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EMPARéJAME

Nina Minina  

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Fragmento

1.ª edición: julio, 2017

© 2017 by Nina Minina

© Ediciones B, S. A., 2017

Consell de Cent, 425-427 - 08009 Barcelona (España)

ISBN DIGITAL: 978-84-9069-044-4

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Maquetación ebook: emicaurina@gmail.com

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A las Minis Minis, un futuro

en proyección astronómica

 

 

 

 

 

No reírse de nada es de tontos, reírse de todo es de estúpidos.

GROUCHO MARX

Contenido

Portadilla

Créditos

Dedicatoria

Cita

 

Prólogo

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Epílogo

Prólogo

Tener una app de contactos puede llegar a ser muy divertido. ¿A quién no le gusta de vez en cuando jugar a ser una celestina del siglo XXI? Es casi como ser Afrodita, pero pasando de túnica ceñida y pelazo hasta la cintura, ni apariciones luminosas ni relámpagos partiendo el firmamento en dos. No, nada de esas cosas fantasiosas. En mi caso, bastaba con solo un clic y los entresijos de la tecnología moderna hacía todo el trabajo sucio. El motor de búsqueda semántico te encontraba en un plis plas un single afín a tus preferencias y que encajase contigo como una pieza de puzle. Y ojito, no olvidemos que existen puzles de hasta treinta y tres mil seiscientas piezas, por no hablar de la cantidad de horas de reloj que cuesta hacer un maldito puzle de treinta y tres mil seiscientas piezas. Sin embargo, tal era el nivel de acierto de mi «maquinita del amor», que EmparéjaME se había convertido en poco más de cinco años en la aplicación para ligar preferida en el territorio nacional por decenas de miles de solteros desesperados. Ninguna otra plataforma ofrecía lo que la mía: por el módico precio de nueve con noventa y cinco, te presentaba una docena de candidatos y, si en tres citas a ciegas no conseguía emparejarte, hasta te devolvía el dinero. Ya ves, una ganga. ¿Qué son nueve con noventa y cinco en comparación con hallar el amor de tu vida? Una miseria, ¿verdad?

Ah, por cierto, me llamo Mercedes Esteban, soy la fundadora de la aplicación de móvil EmparéjaMe y, por si te lo estabas preguntando: no, no tengo nada que ver con Belén Esteban, qué más quisiera ella.

1

—Merche, una tal Silvia quiere verte. —Bárbara irrumpió en mi despacho sin llamar a la puerta, ¿para qué?

—No tengo programada ninguna cita hoy. ¿Quién es? ¿Qué quiere? —pregunté escondiendo mi nuevo ovillo de hilo degradado en el cajón de mi escritorio.

—Ni idea, solo ha dicho que se llama Silvia y quería verte.

—¿Silvia? ¿Silvia, qué más? No recuerdo a ninguna Silvia. ¿De qué empresa viene?

—Merche, ya te he dicho que solo me ha dicho que se llama Silvia y que era urgente verte.

—Vale, bien, dile a Silvia que pase —bufé sin ganas de saber qué le perturbaba a aquella chica sin apellido ni empresa conocida.

Bárbara cerró la puerta y a los pocos segundos volvió a abrirla para anunciar la entrada de la tal Silvia.

—Adelante, Silvia. Siéntate. ¿Te apetece un café, un té...? —La chica se sentó tímidamente y declinó mi invitación con una negación de cabeza—. Cuéntame qué es eso tan urgente que te trae aquí.

—Verá, señora Esteban, sé que esta es su empresa de informática y que mi visita está lejos del interés por cualquiera de sus servicios —dijo ojeando su alrededor con curiosidad.

—Pues tú dirás entonces. —Me acomodé en mi silla.

—Tiene un despacho precioso, no parece una empresa de ordenadores.

—Porque no solo es eso y, además, me gusta estar rodeada de cosas bonitas. —Silvia estaba empezando a impacientarme con tanto misterio—. ¿Te importaría ir al grano? Estoy muy ocupada.

—Estoy desesperada, en su app no existe ni un solo hombre al que le guste cocinar, planchar, ir de compras y que sea adicto a la limpieza de sanitarios.

Mis ojos se abrieron más de lo habitual ante aquella mujer de pelo encrespado y ropa de lolita, y que debía de tener más o menos mi edad, aunque la vida no la había tratado tan bien como a mí; más que patas de gallo, las suyas eran de avestruz.

—Silvia, querida, no suelo atender a clientes de la aplicación de contactos nunca, jamás. Con ese fin hay un cuestionario en la página al que atendemos desde el departamento de servicio al cliente. No obstante, haré una excepción contigo, ya que has tenido el detalle de venir a verme —empecé con unas ganas tremendas de reírme en su cara—, y te diré algo para que lo grabes en tu mente los próximos cuarenta años: lo que buscas, no existe. En toda la base de datos de EmparéjaME, Paboo, Adoptauntrio o cualquier otra aplicación, web o sucedáneo, no encontrarás ningún hombre al que le guste cocinar, planchar, ir de compras y limpiar baños a fondo. Deberías ser más realista —le advertí a mi clienta, mientras hacía un esfuerzo titánico por no poner los ojos en blanco.

—Pero, señora Esteban, yo no quiero ser realista. Lo he sido tantas veces, que ahora soy exigente.

Mientras la escuchaba accedí a la base de datos de la aplicación e hice clic sobre el primer maromo que apareció, tras escribir el hashtag «cocinar», con una foto

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