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HABLEMOS DE LANGOSTAS

David Foster Wallace  

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Fragmento

manipulando los brazos y piernas del muñeco para simular que se está «fumando un peta».

Igual que pasa con las bandas urbanas, la policía, los trabajadores de ferias ambulantes y otros gremios marginalizados por nuestra cultura, la industria americana del porno vive apartada y aislada del mundo de una forma que recuerda a los institutos de secundaria. Hay camarillas, anticamarillas, alianzas, traiciones, rumores incendiarios, enemistades legendarias y derramamientos públicos de sangre, además de apasionadas jerarquías de popularidad e influencia. O eres parte del grupo o no lo eres. Los actores y actrices, al constituir el núcleo físil de la industria, forman obviamente parte del grupo. Pese a su poder financiero, los ejecutivos de los estudios y los productores no acaban de formar parte del grupo, y los directores (sobre todo aquellos que nunca han pasado por la iniciación de tener relaciones sexuales delante de la cámara) forman menos parte que los actores y actrices. Los reseñistas de películas y periodistas especializados todavía forman menos parte que los ejecutivos, y los periodistas no especializados están muy, pero muy lejos del grupo, y son de una casta casi tan baja como la enorme masa de fans del porno (el término con que los iniciados designan a dichos fans es: mostrencos).18

18. «Mostrenco» viene a significar más o menos lo mismo que significaba «zopenco» entre los trabajadores de las ferias ambulantes. Como todas las comunidades psicológicamente amuralladas, la industria del cine para adultos está atiborrada de códigos y jerga. «Leña» es una erección lista para las cámaras; «leñador» es un actor masculino de potencia fiable; y «esperar leña» es una forma discreta de explicar lo que hacen todos los demás miembros del equipo de rodaje y del reparto mientras un actor masculino está experimentando «problemas de leña», una expresión que no requiere explicación. Una «NYDP Bluetanto anales como vaginales. «Tiro/tirar al plato» es un término que se usa tanto para el acto del orgasmo masculino («tirar») como para el material emitido en el mismo (el «tiro»). (Nota: sin embargo, tanto H. Hecuba como D. Filth aseguran que uno

Todo esto está destinado a explicar las circunstancias exactas en que estos enviados especiales acabaron en la suite personal en el Sahara del titán del porno Max Hardcore y tuvieron ocasión de pasar un rato en la sala de estar de la suite con Max, parte de su equipo de rodaje, las estrellas del porno Alex Dane y Caressa Savage y dos chicas-B; en realidad fue a Harold Hecuba y Dick Filth a quienes invitaron a pasar un rato en la suite aquel viernes por la tarde, pero estos enviados especiales se les agarraron a la espalda casi como bebés indios, y el fornido ayudante de producción de MAXWORLD no cerró la puerta lo bastante deprisa.

Así que estos enviados especiales, durante un par de horas, y por lo menos logísticamente hablando, formaron parte del grupo.

Para un hombre normal sin relación con este mundo, estar en una suite de hotel con actrices porno es una situación tensa y emocionalmente compleja. Está en primer lugar el asunto de haber visto previamente en vídeo las diversas partes anatómicas y actividades íntimas de esas actrices, lo cual hace (extrañamende sus grandes desafíos como reseñistas es que se les sigan ocurriendo sinónimos joviales y evocativos del semen.) El «dinero» –abreviatura de «plano del dinero»– es un orgasmo masculino filmado con éxito, lo cual por supuesto tiene lugar en un cien por cien de las veces fuera de la participante femenina; p. ej., un «facial» es un «dinero» donde el plato se tira sobre la mejilla o la frente de la pareja sexual. «Chica-chica» se refiere a una terminó siendo un espectacular facial doble en el que la estrella femenina hizo un verdadero despliegue de profesionalidad al conseguir permanecer entusiasta incluso después de que le cayera algo del tiro en el ojo derecho».

te) que a uno le dé un poco de vergüenza conocerlas. Pero también hay una compleja tensión erótica. Porque los mundos de las películas porno están tan sexualizados, y todo el mundo parece estar tan al borde mismo del coito todo el tiempo, de manera que solamente haría falta un ligero codazo o cualquier mínima excusa –que se estropee el ascensor, que la puerta no esté cerrada con llave, que alguien enarque una ceja, que se produzca un apretón firme de manos– para que todos se precipitaran a un enredo de manos, piernas y orificios, que existe una grotesca expectación/temor/esperanza de que es eso lo que podría pasar en la habitación de hotel de Max Hardcore. A estos enviados especiales les resulta imposible insistir demasiado en el hecho de que esto es una mera ilusión. De hecho, por supuesto, la expectación/temor/esperanza inconsciente no tiene más sentido del que tendría asistir en compañía de médicos a una convención médica y esperar que a la menor provocación todo el mundo en la sala se lanzara a un frenesí de resonancias magnéticas y epidurales. Con todo, la tensión está ahí, pese al hecho de que es obvio que las actrices están cansadas, que no les importa en absoluto el evento de hoy en el CES19 y que además por lo visto están doloridas, ya que resulta que Max Hardcore está rodando uno de sus espectaculares pornos «gonzo» aquí mismo en el Salón de la Electrónica de Consumo, usando el CES como gancho y como telón de fondo, y las chicas han estado alternando sus deberes en las casetas del CES y sus polvos traviesos con látigos con un plan de rodaje apretado e intensivo de SS. (Max, que es un firme creyente del método fílmico de los hechos consumados, todavía no se ha dignado hablar con la administración del salón CES sobre el hecho de que está poniendo el

