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FARAONES

Canal Historia  

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Fragmento

 

Prólogo

El Antiguo Egipto es uno de los períodos de la historia que ha inspirado a la mayor parte de las mentes creativas. Esta civilización, que aparece al final de lo que hoy conocemos como Pre-historia, por la agrupación de los asentamientos ubicados en las riberas del Nilo, se convirtió rápidamente en una de las mayores y más poderosas sociedades, con una organización política, económica, religiosa, administrativa, artística y social como nunca antes había conocido la humanidad.

La cultura que emergió en el valle del Nilo, gracias a su caudal, produjo una sociedad fluvial como consecuencia de la fertilidad agrícola y la prosperidad económica, y desarrolló una forma de explicar la existencia humana basada en los patrones de repetición que veían en la propia naturaleza. Así, la realeza y la religión iban de la mano a orillas del río más largo del mundo generando una figura única de este momento histórico: el faraón.

Esta fascinante civilización se desarrolló a lo largo de más de tres mil años. Debemos poner en perspectiva el tiempo y recordar brevemente que la Piedra Rosetta del año 196 a.C. fue descubierta en 1799. Por tanto, en el momento de la publicación de este libro, son poco más de doscientos años de investigación científica y arqueológica los que nos permiten compartir lo que hasta ahora hemos comprendido de esta cultura.

A lo largo del período establecido entre el año 3000 y el 30 a.C., la capital del Imperio cambia en varias oportunidades, dinastías aparecen y desaparecen. El poder, el desarrollo y el esplendor entran en un momento de decadencia. Se produce después un nuevo resurgir de la civilización egipcia, más innovadora, más próspera, siempre con un nuevo modelo de liderazgo ejecutado por el faraón. La cronología de Egipto es complicada y las opiniones de historiadores y científicos no siempre coinciden, por ello le pido al lector que comprenda la licencia que nos hemos tomado de ubicar temporalmente a los distintos gobernantes según la versión más comúnmente aceptada.

Las pirámides, las escrituras jeroglíficas, las tumbas y las momificaciones, los ritos y la innovación en ingeniería, astronomía, química y medicina son imágenes presentes en la memoria colectiva sobre esta cultura. Pocos, sin embargo, conocemos la influencia que cada uno de los faraones tuvo para la evolución de cada uno de esos hallazgos.

El objetivo al publicar este libro, Faraones, es acercar al público a ese mágico mundo del Antiguo Egipto, desde la perspectiva de quienes lo gobernaron, social y religiosamente, con una visión rigurosa y entretenida que confío introduzca al lector en esa atmósfera fascinante del Imperio de los faraones.

Faraones es la novena publicación de canal HISTORIA bajo el sello Plaza & Janés. Una vez más, agradezco a Alberto Marcos su confianza en nuestra marca, que nos ha permitido publicar libros de momentos históricos diferentes y todos ellos fascinantes. Aprovecho para agradecer también la colaboración de Antonio Lerma y Raquel Martín Polín, quienes han conseguido con éxito llevar el entretenimiento audiovisual al papel. Mi permanente agradecimiento a Esther Vivas, quien ha sido clave en el desarrollo de esta inversión de la televisión a lo impreso, y a Alberto Carpintero por el cuidado al detalle y esa convicción que le permite desarrollar proyectos tan variados.

A usted, lector que tiene ahora este volumen en sus manos, muchas gracias por vernos y leernos. Espero que disfrute esta lectura tanto como lo he hecho yo.

Dra. CAROLINA GODAYOL DISARIO

Directora General

The History Channel Iberia

PRIMERA PARTE

EL REINO DE LAS DOS CORONAS

¡Salud a ti, oh Hapi, que has salido de la tierra,

que has venido para dar vida a Egipto!

oculto en la naturaleza, oscuro de día, alabado por sus seguidores,

es él quien riega los campos,

es él quien ha sido creado por Ra para dar vida a todo el ganado;

es él quien apaga la sed del desierto lejos del agua:

es el rocío que desciende del cielo […]

Es él quien da sobreabundancia de todos los bienes:

quien estaba triste, se vuelve alegre y todos están contentos […]

Próspera es tu venida,

próspera es tu venida,

oh Hapi,

próspera es tu venida.

