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EL MAPA DEL FIN DEL MUNDO

Ignasi Serrahima  

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Fragmento

Nota del autor

Mi abuelo materno, el auténtico Francisco Arbestain, que se sentía vasco en Cataluña, catalán en Euskadi y español en todas partes, hombre honrado, padre de familia y forofo del Espanyol, fue el primero que me habló del viaje alrededor del mundo de Juan Sebastián Elcano (el tal don Francisco de Arbestain de la novela es un personaje de ficción). Afirmaba mi abuelo que éramos parientes del ilustre navegante, cosa harto dudosa, por no decir imposible, pero alimentaba esa teoría con su origen zarauztarra, la cercanía de los caseríos de Arbestain y de Elcano y el hecho de que ya no quedan más Arbestain en el mundo; el apellido, después de incontables generaciones, se extingue con mi madre.

Su pasión por la hazaña de Elcano, cuya estatua en Guetaria me llevaba a ver cuando yo era un mocoso de poco entendimiento, despertó en mí muy pronto una fascinación casi enfermiza por la primera vuelta al mundo; hace años que adquiero todo lo publicado que cae en mis manos sobre la expedición. Como no soy historiador, sino contador de historias, decidí novelar la vida del que ha sido mi único ídolo de la infancia (con permiso de Cruyff). He tratado de ser fiel a los datos históricos que de él se conocen, con alguna pequeña licencia narrativa, y he rellenado los numerosos huecos de su biografía con imaginación para forjar un retrato del navegante, tal y como yo imagino que debió de ser.

La cultura anglosajona, que sigue siendo dominante en el mundo actual, ha tratado con injusticia a Elcano (

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