19. Para ser sinceros, las actrices femeninas no solo parecen poco comunicativas sino francamente hurañas. No está claro en qué medida esto se debe a la fatiga causada por la feria y en qué medida a la conducta glacial de los Iniciados respecto a todos los Foráneos. Las actrices llevan todas ropa de paisano postSeinfeld.

salón de exposición de tecnología de consumo más grande del mundo en un vídeo promocionado como «vea a chicas guapas sodomizadas de las formas más brutales».)

El señor Max Hardcore –también conocido como Max Steiner, también conocido como Paul Steiner, cuyo nombre real es Paul Little– mide 1,68 y pesa solamente 62 kilos. Su edad está entre los cuarenta y los sesenta y se parece más que nada a un Henry Gibson mesomórfico y rayano en la psicopatía. Lleva un sombrero de vaquero negro y la que debe de ser una de las pocas camisas hawaianas de manga larga que existen en el mundo. En cuanto se le pasa el enfado al ayudante de producción y se llevan a cabo las presentaciones (H.H. consigue mencionar el nombre de su revista varias veces en una sola frase), Max se destapa como un anfitrión jovial y parlanchín y ofrece a todos vasos de plástico desechables llenos de vodka antes de sentarse con estos enviados especiales a discutir los que para Max constituyen los asuntos más urgentes y relevantes de los Premios de AVN de este año, unos asuntos que son la carrera del señor Max Hardcore, su reputación, su historia personal y su filosofía general de la vida.

Inventado (dependiendo de con quién hable uno) por Max Hardcore o bien por John («Buttman») Stagliano, el «gonzo» se ha convertido en uno de los géneros más populares y provechosos del vídeo para adultos. Viene a ser más o menos un cruce entre un documental de la MTV y el panel del infierno del Jardín de las delicias terrenales de El Bosco. Una película gonzo siempre está ambientada en alguna localización o evento distintivos: Daytona Beach en las vacaciones de primavera, el Festival de Cine de Cannes, etc. Siempre hay un «presentador» salido y salivoso que habla directamente con una cámara de mano: «Bueno, aquí estamos en el Festival de Cine de Cannes, y parece que va a haber montones de cosas excitantes, dicen que han venido John Travolta y Sigourney Weaver, y también está la playa famosa en el mundo entero, y me han dicho que en la playa hay algunas niñitas que están buenísimas, así que vamos para allá». (Esa es más o menos la presentación de un gonzo reciente de Max en Cannes, un tipo de presentación marca de la casa al que Max se refiere con una sonrisa de cincuenta y seis dientes como «siempre piadosamente breve»: y por favor, fíjense en lo de las «niñitas en la playa», porque esta es otra de las marcas de la casa profesionales de Max, la infantilización de las mujeres de sus vídeos que complementa narrativamente su propio personaje fílmico, que siempre es el de una especie de tío o padrastro degenerado.) Luego la cámara bamboleante pero siempre bien enfocada se dirige al océano o al centro comercial, o al salón CES o a donde sea, mostrando a mujeres atractivas20 mientras el presentador gime y se muerde los nudillos de pura lujuria. Luego, enseguida, el presentador y la cámara empiezan a parar a las mujeres a las que han estado mirando y las someten a pequeñas «entrevistas» breves llenas de sonrisitas lascivas aparte y de dobles sentidos procaces. Algunas de las entrevistadas son gente de la calle, pero siempre hay algunas que son lo que Max llama «topos», o sea, actrices porno profesionales. Y así es como al espectador se le ofrece la clásica fantasía de fraternidad estudiantil consistente en pasar, por medio únicamente de un par de frases de bar de solteros tipo «Eh, nena, qué tal», de mirar a una mujer atractiva a tener relaciones sexuales desenfrenadas y anatómicamente diversas con ella, mientras todo el tiempo uno de sus colegas lo graba todo en vídeo.21

Pese a que la cuestión de quién fue exactamente el que inventó el gonzo resulta imposiblemente controvertida y todo eso, es cierto que Max Hardcore es famoso como director por varias cosas: 1) tener una disciplina increíble en materia de pre

