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EMPEZAR DE CERO (BILOGíA DOS GOTAS DE AGUA 1)

Graci Suárez  

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Fragmento

Capítulo 1

Alma corría por las calles de aquella pequeña ciudad a donde recientemente se había mudado con el único objetivo de estudiar, y no podía creer que fuese a llegar tarde a su primera clase; todos se la quedarían viendo y notarían que estaba hecha un desastre, pero al fin y al cabo qué le importaba a ella lo que los demás pensaran. No solo se había ido de su pueblo natal en la montañas de Andalucía para estudiar y reencontrarse con su hermana gemela Ariel, sino también para huir de su amor de juventud con quien hasta no hacía mucho tiempo tenía planes de matrimonio; claro, hasta descubrirlo en la cama con quien se decía su mejor amiga, Marisa.

Lo había dejado todo atrás y estaba dispuesta a empezar de cero y seguir sus sueños, a los que una vez había pensado renunciar, pero, gracias a la traición de Joaquín y Marisa, su vida se había vuelto una locura, más de lo que ya era capaz de soportar; tanto que al final no pudo más cuando se enteró de que esos dos llevaban engañándola meses, y decidió irse y retomar sus sueños. Al final, todavía era una mujer muy joven, con apenas veintidós años tenía toda una vida por delante; todavía podía recuperar tiempo con Ariel, su amada hermana con la que una vez había sido muy unida, pero de la que ya hacía tiempo no sabía nada. Ariel no se mostraba muy contenta ante su inminente matrimonio con Joaquín Martínez.

El pitazo de un coche la sacó de golpe de sus pensamientos, había estado a punto de que la atropellaran y ni se había dado cuenta.

—Muñeca, fíjate por dónde vas.

Cuando Alma siguió la dirección de la voz, se topó con un chico demasiado guapo como para ser verdad; debía ser un delito ser tan lindo, tanto que la dejó sin habla. Era un chico que parecía modelo, a decir verdad, con su metro ochenta, piel aceitunada y unos ojazos de un azul tan intenso que parecía lavanda. Tenía que ser pecado ser tan guapo.

—Oye, muñeca, ¿te encuentras bien? —volvió a repetir el desconocido con la mirada clavada en ella.

—No me llames «Muñeca», imbécil, casi me matas.

—¿Qué te pasa, muñeca, estás loca?

Alma decidió ignorarlo y siguió caminando. A lo lejos escuchó la voz del desconocido, que se despedía de ella y le decía que esperaba volver a encontrársela, pero ella lo último que quería era volver a verlo; claro, era un bombón, pero de igual manera un engreído, así que cuando llego a su clase, tarde como ya había previsto, no se esperaba verlo ahí; casi se le sale el corazón.

—Muñec

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