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EL úLTIMO APAGA LA LUZ

Nicanor Parra  

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Fragmento

SINFONÍA DE CUNA

Una vez andando

Por un parque inglés

Con un angelorum

Sin querer me hallé.

Buenos días, dijo,

Yo le contesté,

Él en castellano,

Pero yo en francés.

Dites moi, don ángel,

Comment va monsieur.

Él me dio la mano,

Yo le tomé el pie:

¡Hay que ver, señores,

Cómo un ángel es!

Fatuo como el cisne,

Frío como un riel,

Gordo como un pavo,

Feo como usted.

Susto me dio un poco

Pero no arranqué.

Le busqué las plumas,

Plumas encontré,

Duras como el duro

Cascarón de un pez.

¡Buenas con que hubiera

Sido Lucifer!

Se enojó conmigo,

Me tiró un revés

Con su espada de oro,

Yo me le agaché.

Ángel más absurdo

Non volveré a ver.

Muerto de la risa

Dije good bye sir,

Siga su camino,

Que le vaya bien,

Que la pise el auto,

Que la mate el tren.

Ya se acabó el cuento,

Uno, dos y tres.

DEFENSA DEL ÁRBOL

Por qué te entregas a esa piedra

Niño de ojos almendrados

Con el impuro pensamiento

De derramarla contra el árbol.

Quien no hace nunca daño a nadie

No se merece tan mal trato.

Ya sea sauce pensativo

Ya melancólico naranjo

Debe ser siempre por el hombre

Bien distinguido y respetado:

Niño perverso que lo hiera

Hiere a su padre y a su hermano.

Yo no comprendo, francamente,

Cómo es posible que un muchacho

Tenga este gesto tan indigno

Siendo tan rubio y delicado.

Seguramente que tu madre

No sabe el cuervo que ha criado,

Te cree un hombre verdadero,

Yo pienso todo lo contrario:

Creo que no hay en todo Chile

Niño tan mal intencionado.

¡Por qué te entregas a esa piedra

Como a un puñal envenenado,

Tú que comprendes claramente

La gran persona que es el árbol!

Él da la fruta deleitosa

Más que la leche, más que el nardo;

Leña de oro en el invierno,

Sombra de plata en el verano

Y, lo que es más que todo junto,

Crea los vientos y los pájaros.

Piénsalo bien y reconoce

Que no hay amigo como el árbol,

Adonde quiera que te vuelvas

Siempre lo encuentras a tu lado,

Vayas pisando tierra firme

O móvil mar alborotado,

Estés meciéndote en la cuna

O bien un día agonizando,

Más fiel que el vidrio del espejo

Y más sumiso que un esclavo.

Medita un poco lo que haces,

Mira que Dios te está mirando,

Ruega al señor que te perdone

De tan gravísimo pecado

Y nunca más la piedra ingrata

Salga silbando de tu mano.

CATALINA PARRA

Caminando sola

Por ciudad extraña

Qué será de nuestra

Catalina Parra.

Cuánto tiempo ¡un año!

Que no sé palabra

De esta memorable

Catalina Parra.

Bajo impenitente

Lluvia derramada

Dónde irá la pobre

Catalina Parra.

¡Ah, si yo supiera!

Pero no sé nada

Cuál es tu destino

Catalina Pálida.

Sólo sé que mientras

Digo estas palabras

En volver a verte

Cifro la esperanza.

Aunque sólo seas

Vista a la distancia

Niña inolvidable,

Catalina Parra.

Hija mía, ¡cuántas

Veces comparada

Con la rutilante

Luz de la mañana!

Ay, amor perdido,

¡Lámpara sellada!

Que esta rosa nunca

Pierda su fragancia.

PREGUNTAS A LA HORA DEL TÉ

Este señor desvaído parece

Una figura de un museo de cera;

Mira a través de los visillos rotos:

Qué vale más, ¿el oro o la belleza?,

¿Vale más el arroyo que se mueve

O la chépica fija a la ribera?

A lo lejos se oye una campana

Que abre una herida más, o que la cierra:

¿Es más real el agua de la fuente

O la muchacha que se mira en ella?

No se sabe, la gente se lo pasa

Construyendo castillos en la arena:

¿Es superior el vaso transparente

A la mano del hombre que lo crea?

Se respira una atmósfera cansada

De ceniza, de humo, de tristeza:

Lo que se vio una vez ya no se vuelve

A ver igual, dicen las hojas secas.

Hora del té, tostadas, margarina,

Todo envuelto en una especie de niebla.

HAY UN DÍA FELIZ

A recorrer me dediqué esta tarde

Las solitarias calles de mi aldea

Acompañado por el buen crepúsculo

Que es el único amigo que me queda.

Todo está como entonces, el otoño

Y su difusa lámpara de niebla,

Sólo que el tiempo lo ha invadido todo

Con su pálido manto de tristeza.

Nunca pensé, creédmelo, un instante

Volver a ver esta querida tierra,

Pero ahora que he vuelto no comprendo

Cómo pude alejarme de su puerta.

Nada ha cambiado, ni sus casas blancas

Ni sus viejos portones de madera.

Todo está en su lugar; las golondrinas

En la torre más alta de la iglesia;

El caracol en el jardín; y el musgo

En las húmedas manos de las piedras.

No se puede d

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