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GREGORIO MARAñóN

Antonio López Vega  

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Fragmento

Agradecimientos

Hace ya casi una década que, de la mano de mi maestro y amigo Juan Pablo Fusi, comencé a estudiar la figura y la obra de Gregorio Marañón. Después de una tesis doctoral, varias monografías publicadas (Marañón, académico. Los paisajes del saber; Epistolario inédito. Marañón Ortega Unamuno; Biobibliografía de Gregorio Marañón), artículos especializados, capítulos en trabajos colectivos y el comisariado —junto al propio profesor Fusi—, de la Exposición Gregorio Marañón (1887-1960). Médico, humanista y liberal que ha organizado la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales y la Fundación Ortega-Marañón con ocasión del cincuentenario del fallecimiento del doctor Marañón en 2010, parece que es un buen momento para que publique esta biografía en la que trato de reflejar las diferentes facetas que iluminaron la poliédrica figura de este médico —tal y como la calificó nuestro Premio Nobel Camilo José Cela—, que caracterizó una época de la historia de España,

Este trabajo es deudor de muchas contribuciones de estudiosos marañonianos y de personas del mundo universitario y académico que, en diferentes aspectos, me han ayudado a mejorar y perfilar diferentes aspectos de esta obra. Es de justicia que mencione, en primer lugar, a Juan Pablo Fusi quien, desde que comencé a trabajar a su lado, no ha dejado de enseñarme con su propio ejemplo lo mejor de la profesión; precisión y rigor conceptual, reflexión y síntesis sobre un adecuado soporte documental y metodológico y, en fin, honestidad intelectual como herramienta imprescindible en el historiador al abordar la interpretación de los hechos y personas que estudia. No sé si finalmente habré logrado una aproximación que merezca tales calificativos, el lector lo juzgará. En todo caso no me ha faltado el magisterio de Juan Pablo Fusi para tratar de lograrlo —el magnífico prólogo que generosamente ha puesto a esta biografía es buena muestra de ello—. Junto a él, he trabajado a lo largo de todos estos años en el Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid, donde mis compañeros y amigos siempre me han brindado buenos consejos, colaboración y atinadas sugerencias para mejorar mi modo de hacer y comprender la historia. Esencial ha sido también la Fundación Gregorio Marañón —hoy Fundación Ortega-Marañón—, que dirigí durante cuatro años, y donde encontré el apoyo y afecto de sus patronos y de la familia Marañón en toda su extensión (hermanos Fernández de Araoz Marañón, Marañón y Bertrán de Lis y Burns Marañón), muy especialmente de Gregorio Marañón y Bertrán de Lis, cuya entrañable e incondicional amistad ha sido decisiva en los momentos más difíciles de mi andadura por el universo Marañón.

También quiero expresar mi gratitud a los profesores Octavio Ruiz-Manjón, José Varela Ortega, Santos Juliá, José Manuel Sánchez Ron y Antonio Niño, que integraron el tribunal de mi tesis doctoral defendida en 2007 y cuyas atinadas observaciones y sugerencias aportaron nuevas luces a mi trabajo y enriquecieron de manera sustancial mis conocimientos sobre Marañón y su tiempo. La amistad y consejo que he recibido de Manuel Martínez Neira y de Antonio Morales Moya ha sido fundamental para mi vida universitaria y siempre les estaré profundamente agradecido por ello. También me han ayudado en diferentes aspectos relacionados con esta biografía los profesores Lorenzo Delgado Gómez-Escalonilla, Juan Francisco Fuentes, José Lasaga Medina, Margarita Márquez Padorno, José Antonio Montero Jiménez, Jesús Sánchez Lambás, Pili Solís Martínez-Campos, el tándem formado por José Juan Toharia y Susana Arbás, Javier Zamora y los documentalistas José Miguel González Soriano y Carmen Ibáñez Ulargui. A todos ellos mi afecto y gratitud. De Inés Vergara, Elena Martínez Bavière y Laura Vidal he recibido toda la comprensión, paciencia, dedicación y profesionalidad que se puede apreciar en esta magnífica edición. A ellas y a cuantas personas han trabajado en esta biografía en la editorial Taurus, todo mi agradecimiento.

Mis familiares y amigos, como siempre, han apoyado y seguido mi trabajo animándome en los momentos en que no terminaban de salir las cosas. La ayuda y aliento de mis padres y hermanas, así como de Ignacio De Ribera Sánchez y de Lucía Martín Gutiérrez de Cabiedes han sido fundamentales a lo largo de todos estos años. Junto a ellos, esta biografía no habría sido posible sin mis hijos, Antonio, Asís e Ignacio, que han llenado de alegría nuestro hogar, y, sobre todo, sin el estímulo, confianza y comprensión de Lucía, mi mujer, a quien dedico de todo corazón este trabajo.

Nota del autor

Los orígenes de las cartas dirigidas a Marañón a las que se hace referencia en este libro se pueden consultar en el archivo de la Fundación Ortega y Gasset-Gregorio Marañón. También hay copia de las cartas enviadas por el médico procedentes de los archivos de otras instituciones con las cuales la Fundación Ortega-Marañón intercambió copia de la correspondencia facilitando, de este modo, la tarea del investigador. Al final de esta obra se relacionan los archivos que custodian los originales de dichas cartas. Cuando la documentación a la que se hace referencia proceda de otros fondos se cita convenientemente.

ABREVIATURAS:

OC Obras Completas (de Marañón), 10 vols., Espasa Calpe, Madrid, 1966 y ss.

AGA Archivo General de la Administración

AHUCM Archivo Histórico Universidad Complutense de Madrid

CIB Centro de Investigaciones Biológicas

FOM Fundación Ortega-Marañón

RANM Real Academia Nacional de Medicina

RAE Real Academia Española

RAH Real Academia de la Historia

RACEFN Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales

RABA Real Academia de Bellas Artes de San Fernando

Prólogo

MARAÑÓN EN LA HISTORIA

Una inmensa multitud, concentrada a lo largo de los paseos de la Castellana, Recoletos y Prado, en el centro de Madrid, asistió en silencio, el 28 de marzo de 1960, al entierro de Marañón, fallecido en su domicilio el día anterior, como consecuencia de una trombosis. Fue, posiblemente, el entierro más multitudinario de los celebrados en la capital española en todo el siglo XX.

El hecho —un médico valorado de forma superlativa, a la hora de su muerte, por la sociedad para la que había trabajado— tuvo, sin duda, mucho de inusitado. Pero era, por eso mismo, extraordinariamente significativo, por lo menos en un doble sentido. Por una parte, era la manifestación más evidente de la altísima estimación en que la sociedad española tuvo desde muy tempranamente al médico madrileño (Marañón había nacido, en efecto, en Madrid, el 19 de mayo de 1887), desde que irrumpió en la vida social española en la década de 1910. Por otro lado, aquel homenaje final en el día de su entierro sancionaba con exactitud lo que M

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