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HABLAR CON EXTRAñOS

Malcolm Gladwell  

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Fragmento

NOTA DEL AUTOR

 

 

 

 

Hace muchos años, cuando vinieron mis padres a visitarme a Nueva York, decidí alojarlos en el Mercer. Fue una pequeña travesura por mi parte. Se trata de un hotel elegante y exclusivo, el tipo de sitio donde se alojan los famosos y famosetes. Mi padre y mi madre eran ajenos a esta realidad. Él, en particular, no veía la televisión, ni iba al cine ni escuchaba música popular. Posiblemente pensaba que la revista People era una publicación antropológica. Sus áreas de especialización eran muy específicas: las matemáticas, la jardinería y la Biblia.

Fui a recogerlos para ir a cenar y le pregunté a él cómo había ido el día. «¡Maravilloso!», me dijo. Al parecer, se había pasado la tarde conversando con un hombre en el vestíbulo. Este era un comportamiento de lo más habitual en mi padre. Le gustaba hablar con desconocidos.

—¿De qué hablasteis? —le pregunté.

—¡De jardinería! —dijo mi padre.

—¿Cómo se llamaba?

—Ah, no tengo ni idea. Pero todo el tiempo venía gente a sacarle fotos y a hacerle firmar papelitos.

Si hay un famoso de Hollywood que recuerde haber estado charlando con un inglés barbudo hace mucho tiempo en el vestíbulo del hotel Mercer, le ruego que se ponga en contacto conmigo.

Todos los demás asimilemos la lección. A veces, las mejores conversaciones entre desconocidos son las que permiten al desconocido seguir siendo un desconocido.

INTRODUCCIÓN

«¡BÁJESE DEL COCHE!»

 

 

 

 

I

 

En julio de 2015, una joven afroamericana llamada Sandra Bland conducía desde su ciudad, Chicago, a una pequeña localidad una hora al oeste de Houston.[1] La iban a entrevistar para un trabajo en la Universidad Prairie View A&M, donde se había graduado unos años antes. Era alta y llamativa, con una personalidad a la altura. Había pertenecido a la hermandad Sigma Gamma Rho y tocaba en la banda de la universidad. También había sido asistente voluntaria de un grupo de ancianos. Colgaba con regularidad vídeos cortos e inspiracionales en YouTube, bajo el alias «Sandy Speaks», que solían comenzar con un: «Buenos días, mis preciosos reyes y reinas».

 

Me levanto hoy y no puedo sino alabar a Dios, dándole las gracias. Dándole las gracias no solo porque es mi cumpleaños, sino por mis avances, dándole las gracias por las diferentes cosas que Él ha hecho en mi vida este último año. Haciendo recuento, sin más, de los veintiocho años que llevo en esta tierra, y todo lo que me ha enseñado. Aunque he cometido algunos errores, y claramente la he liado, Él todavía me ama, y quiero que vosotros, mis reyes y reinas, sepáis que también os ama a vosotros.[2]

 

Bland consiguió el trabajo en Prairie View. Estaba exultante. Su plan era hacer un máster de Ciencias políticas a la vez. La tarde del 10 de julio, salió de la universidad para hacer la compra y, al girar a la derecha para incorporarse a la autovía que circunvala el campus de Prairie View, un policía le dio el alto. Su nombre era Brian Encinia; blanco, de pelo corto y moreno y de treinta años. Fue cortés… al menos al principio. Le dijo que no había señalizado su cambio de carril y le hizo algunas preguntas. Ella las contestó. Entonces Bland encendió un cigarrillo, y Encinia le pidió que lo apagara.

La cámara del salpicadero del coche del agente grabó toda la interacción posterior, que ha sido vista millones de veces en los distintos vídeos de los usuarios de YouTube.[3]

 

BLAND: Estoy en mi coche, ¿por qué voy a apagar el cigarrillo?

ENCINIA: Vale, baje del coche.

BLAND: No tengo por qué bajarme del coche.

ENCINIA: Bájese del coche.

BLAND: ¿Por qué me…?

ENCINIA: ¡Bájese del coche!

BLAND: No, no tiene usted derecho. ¡No, no tiene usted derecho!

ENCINIA: Bájese del coche.

BLAND: No tiene usted derecho. No tiene usted derecho a hacer esto.

ENCINIA: Tengo derecho; o se baja o la saco yo.

BLAND: Me niego a hablar con usted salvo para identificarme. [Interferencia.] ¿Me quiere hacer bajar del coche por no poner el intermitente?

ENCINIA: O se baja o la saco yo. Le estoy dando una orden legal. Bájese del coche ahora o voy a tener que sacarla yo mismo.

BLAND: Y yo voy a llamar a mi abogado.[4]

 

Bland y Encinia continúan así durante un tiempo incómodamente prolongado. Las emociones van intensificándose.

 

ENCINIA: Voy a sacarla de ahí. [Se inclina y mete los brazos en el coche.]

BLAND: Vale, ¿me va a sacar de mi coche? Fantástico.

ENCINIA: [Pide refuerzos.] 2547.

BLAND: Así que esto va en serio.

ENCINIA: Claro que va en serio. [Agarra a Bland.]

BLAND: ¡No me toque!

ENCINIA: ¡Salga del coche!

BLAND: No me toque. ¡No me toque! No estoy detenida… No tiene derecho a sacarme del coche.

ENCINIA: ¡Está detenida!

BLAND: ¿Estoy detenida? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

ENCINIA: [A la centralita.] 2547 County FM 1098. [Inaudible.] Mándenme otra unidad. [A Bland.] ¡Bájese del coche! ¡Bájese del coche ahora!

BLAND: ¿Por qué me detiene? Se trata solo de una multa por…

ENCINIA: ¡He dicho que salga del coche!

BLAND: Pero ¿por qué me detiene? Acaba de abrir mi…

ENCINIA: Le estoy dando una orden legal. Voy a sacarla de ahí como sea.

BLAND: ¿Me está amenaza

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