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EL LUMINOSO REGALO

Manuel Vilas  

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Fragmento

Índice

Portadilla

Índice

Dedicatoria

Citas

Capítulo 1: Ester

Capítulo 2: Majestic Hotel

Capítulo 3: Madrid

Capítulo 4: The Wicker Man

Capítulo 5: Cumbres borrascosas

Capítulo 6: Desgracia

Capítulo 7: Ester says: No diré tu nombre jamás

Capítulo 8: Ellas

Capítulo 9: Cuando oscurece, siempre necesitamos a alguien

Capítulo 10: El viaje con Ester al Pirineo francés

Capítulo 11: Un poco de realidad, solo una vez

Capítulo 12: Víctor Walker

Capítulo 13: Roma

Capítulo 14: En casa de Ester

Capítulo 15: La enfermedad

Capítulo 16: Caen mil lágrimas al mar

Capítulo 17: El corsé

Capítulo 18: Claudia Montes

Capítulo 19: La terraza

Capítulo 20: Isabel

Capítulo 21: Testamento

Capítulo 22: La hija de Dilan

Capítulo 23: Nadie como tú

Capítulo 24: El nieto de Dilan

Capítulo 25: Fantasma

Capítulo 26: El luminoso regalo

Agradecimientos y observaciones

Sobre el autor

Créditos

Para Jesucristo y para Giacomo Casanova

«Reina el Caos.»

LARS VON TRIER

«Te confieso, Señor, que todavía no sé qué es el tiempo.»

SAN AGUSTÍN

«Cuanta más pureza luminosa y bondad expresa el hombre en su vida y acción, tanto más cerca de él están los cuerpos celestes.»

HEGEL

«¡... los mil amores que me han crucificado!»

RIMBAUD

«No te veré morir.»

IDEA VILARIÑO

«La pasión nos adentra en el sufrimiento.»

GEORGES BATAILLE

«Me levantaba todos los días para buscar el placer.»

SADE

«... el lenguaje obsceno y todos los vínculos entre el erotismo y la infamia contribuyen a hacer del mundo de la voluptuosidad un mundo de degradación y de ruina.»

GEORGES BATAILLE

«Mi amante ha muerto, soy libre.»

BAUDELAIRE

«Papá, papá, bastardo, ya acabé.»

SYLVIA PLATH

«Te ha apuntado en su lista, haces el número 37.»

THE VELVET UNDERGROUND

«Es absolutamente falso decir que las mujeres mienten.»

OTTO WEININGER

«Goodbye, Andy.»

LOU REED & JOHN CALE

«Tú eres más feliz que yo y por eso tienes que ser más buena.»

EMILY BRONTË

«Dices que sufres tú mucho más que yo.»

CHRISTINA ROSENVINGE

«No sé si es correcto o aconsejable crear criaturas como Heathcliff: no creo que lo sea.»

CHARLOTTE BRONTË

«El acto de apareamiento y los miembros de los que se sirve son de una fealdad tal, que si no hubiese la belleza de las caras, los adornos de los participantes y el arrebato desenfrenado, la naturaleza perdería la especie humana.»

LEONARDO DA VINCI

Capítulo 1: Ester

Enero de 2014

Había una fuerza allí abajo, había algo allí que no podía ser detenido. ¿Quiénes eran esos seres que tenían lo que ella deseaba? Eran odiosos. Ella los odiaba, pero los necesitaba, los necesitaba tanto que enloquecía. Enloquecía con solo pensarlos desnudos, a su lado, haciéndole todo. ¿Haciéndole todo? Tomando su cuerpo, rompiéndolo. También quería amarlos, pero no sabía cómo hacerlo. Estaban allí desde siempre. Desde que cumplió catorce años, desde que aquel hombre la besó y le tocó los pechos y le penetró la carne con su ofrecido y con su lúcido y feliz consentimiento. Desde ese día la lista comenzó a crecer, la lista se hizo interminable. Como las pruebas del VIH, también interminables. Como sus trastornos obsesivo-compulsivos que su psiquiatra intentaba quitarle con terapia y muy poca medicación, demasiado poca.

Ella quería amar a alguno de ellos, a alguno de esos hombres. Lo quería con devoción, pero de ninguno conseguía enamorarse. Moriría sin saber por qué, por qué no amó nunca a ningún hombre. Moriría sola, odiando a los hombres, odiándolos, además, de manera inconsciente.

Al comienzo de una relación, Ester se desvivía, se ilusionaba, saltaba de felicidad, gritaba de alegría. Su ternura era intensa, llena de dulzura. Cuidaba a su víctima, ni siquiera ella sabía que era su víctima. Si su víctima se acatarraba, Ester le preparaba leche caliente, infusiones, lo arropaba e iba volando a la farmacia; si su víctima tenía un problema laboral, Ester le decía lo que tenía que hacer con una seguridad aplastante y le infundía valor y coraje; si su víctima necesitaba un abrigo nuevo, Ester le regalaba el mejor abrigo del mundo; si su víctima era arquitecto, ella lo convertía en el mejor arquitecto del mundo; si su víctima era médico, ella lo convertía en el mejor médico del mundo; si su víctima era guapo, ella lo convertía en un ídolo. Era de una ejecución perfecta. Tenía un poder de convicción absoluto. Engrandecía el ego de sus amantes con una verosimilitud fascinante e irrebatible. Los

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