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EL RESURGIR DEL PASADO EN ESPAñA

Paloma Aguilar Fernández   Leigh A. Payne  

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Fragmento

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INTRODUCCIÓN

 

 

 

En la actualidad se suele olvidar que en su día España fue vista como un modelo de transición de la dictadura a la democracia. Lo que más se elogiaba era que esa transición hubiera llegado a buen término de forma pacífica, gracias a la moderación y las cesiones mutuas. España, ciertamente, consiguió asentar su régimen democrático, algo que en su momento muchos observadores consideraban improbable. No obstante, en el contexto mundial actual, que insiste en que las violaciones de derechos humanos no queden impunes, algunas voces han comenzado a pensar en este modelo de cambio como una reliquia, de una época en la que se creía que la paz y la estabilidad democrática dependían de la amnistía y el olvido, no de la justicia y la verdad.

Pocas transiciones recientes han seguido la senda española, basada en la concesión de una amnistía general a los pocos presos políticos que quedaban en la cárcel y a todos los victimarios que podrían haber sido llevados a juicio, sin que ni siquiera se crease una comisión de la verdad (algo, por otra parte, nada habitual en aquellos momentos). En el presente libro analizamos los procesos que condujeron a esa forma de transitar hacia la democracia, teniendo en cuenta los acontecimientos históricos y políticos presentes en la guerra civil española, la dictadura, la transición y la postransición. Se conformó un entorno en el que el olvido deliberado de los acontecimientos más trágicos del pasado (sobre todo, aunque no solo, en el ámbito político) bloqueaba cualquier cuestionamiento de un relato basado en la reconciliación nacional y el reparto simétrico de culpas por las barbaridades cometidas. En consecuencia, aunque unos pocos verdugos dieran el paso de confesar actos violentos del pasado, los medios de comunicación no solían recoger sus confesiones y, cuando lo hacían, sus testimonios carecían de eco suficiente para cuestionar las interpretaciones de esa violencia histórica. Aunque pocos años después de la muerte de Franco se iniciaran las exhumaciones de republicanos ejecutados y los homenajes a su memoria (Aguilar, 2016 y 2017), hasta el año 2000, veinticinco años después del fin de la dictadura, no surgió una nueva generación, «los nietos de la guerra civil», que tuvo una enorme influencia en la promoción de la exhumación de restos de fosas comunes, por primera vez con identificación de ADN. Gracias a esas exhumaciones y a los homenajes locales que las acompañaron, un sector muy movilizado de esos nietos ha cuestionado las interpretaciones del pasado violento español y ha dado visibilidad a las demandas de las víctimas del franquismo. También ha exigido para España medidas de esclarecimiento de la verdad y de justicia adoptadas por otros países.

En nuestra presentación de los procesos que condujeron al silencio social y el olvido político, pero también a la apertura del debate sobre el pasado (sobre todo en el ámbito cultural y a nivel local), tenemos en cuenta las distorsiones y malentendidos del proceso de democratización español. Por ejemplo, el mito de la transición española, en cuanto que tránsito pacífico y ejemplar de la dictadura a la democracia, choca frontalmente con las elevadas cifras de violencia política y represión estatal que encontramos durante ese periodo. Por otra parte, el énfasis en la moderación y las cesiones mutuas desde el inicio de la transición suele dejar de lado las asimetrías de poder existentes en el proceso negociador entre la fortaleza de los franquistas moderados y la debilidad de la oposición democrática. En consecuencia, cuando la izquierda achaca los males actuales de la democracia española a la excesiva moderación de dicho proceso y a su carácter excesivamente consensuado, no tiene en cuenta dos factores: la debilidad que, como negociadora, tuvo la oposición democrática a la hora de conformar la agenda política del momento y la escasa relación existente entre muchos problemas actuales (no todos) y los procesos y decisiones del proceso democratizador.

 

 

CÓMO SE NEGOCIÓ LA TRANSICIÓN

 

El éxito de la transición española se suele atribuir a un «pacto» entre los blandos del régimen y los moderados de la oposición. Los primeros eran principalmente jóvenes líderes políticos que, a pesar de su colaboración activa con la dictadura, reconocían la necesidad de liberalizar el franquismo, aunque sin perder el control del nuevo sistema político y conservando un papel clave en él. A este grupo pertenecían tanto muchos de los que conformaron la Unión de Centro Democrático (UCD), el partido que ganó las primeras elecciones democráticas del 15 de junio de 1977, como el primer presidente de la democracia, Adolfo Suárez. La oposición moderada la constituían las fuerzas políticas que habían cuestionado la legitimidad de la dictadura y que la habían combatido (al menos en las últimas décadas) por medios no violentos. En ese grupo figuraban formaciones mayoritarias del momento como el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), el Partido Comunista de España (PCE), y varios partidos nacionalistas (principalmente vascos y catalanes).[1]

Los debates entre los moderados de uno y otro lado se basaron en lo que en la bibliografía se ha venido denominando indistintamente «pacto de olvido», «pacto de silencio» o «pacto de silencio y olvido». Aquí hemos optado por utilizar, fundamentalmente, la primera expresión, sin dejar de reconocer que el silencio sobre el pasado —que con frecuencia emanaba del miedo y la autocensura— fue una de las consecuencias más importantes de la decisión de pasar la página del pasado violento. De la información que nos proporcionan las encuestas, y del testimonio de muchas personas, se podría deducir que la gran mayoría de los españoles acepta la existencia de ese pacto y su objetivo: proporcionar los cimientos de una democracia estable. No obstante, en repetidas ocasiones se han exagerado y malinterpretado las dimensiones del pacto y lo que este conllevaba.

Por ejemplo, no todos los sectores sociales lo acogieron con el mismo grado de compromiso o de respeto. En el ámbito local, desde los propios inicios de la transición muchos familiares de víctimas del franquismo parecieron desafiar el olvido acordado en el ámbito político al exhumar los restos de sus parientes, enterrados en fosas comunes. Llevaron a cabo ceremonias públicas y erigieron monumentos claramente visibles en los cementerios, al tiempo que reinhumaban los restos de sus deudos (Aguilar, 2017). Como se analizará más adelante,

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