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EL PRIISTA QUE TODOS LLEVAMOS DENTRO

María Scherer  

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Fragmento

Presentación

Todos llevamos un pequeño priista dentro… Este enunciado genial le pertenece a Carlos Castillo Peraza. Como Carlos ya no está aquí para hablar largo sobre él, su discípulo Germán Martínez nos explicó que fue dicho en los tiempos en que Castillo presidía el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PAN, y su objeto de gobierno era la política total, es decir, aquella que incluía el diálogo con el gobierno (con tanta oposición como fuera necesaria, cuando el intercambio con el gobierno era un escándalo), además de la precisión ideológica y la organización eficaz.

Fue precisamente en la organización donde falló todo. Castillo soñaba con que habría un panista por manzana, bregando. Que tendría de su lado a un ejército de hombres generosos, dispuestos a dar. Pero no. Los que abundan son los otros, los opuestos: los pequeños priistas, esos mercenarios interesados en el dinero y sólo en el dinero. Los que piensan que el Estado es su deudor. El pequeño priista tiene un aumentativo y un plural; el corporativismo es el gran priista.

Hace quince años, un domingo de abril, Felipe Calderón popularizó la expresión cuando le sugirió a los diputados panistas congregados en una reunión partidista que se apoyaran en la ética que “nos hace dominar al pequeño priista que todos llevamos dentro, o al pequeño dinosaurio”.

Macario Schettino, quien aparece más adelante en estas páginas, definió a ese pequeño priista como un “decrépito novohispano agazapado, aferrado a tradiciones pseudoindígenas, a creencias absurdas y a costumbres premodernas, documentadas de forma extraordinaria en La Ley de Herodes, de Luis Estrada”, entrevistado también para este libro.

Podemos debatir si hay que combatir a ese pequeño priista o no, pero de entrada, pensamos que lo indiscutible es que ese pequeño priista existe, y que está en muchos de nosotros. Algunas personas se retorcieron cuando les preguntamos por ese ser que los habita. Otros, con cierto afán autocrítico, lo reconocen, aunque lo combaten.

¿Qué quiso decir Carlos Castillo Peraza con esa frase? ¿Cómo la interpretó Felipe Calderón? ¿Cuáles son sus implicaciones? ¿Tenemos una huella genética que nos impuso la cultura priista? ¿Cómo fuimos capaces de crear al PRI? ¿Quiénes llevan con orgullo a su priista interior? ¿Actuamos como priistas? ¿Pensamos como priistas? ¿Hablamos como priistas? ¿O los priistas hablan, actúan y piensan como el resto de los mexicanos?

Esperamos ofrecerles algunas respuestas por medio de estas entrevistas. Algunos de los personajes que aparecen en este libro —políticos, empresarios, artistas y escritores— nos dejaron ver a su priista desnudo, tal como es. Otros, cual Judas, lo negaron varias veces. Lo trataron de esconder, pero ni modo: se les nota.

Nosotros también tenemos algo que confesar. Y estamos dispuestos a revelar cómo se manifiesta el pequeño —o gran— priista que llevamos dentro.

Soledad Loaeza

Académica de El Colegio de México

El PRI es un actor político sobrevaluado.

La primera entrevistada para este libro fue Soledad Loaeza. Sabíamos que sería una brújula para nuestra investigación. Hablamos con ella en su cubículo de El Colegio de México. Loaeza, doctora en ciencias políticas, reputada escritora e historiadora, es experta en el proceso de democratización de nuestro país.

Obtuvo el doctorado de Estado summa cum laude en ciencias políticas en el Instituto de Estudios Políticos de París —su tesis se tituló Classes moyennes, démocratie et nationalisme au Mexique. L’éducation à la recherche du consensus.

Es miembro de la Academia Mexicana de Ciencias desde 1987 y desde 1990 de la International Political Science Association. A partir de 2005 también ha sido miembro de la American Political Science Association.

Es editorialista de La Jornada y ha escrito varios libros, entre los que destacan México: auge, crisis y ajuste, 1982-1988; El Partido Acción Nacional: la larga marcha, 1939-1994; Oposición leal y partido de protesta; y Acción Nacional: el apetito y las responsabilidades del triunfo.

“El PRI es un actor político sobrevaluado por los académicos gringos”, afirma la académica, rotunda. Este partido no impulsa políticas de gobierno. Es, simplemente, un representante del gobierno federal en los estados, una maquinaria de cooptación, de control de la oposición. Su poder se ha transformado y tiene muy mala prensa.

—¿Cuál es la característica que define al PRI?

—La búsqueda de la unanimidad. A los presidentes mexicanos les aterra la disidencia, por eso el PRI confeccionaba la unanimidad, la cultura na

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