Tú vienes para dar vida a los hombres y al ganado con tus productos de los campos.

Próspera es tu venida,

próspera es tu venida,

¡Oh Nilo!

Gran himno a Hapi

(Imperio Medio)

[…] decían que el primer hombre que reinó en Egipto fue Menes; en su tiempo todo Egipto, excepto el nomo de Tebas, era un pantano y no emergía de las aguas ninguna parte del país que ahora se halla más abajo del lago Moeris, al cual se llega desde el mar navegando siete días río arriba. Y lo que decían de su país me pareció exacto. Pues es evidente, para un hombre juicioso con solo verlo y sin haber sido informado previamente, que el Egipto al que los griegos llegan por mar es para los egipcios tierra adquirida y un don del río…

HERÓDOTO,

Historia, libro II, 4-5

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El país del Nilo

 

 

Pocos períodos de la historia despiertan tanta fascinación como el Antiguo Egipto. El público demuestra su admiración por esta civilización llenando las salas que cientos de museos de todo el mundo dedican a la egiptología. Allá donde se conserve una momia, una estela decorada con jeroglíficos o alguna escultura de esa época se congregan cientos de personas de todas las edades para contemplar el patrimonio que nos legó una cultura de la que nos sentimos tan cerca y, al mismo tiempo, tan lejos. Dicha sensación se intensifica sensiblemente en los millones de turistas que, a pesar de los vaivenes políticos, siguen viajando a Egipto año tras año. Acuden atraídos por un poderoso imán: pirámides colosales en medio del desierto, templos de una hermosura escalofriante junto a uno de los ríos más grandes del mundo, tumbas bellamente decoradas que escondían tesoros fabulosos… todo ello de hace miles de años.

Si algo llama la atención de estos afanados viajeros, además de la antigüedad de todo lo que contemplan, es que los monumentos y las obras de arte que tanto admiran fueron realizados en un lapso de tiempo muy largo, más de tres mil años. El hecho de que una civilización pudiese mostrar tal unidad y coherencia no puede dejar de asombrarnos. Es como si hoy siguiésemos viviendo en el mundo que pisaron Aníbal, Julio César, Jesucristo… o los propios egipcios. Dos son los rasgos que se pueden encontrar en las manifestaciones artísticas del Antiguo Egipto: la escritura jeroglífica y la figura omnipresente del faraón. Desde la fundación de Egipto hasta su incorporación al Imperio romano (e incluso después), las figuras de reyes y reinas se representaron a lo largo del valle del Nilo junto a las de los dioses para dejar patente su poder y su superioridad sobre los súbditos. Pero los descubrimientos que los egiptólogos llevan acumulando desde hace décadas nos han ayudado a comprender que el faraón era mucho más que un dirigente político para los hombres y mujeres cuyos destinos regía. Hombres y mujeres que construyeron día a día, durante milenios, una obra que sigue apasionándonos.

 

 

Con más de 6.700 kilómetros, el Nilo es el río más largo del mundo y una de las primeras cunas de la civilización. Sus dos afluentes principales, el Nilo Blanco y el Nilo Azul, se abren paso desde el corazón de África para unirse en Jartum y formar desde allí la arteria fluvial más importante de todo el Mediterráneo, una de las áreas culturales más destacadas de la Antigüedad. Esta ingente masa de agua dulce atraviesa a lo largo de miles de kilómetros el Sáhara oriental hasta que, 160 kilómetros antes de llegar al mar, se abre en decenas de brazos a modo de abanico que conforman su delta. A la vera de esta grandiosa arteria geográfica se desarrolló una civilización que asombró ya a griegos y romanos por sus logros científicos y culturales. Desde entonces, cada generación se ha preguntado por esta misteriosa corriente cuyo avance se ve salpicado por los majestuosos vestigios de un pue

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