20. (sobre todo sus culos, parece ser, en los gonzos de Max, Buttman, el señor Ben Dover y el J. Silvera de «Butt Row»)
21. Observemos entonces que mientras que los vídeos porno tradicionales y, entre comillas, dramáticos, simulan la sexualización al cien por cien de la vida real (a saber, creando una especie de mundo real alternativo en el que todo el mundo desde las secretarias a los bomberos pasando por los higienistas dentales solamente necesita que le hagan una pequeña señal para lanzarse a un festival de sexo frenético), los vídeos gonzo van más allá al ofrecer la sexualización aparente de la vida real de verdad (por ejemplo, al combinar imágenes reales de churris en la playa de Cannes con material escrito de seducción y sexo explícito). El gonzo, así pues, parece ser obviamente el equivalente en porno a la tendencia que hay en el audiovisual convencional a los docudramas: COPS, Real-Life Adventures of 3rdShift Trauma Surgeons, etcétera.

supuesto y logística táctica, hasta el punto de obligar a su equipo y a sus empleados a llevar monos idénticos de nailon escarlata de manera que parecen un equipo nacional de esquí: los rodajes de Max son descritos (por el propio Max) como «operaciones casi militares»; 2) no solamente emplear a topos, sino llegar a veces a conseguir convencer a «niñitas» normales y corrientes de verdad en la playa o en el centro comercial para que se vayan con él al vehículo especial de MAXWORLD y tengan relaciones sexuales anales delante de la cámara;22 3) ser el primero en la industria del vídeo para adultos «generalista» (o sea, no fetichista) en perpetrar sobre las mujeres niveles de violación y degradación que hace unos pocos años habrían sido impensables. En relación al punto 3, Max, después de explicarles a estos enviados especiales las vocaciones y diversiones personales que lo llevaron a la industria del cine para adultos (una historia demasiado literalmente increíble hasta para plantearse comprobar si es cierta e imprimirla), nos informa de que él es y ha sido siempre la «vanguardia puntera» del vídeo para adultos, y que otros cineastas menos valientes y originales han robado y usado de forma sistemática sus degradaciones de mujeres, las de Max, como modelo para sus posteriores degradaciones más cutres y de segunda mano.23 (Harold Hecuba y Dick Filth, por cierto, han

22. Esto no es un rumor. De hecho, está documentado. Ni siquiera vamos a intentar plasmar aquí ninguna teoría sobre este fenómeno ni tampoco sobre las posibles motivaciones/susceptibilidades de esas chicas normales y corrientes: las preguntas relevantes que surgen son simplemente demasiado enormes y pasmosas.
Snakepit The Shocking Truth en la que cuatro hombres vestidos de padrastros con pajaritas y chaquetas de punto y todos con hocicos de cerdo sujetos con gomas a la cara se la follan en grupo hasta dejarla aturdida. Mientras que Rob Black –comparado con el cual Gregory Dark es Frank Capra– ofrece espectáculos como escenas de sexo en grupo con mujeoído muchas veces pontificar a Max y ahora están fuera del círculo del discurso: D.F. en el cuarto de baño desde hace ya un rato que parece muy largo y H.H. en el sofá con las actrices discutiendo las implicaciones de la retirada de Seinfeld de la parrilla de la NBC de 1998.)

res parapléjicas, mujeres obligadas a comer galletas saladas untadas de semen y hombres haciendo turnos para escupir a la cara de mujeres.*

Estos enviados especiales deciden emitir aquí una opinión. Las películas de Dark y Black no son para hombres que quieren excitarse y tal vez masturbarse. Son para hombres que tienen problemas con las mujeres y quieren verlas humilladas. La cuestión de si el «bizarro-sleaze» puede ayudar tal vez a los misóginos de sillón a «resolver» una parte de la furia que sienten hacia las mujeres es irrelevante. La intención de estas películas no es la catarsis. Su intención es capitalizar una demanda de mercado que está claro que existe: los productos de estos directores, igual que los de Max Hardcore, son presencias casi constantes en las listas de los más vendidos y los más alquilados de Adult Video News.

Las películas de Dark y Black son repugnantes. Lo son de forma intencionada. Y la verdad es que la repugnancia por el morro forma parte de la dirección esquizoide en la que el porno lleva moviéndose toda la década. Porque igual que el entretenimiento para adultos se ha ido volviendo más «masivo» –es decir, más fácil de conseguir, más aceptable, más lucrativo y más chic, como Boogie Nights–, también se ha vuelto más «extremo», y no solamente en los márgenes del género bizarro. Hoy día en casi todo el porno hetero hay un nuevo énfasis en el sexo anal, las penetraciones múltiples, las escenas de degradación y los malos tratos (por lo menos) psicológicos a las mujeres. En ciertos aspectos, este extremismo puede derivar simplemente del hecho de que el porno esté siguiendo la misma parábola que el cine de Hollywood: todo el mundo sabe que el cine convencional y la televisión también se han vuelto más violentos y explícitos y crudos durante la última década. Esto es posible. Y sin embargo, hay algo más.

La dinámica psicológica del porno siempre parece haber incluido cierto grado real de vergüenza, asco hacia uno mismo, percepción del «peca

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