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IDEALISTAS BAJO LAS BALAS

Paul Preston  

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Fragmento

Agradecimientos

Quisiera expresar mi gratitud a todos aquellos que han contribuido a hacer posible este libro. Concretamente, debo dar las gracias a quienes con mucha generosidad me ayudaron a localizar los diarios, las cartas y demás documentos en los que principalmente se basa este libro: al reverendísimo deán Michael Allen y su hija Sarah Wilson, por facilitarme el acceso a los documentos de Jay Allen; a Patrick y Ramón Buckley, por prestarme el material relacionado con su padre; a Charlotte Kurzke, por concederme permiso para utilizar las inestimables memorias inéditas de sus padres, Jan Kurzke y Kate Mangan; a Carmen Negrín, por dejarme acceder a los documentos y fotografías del Archivo Juan Negrín, Las Palmas de Gran Canaria; a Paul Quintanilla, por permitirme acceder a los documentos de Luis Quintanilla; y a David Wurtzel, por proporcionarme el diario y otros documentos de Lester Ziffren.

También me alegra mucho poder dar cuenta de la colaboración de numerosos bibliotecarios que me ayudaron a localizar documentos concretos. Estoy en deuda con el personal del Liddell Hart Centre For Military Archives del King’s College de Londres por la condescendencia y el buen humor con que trataron mis rebuscadas peticiones en relación con documentos de Tom Wintringham y Kitty Bowler. Del mismo modo, estoy inmensamente agradecido a Andrew Riley y Sandra Marsh, del Churchill College Cambridge Archives Centre, por su entusiasta colaboración a la hora de localizar la correspondencia entre George Steer y Philip Noel-Baker. Durante muchos años, Gail Malmgreen ha sabido cumplir las peticiones y resolver las preguntas relacionadas con la Colección ALBA de la Biblioteca Tamiment de la Universidad de Nueva York con una pericia increíble. Kelly Spring, de la Biblioteca Sheridan de la Universidad Johns Hopkins, contribuyó a localizar los documentos de Robles. Natalia Sciarini, de la Biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale, hizo lo que pudo y más para ayudarme a buscar datos concretos acerca de Josephine Herbst. Sobre todo, me gustaría dar las gracias a Helene van Rossum, de la Biblioteca de la Universidad de Princeton, por su ayuda y sus inteligentes consejos, que excedían con mucho lo que sus obligaciones le exigían, acerca de la voluminosa documentación de Louis Fischer.

Tengo la fortuna de haber recibido colaboración específica para determinados capítulos. En especial, para el capítulo sobre Mijaíl Koltsov, por el que debo dejar patente mi enorme deuda con Frank Schauff, cuya ilimitada ayuda con los documentos rusos resultó indispensable. Robert Service, Denis Smyth, Ángel Viñas y Boris Volardsky contribuyeron con sus sabios consejos y evitaron que cometiera muchos errores. René Wolf y Gunther Schmigalle me ofrecieron una valiosísima ayuda sobre la vertiente alemana de la carrera de Koltsov. Para el capítulo dedicado a George Steer, me beneficié de la generosa ayuda de Nick Rankin. Para el capítulo sobre José Robles, Will Watson compartió conmigo desinteresadamente sus enciclopédicos conocimientos sobre la estancia de Hemingway en España, y José Nieto, los recuerdos de sus conversaciones con John Dos Passos, Artur London y Luis Quintanilla. Por supuesto, la entusiasta respuesta de Elinor Langer a mis preguntas sobre Josephine Herbst me sirvió de gran estímulo. Para documentarme sobre los cambios de la oficina de prensa de Valencia, me aproveché de las aportaciones de Harriet Ward, la hija de Griffin Barry. También recibí ayuda de David Fernbach acerca del papel que desempeñaron Tom Wintringham y Kitty Bowler. En Madrid, el infatigable Mariano Sanz González fue más servicial que nunca. Por último, para los asuntos relacionados con las Brigadas Internacionales, me dirigí a Richard Baxell y jamás me defraudó.

Por desgracia, son pocos los protagonistas que siguen vivos. De manera que me alegró de forma especial poder contar con los recuerdos de tres personas que estuvieron en España durante la Guerra Civil: sir Geoffrey Cox, cuyas crónicas desde el Madrid asediado continúan siendo fuentes relevantes para la historia; Adelina Kondratieva, que fue intérprete de la delegación rusa; y Sam Lessor, que combatió con las Brigadas Internacionales y trabajó también para los servicios de propaganda republicana en Barcelona.

Cuatro amigos han sido determinantes para la creación de esta obra. Acabé escribiéndola en primera instancia como consecuencia de una invitación para colaborar en el catálogo de la espléndida exposición sobre los corresponsales extranjeros en España organizada conjuntamente por

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