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HASTA LAS INDIAS Y MáS ALLá (EL PEQUEñO LEO DA VINCI 9)

Christian Gálvez  

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Fragmento

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Pedrito Torrigiano era el niño más bruto del universo. Más alto que un pino y feo como el culo de un mono, se comía los grillos crudos cuando tenía hambre y se los tragaba sin eructar.

Como le gustaba la escultura, modelaba sus figuras de piedra a puñetazos y, si quería recortar algún detalle, ¡lo hacía a mordiscos!

Esto, además de ser una barbaridad, dejaba a mi amigo Miguel Ángel en segundo lugar en una imaginaria carrera de brutos, pues mi colega a lo más que llegaba era a chutar de cabeza su pelota de mármol. Y, claro, ahí vino el problema. Entre dos estrellas de la escultura y el bestiajismo, estalló la rivalidad. Y no lo hizo en la clase de Arte, sino en el campo de fútbol, concretamente en el esperado encuentro entre mi equipo, el Fiorentona, contra el Napolitana de Pedrito.

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Y aquello fue el Apocalipsis…

Mis colegas Miguel Ángel, Lisa, Chiara, Boti, Rafa y yo íbamos ganando dos a uno. Los goles de MA y las paradas

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