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EL SíNDROME WOODY ALLEN

Edu Galán  

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Fragmento

Prólogo

UNOS AÑOS ANTES

Octubre de 2007

Portada de la edición española de la revista estadounidense Esquire: una foto de Woody Allen en blanco y negro con el titular «La tercera vida de Woody Allen». El subtítulo: «O cómo buscar en Europa un mecenas que pague, pero que no toque... los guiones». Añaden: «¿Y por qué no lo adoptamos?».

Julio-agosto de 2007

Allen rueda Vicky Cristina Barcelona en diversos puntos de España: Barcelona, Avilés, Oviedo y hasta en mi pueblo, Tiñana. Protagonizada por Scarlett Johansson, Javier Bardem y Penélope Cruz, el rodaje de la película transcurrió con normalidad en el paseo de Gracia, la Pedrera y la iglesia de Santa María del Mar de Barcelona, en la catedral, el desaparecido restaurante La Corrada del Obispo, la pastelería Camilo de Blas de Oviedo y en el quiosco de la música del parque Ferrera de Avilés.

Un año después, en agosto de 2008, Woody Allen escribiría para The New York Times un diario de rodaje titulado «Extractos del diario español» que recordaba a la mejor tradición de Cuentos sin plumas (1975) o Cómo acabar de una vez por todas con la cultura (1971):[1]

2 de abril

Ofrecí el papel a Scarlett Johansson. Me dijo que antes de aceptar, el guion debería ser aprobado por su agente y después por su madre, a la que quiere mucho. Y luego por los agentes de su madre. En medio de la negociación cambió de agentes, y más tarde cambió de madre. Es talentosa pero puede llegar a ser muy pesada.

10 de agosto

Hoy dirigí a Javier en una escena emotiva. Tuve que leerle sus líneas. Mientras me imita, todo va bien, pero en el momento en que trata de actuar por sí mismo, está perdido. Entonces llora y se pregunta cómo sobrevivirá cuando yo no sea su director. Le expliqué educadamente pero con firmeza que debe hacerlo lo mejor que pueda sin mí y que trate de recordar todos mis consejos. Sé que se alegró porque, cuando dejé su caravana, él y sus amigos se partían de risa.

20 de agosto

Me sacrifiqué e hice el amor con Scarlett y Penélope a la vez para mantenerlas contentas. El ménage me dio una gran idea para el clímax de la película. Rebecca [Hall] no paraba de picar en la puerta, y finalmente la dejé pasar, pero estas camas españolas son demasiado pequeñas para que quepamos los cuatro y cuando se unió a nosotros, yo me caía todo el rato al suelo.

Nada de lo publicado fue noticia.

Diciembre de 2008

El profesor Juan Pastor y yo propusimos a la Facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo un curso de una semana de duración acerca de la relación del cineasta con la psicología. Participaron psicólogos, críticos de cine y filósofos, que, después de la proyección de una de sus películas, daban una charla sobre ella. Las cien plazas, ofertadas meses antes, se agotaron casi instantáneamente y durante las sesiones también se iban sumando oyentes. En consecuencia, las aulas solían estar llenas. Como ocurre en la carrera de Psicología,[2] gran parte de los asistentes eran mujeres. Ninguna de las sesiones comenzó con una protesta, ni terminó con preguntas sobre el enfrentamiento judicial entre Mia Farrow y Woody Allen; o sobre las acusaciones de pederastia de Dylan Farrow, la hija de ambos; o, ni siquiera, sobre la extraña relación de Allen con Soon-Yi, la hija surcoreana adoptada por Mia Farrow y su exmarido, el compositor André Previn. Las encuestas de final de curso, donde los alumnos podían calificarnos de forma anónima, tuvieron valoraciones altísimas. En las pocas que contenían algún comentario, este era para pedir más bibliografía.

Diciembre de 2009

Tras el éxito del primer curso, «Woody Allen. Cine y psicología» se repitió con la colaboración del Ayuntamiento de Oviedo.

23 de agosto de 2010

La familia Allen regresó a Asturias. Woody presentaba esa noche Conocerás al hombre de tus sueños en Avilés —«Es un honor», le soltó una señora al reportero de El Comercio—,[3] así que aprovecharon el día previo para caminar y comer en Oviedo. Firmaron autógrafos a los turistas y se acercaron a la estatua del escultor Vicente Santarúa que el director tiene en la calle Milicias Nacionales:[4] una obra semirrealista, el cineasta mide un centímetro y medio más, como se nos aclara en foroalturas.com.[5] A los pies del mazacote se sufre una placa con la frase de Allen sobre el lugar —«Oviedo es una ciudad deliciosa, exótica, bella, limpia, agradable, tranquila y peatonalizada; es como si no perteneciera a este mundo, como si no existiera... Oviedo es como un cuento de hadas»— que quieren decir que dijo, al recibir el premio Príncipe de Asturias en 2002, los que allí la pusieron.

Allen y Soon-Yi tiraron unas fotos a sus hijas adoptivas, Bechet Dumaine y Manzie Tio, niñísimas entonces, en el cúmulo de bronce.

UNOS AÑOS DESPUÉS

4 de febrero de 2014

«Fuera pederastas de nuestra ciudad.»[6] Pegatina que apareció en la espalda de la estatua de Allen en Oviedo, cuya cabeza fue cubierta con una bolsa de basura.

25 de noviembre de 2017

«Tu esposa te acusó de haber abusado de tu hija. Nadie la creyó. Mentirosa, interesada, vengativa, le gritaron. Nadie las creyó y nadie las ayudó.»[7] Cartel colgado al cuello de la misma estatua durante una protesta de la Plataforma Feminista de Asturias.

DESCRIPCIÓN, POSOLOGÍA Y FINALIDAD DE EL SÍNDROME WOODY ALLEN,

O «DE QUÉ VA TODO ESTO, CÓMO TOMÁRSELO Y POR QUÉ CREO QUE NO SIRVE PARA NADA»

Este libro trata de explicar lo que ocurrió entre «Unos años antes» y «Unos años después». A pesar de que me referiré a otras fechas significativas, en ese cambio de pliego de 2007 a 2014 está casi todo lo que voy a contar y que se resume en el subtítulo del libro: «Por qué Woody Allen ha pasado de ser inocente a culpable en diez años».

Más avisos. Aquí no encontraréis ningún sermón, ni ningún tipo de autoayuda que sirva para convertir a nadie en mejor persona: desprecio a los predicadores y a los coaches, y no me gustaría convertirme en uno. Solo quiero diagnosticar deslavazadamente con argumentos de diversas disciplinas y de diversos expertos, sin dar con la salida porque, quizá, no la haya.

Objetivo: este libro quiere ser una reivindicación de la duda y el pensamiento crítico en un mundo donde se valora la emocionalidad, la certeza absoluta —a ser posible, dicha con gran convicción—, la polarización maniquea y eso de «todas las opiniones son respetables» o, en su versión más ligera, «todas las opiniones valen lo mismo».

Este no es un libro académico. Se me parece más a un texto-collage para conseguir que se entiendan los síntomas que inciden en el problema que se plantea en el subtítulo. Al tratarse de síntomas dentro de un constructo montado por mí, el «síndrome Woody Allen», elimino de un plumazo cualquier rigor universitario y, cómo no, repito, cualquier c

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