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HOPELESS

Colleen Hoover  

5


Fragmento

Índice

Hopeless

Domingo, 28 de octubre de 2012. Las 19.29

Sábado, 25 de agosto de 2012. Las 23.50

Lunes, 27 de agosto de 2012. Las 7.15

Lunes, 27 de agosto de 2012. Las 15.55

Lunes, 27 de agosto de 2012. Las 16.47

Lunes, 27 de agosto de 2012. Las 17.25

Lunes, 27 de agosto de 2012. Las 19.10

Martes, 28 de agosto de 2012. Las 6.15

Martes, 28 de agosto de 2012. Las 7.55

Miércoles, 29 de agosto de 2012. Las 6.15

Viernes, 31 de agosto de 2012. Las 11.20

Viernes, 31 de agosto de 2012. Las 16.50

Sábado, 1 de septiembre de 2012. Las 17.05

Sábado, 1 de septiembre de 2012. Las 19.15

Trece años antes

Lunes, 3 de septiembre de 2012. Las 7.20

Martes, 4 de septiembre de 2012. Las 6.15

Viernes, 28 de septiembre de 2012. Las 12.05

Viernes, 28 de septiembre de 2012. Las 23.50

Sábado, 29 de septiembre de 2012. Las 8.40

Sábado, 29 de septiembre de 2012. Las 9.20

Sábado, 29 de septiembre de 2012. Las 10.25

Sábado, 29 de septiembre de 2012. Las 22.15

Lunes, 22 de octubre de 2012. Las 12.05

Viernes, 26 de octubre de 2012. Las 15.40

Trece años antes

Sábado, 27 de octubre de 2012. En algún momento de la madrugada

Sábado, 27 de octubre de 2012. Las 20.20

Trece años antes

Sábado, 27 de octubre de 2012. Las 23.20

Sábado, 27 de octubre de 2012. Las 23.57

Domingo, 28 de octubre de 2012. Las 00.37

Trece años antes

Domingo, 28 de octubre de 2012. Las 2.45

Domingo, 28 de octubre de 2012. Las 3.10

Domingo, 28 de octubre de 2012. Las 7.50

Domingo, 28 de octubre de 2012. Las 17.15

Trece años antes

Domingo, 28 de octubre de 2012. Las 19.10

Trece años antes

Domingo, 28 de octubre de 2012. Las 19.29

Lunes, 29 de octubre de 2012. Las 9.50

Lunes, 29 de octubre de 2012. Las 16.15

Lunes, 29 de octubre de 2012. Las 16.35

Catorce años antes

Lunes, 29 de octubre de 2012. Las 16.57

Lunes, 29 de octubre de 2012. Las 17.29

Lunes, 29 de octubre de 2012. Las 23.35

Trece años antes

Martes, 30 de octubre de 2012. Las 00.10

Martes, 30 de octubre de 2012. Las 9.05

Martes, 30 de octubre de 2012. Las 19.20

Martes, 30 de octubre de 2012. Las 20.45

Martes, 30 de octubre de 2012. Las 22.15

Trece años antes

Agradecimientos

Notas

Biografía

Créditos

Acerca de Random House Mondadori

Para Vance.

Algunos padres te dan la vida.

Algunos te enseñan a vivirla.

Gracias por enseñarme a vivir la mía.

Domingo, 28 de octubre de 2012

Las 19.29

Me pongo en pie y miro la cama conteniendo la respiración, atemorizada por los ruidos que ascienden desde lo más profundo de mi garganta.

No lloraré.

No lloraré.

Lentamente me arrodillo, pongo las manos en el borde de la cama y recorro con los dedos las estrellas amarillas esparcidas sobre el fondo azul oscuro del edredón. Me quedo mirándolas hasta que comienzan a desdibujarse debido a las lágrimas que me nublan la vista.

Cierro los ojos y hundo la cabeza en el colchón, agarrando el edredón con todas mis fuerzas. Empiezan a temblarme los hombros y brotan de mí los sollozos que he intentado contener. Con un movimiento veloz me levanto, chillo, arranco el edredón y lo lanzo a la otra punta de la habitación.

Aprieto los puños y busco desesperadamente alguna otra cosa que pueda arrojar. Cojo las almohadas y se las echo a la desconocida que veo reflejada en el espejo. Ella me sostiene la mirada mientras gimotea, y me enfurece la debilidad que muestran sus lágrimas. Nos abalanzamos la una hacia la otra hasta que, finalmente, nuestros puños chocan contra el cristal y rompen el espejo. La veo caer en la alfombra, sobre un millón de trocitos brillantes.

