado la auténtica cuestión, una cuestión auténtica, la más importante de la vida. Han creado un desafío tan enorme que no pueden seguir dormidos; hay que despertar, hay que estar lo suficientemente alerta como para hallar la realidad de la muerte.

Así es cómo empezó la búsqueda del Buda Gautama:

El día en que el Buda nació... su padre fue un gran rey, y él su único hijo, que nació cuando el rey envejecía; por ello su nacimiento fue motivo de una gran alegría en el reino. El pueblo había esperado mucho. El rey era muy amado por su pueblo; les había servido, había sido amable y compasivo con ellos, había sido muy cariñoso y había compartido sus bienes. Había convertido su reino en uno de los más ricos y maravillosos de aquellos tiempos. El pueblo rezaba para que su rey tuviese un hijo porque no tenía herederos. Y entonces nació el Buda, cuando el rey ya era anciano; un nacimiento inesperado. ¡Hubo una gran alegría y celebración! T

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