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ESTAMOS VIVOS (COLECCIóN ENDEBATE)

David Remnick  

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Fragmento

Hace casi medio siglo, cuando Elvis Presley estaba rodando A lo loco (Harum Scarum) y Help! estaba en las listas, un melancólico paleto obsesionado por su padre pero increíblemente carismático llamado Bruce Springsteen se estaba ganando una pequeña reputación en la zona central de Nueva Jersey como guitarrista de una banda llamada The Castiles. El nombre de la banda era el de la marca de jabón favorita de su cantante. Sus miembros eran de Freehold, una población industrial a media hora en coche del mar y las ferias de la costa. Los Castiles actuaban en bailes para quinceañeros y fiestas del club de los Elks, en autocines e inauguraciones de tiendas ShopRite, en un aparcamiento de caravanas de Farmingdale y en la pista de patinaje de Matawan-Keyport. Una vez tocaron para los pacientes de un hospital psiquiátrico de Marlboro. Un caballero con traje salió al escenario y, en un discurso de presentación que duró unos veinte minutos, afirmó que los Castiles eran «más grandes que los Beatles». Por fin, un médico intervino y lo llevó de vuelta a su habitación.

Una tarde de primavera de 1966, los Castiles, soñando con un triunfo rápido, entraron en un estudio de la galería comercial Brick y grabaron dos canciones originales, «Baby I» y «That's What You Get». Pero sobre todo tocaban versiones, desde «In the Mood» de Glenn Miller hasta «I Understand» de los G-Clefs. Interpretaban piezas de Sonny and Cher, Sam and Dave, Don & Juan, los Who, los Kinks, los Stones, los Animals…

Muchos músicos en su canosa madurez tienen recuerdos inciertos de sus primeros días en el escenario. (No son pocos los que tienen recuerdos inciertos de la semana anterior.) Pero Springsteen, que tie

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