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EL SILENCIO DE LOS GOTEROS

Enfermera Saturada  

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Fragmento

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Satu y la máquina de medicación

(sus pastillas, gracias)

¿Alguna vez os ha tocado vivir un cambio en el hospital? No me refiero a un cambio postural, que esos los hacemos varias veces en el turno, sobre todo si la noche es de las buenas y no hay ingresos ni timbres. Ni siquiera estoy hablando de un cambio de turno, que es algo que aprendemos a hacer ya en nuestro primer contrato… Me refiero a un cambio de los de verdad, a uno sustancial, de esos que revolucionan a todo el personal del centro.

Si alguna vez os toca vivir uno, lo recordaréis perfectamente. Y es que si ya nos cuesta ponernos de acuerdo, y algo tan simple como cambiar en el almacén la ubicación del cajón de las gasas puede suponer un problema, imaginaos cuando se trata de algo mucho más gordo. Creo que por eso este tipo de cambios vienen impuestos desde dirección y no los consultan con nadie, como mucho con la supervisora, y, total, ella siempre les va a decir que sí, porque para eso la han colocado ellos en ese puesto. Consultarlo obligaría a hacer un referéndum hospitalario, por ejemplo, sobre la aplicación informática de cuidados de los pacientes, y eso acabaría en un callejón sin salida peor que el del Brexit. El procés enfermero.

Lo que nadie sabía era que el drama estaba a punto de estallar en el Hospital Dos de Mayo. Nada hacía presagiar que aquella mañana de mediados de septiembre, en la que se reabría la planta de Ginecología después del verano, estaba a punto de acabar en una tragedia. Ya habíamos vivido una mayor cuando, unos meses antes, la supervisora nos comunicó al personal de Gine que la planta se cerraba durante el verano. Recuerdo que aquello fue más o menos así:

—Niñas, antes de

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