Agarro el tocador por el borde, lo empujo hacia un lado y dejo escapar otro grito que he reprimido durante demasiado tiempo. Cuando consigo volcarlo, vacío los cajones y revuelvo, lanzo y aporreo todo lo que encuentro a mi paso. Tiro de las finas cortinas azules hasta que se parte la barra y caen sobre mí. Alcanzo las cajas apiladas en lo alto de una esquina y, sin ni siquiera mirar lo que hay en ellas, arrojo la primera contra la pared, con todas las fuerzas que mi cuerpo de un metro y sesenta centímetros es capaz de reunir.

—¡Te odio! —grito—. ¡Te odio, te odio, te odio!

Tiro todo lo que encuentro contra todo lo que veo. Cada vez que abro la boca para chillar percibo el gusto salado de las lágrimas que me recorren las mejillas.

De repente, Holder me abraza por detrás, tan fuerte que no puedo ni moverme. Me sacudo y me zarandeo, y sigo chillando hasta que pierdo el control de mis acciones, las cuales se convierten en meras reacciones.

—Basta —me pide al oído con una voz tranquila, sin querer soltarme.

Lo oigo, pero finjo no hacerlo. O simplemente no me importa lo que Holder diga. Intento librarme de él, pero lo único que consigo es que me apriete más.

—¡No me toques! —grito a pleno pulmón, arañándole los brazos, pero él ni se inmuta.

No me toques. Por favor, por favor, por favor.

La vocecita resuena en mi cabeza y, en ese instante, caigo rendida en sus brazos. Cuanto más frágil me siento yo, más potentes son mis llantos, tan potentes que me consumen. Me he convertido en un mero recipiente de las lágrimas que no dejo de derramar.

Me encuentro muy débil y estoy dejando que él venza.

Holder apoya las manos sobre mis hombros y me da la vuelta. Ni siquiera soy capaz de mirarlo. Me derrumbo en su pecho con una sensación de cansancio y derrota, y me agarro a su camiseta y lloro con la mejilla apretada contra su corazón. Él pone la mano en mi nuca y acerca la boca a mi oreja.

—Sky —me dice con una voz firme y serena—, vete de aquí. Ahora mismo.

Sábado, 25 de agosto de 2012

Las 23.50

Dos meses antes...

Me gustaría pensar que la mayoría de las decisiones que he tomado a lo largo de mis diecisiete años de vida han sido sabias. Espero que la sabiduría se mida por peso, y que las pocas decisiones desacertadas pesen menos que las acertadas. Si es así, mañana tendré que tomar un montón de decisiones sabias, porque dejar que Grayson se cuele por la ventana de mi habitación por tercera vez en un mes inclina mucho la balanza hacia el lado de los desaciertos. De todos modos, el tiempo es la única manera de medir con exactitud el nivel de estupidez de una decisión. Por lo tanto, antes de emitir un veredicto, esperaré hasta ver si me pillan.

A pesar de lo que pueda parecer, no soy una putilla. A menos que esa palabra se aplique a la chica que se lía con muchos chicos sin sentir ningún tipo de atracción por ellos. En ese caso podría discutirse si lo soy.

—Date prisa —me pide Grayson desde el otro lado de la ventana cerrada, muy molesto por mi falta de urgencia.

Quito el pestillo y deslizo la ventana hacia arriba, intentando no hacer ruido. Por mucho que Karen sea una madre diferente, desaprueba igual que las demás que deje entrar a chicos en mi habitación en mitad de la noche.

—Habla más bajo —susurro.

Grayson sube de un salto a la ventana, pasa las piernas por encima del alféizar y entra en la habitación. Es una ventaja que las ventanas de este lado de la casa estén a apenas un metro del suelo, porque es casi como tener mi propia puerta. De hecho, Six y yo las habremos utilizado más a menudo que las puertas para ir de una casa a otra. Karen está tan acostumbrada a ello que ni siquiera se queja de que la tenga abierta la mayor parte del tiempo.

Antes de correr las cortinas miro hacia la ventana de la habitación de Six. Con una mano me saluda y con la otra tira del brazo de Jaxon. Él, en cuanto consigue entrar, se da la vuelta y asoma la cabeza.

—Quedamos dentro de una hora en mi camioneta —le susurra lo suficientemente alto a Grayson, y acto seguido cierra la ventana y corre las cortinas.

Six y yo hemos sido uña y carne desde el día en que ella se mudó a la casa de al lado, hace cuatro años. La ventana de su habitación está junto a la mía, lo que ha resultado ser muy práctico. Las cosas comenzaron de un modo muy inocente. A los catorce años yo entraba a hurtadillas en su habitación por la noche, y robábamos helado del congelador y veíamos películas. A los qu

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