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INFECCIóN

Robin Cook  

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Fragmento

Índice

Infección

Prólogo

Primera parte

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Capítulo 6

Capítulo 7

Capítulo 8

Capítulo 9

Capítulo 10

Capítulo 11

Capítulo 12

Capítulo 13

Segunda parte

Capítulo 14

Capítulo 15

Capítulo 16

Capítulo 17

Capítulo 18

Capítulo 19

Capítulo 20

Capítulo 21

Capítulo 22

Capítulo 23

Capítulo 24

Capítulo 25

Capítulo 26

Capítulo 27

Capítulo 28

Capítulo 29

Capítulo 30

Capítulo 31

Capítulo 32

Capítulo 33

Capítulo 34

Capítulo 35

Capítulo 36

Capítulo 37

Capítulo 38

Capítulo 39

Capítulo 40

Capítulo 41

Capítulo 42

Capítulo 43

Capítulo 44

Capítulo 45

Tercera parte

Capítulo 46

Capítulo 47

Capítulo 48

Capítulo 49

Capítulo 50

Capítulo 51

Capítulo 52

Capítulo 53

Capítulo 54

Capítulo 55

Capítulo 56

Capítulo 57

Capítulo 58

Capítulo 59

Epílogo

Biografía

Créditos

El doctor y escritor Robin Cook está considerado el creador del thriller médico y sigue siendo el novelista más importante del género. Es autor de treinta y dos novelas, todas grandes éxitos internacionales que han sido traducidas a cuarenta idiomas.

En sus libros explora la implicación ética de los desarrollos médicos y biotécnicos más actuales. Entretiene a sus lectores y a la vez les descubre cómo los adelantos de la medicina están en manos de grandes empresas cuya prioridad será siempre sacar el máximo beneficio.

Muchas de sus novelas han sido adaptadas a la gran pantalla. Aparte de escribir, sus intereses son la arquitectura, el diseño de interiores, la restauración y el deporte. Actualmente vive y trabaja entre Florida, New Hampshire y Boston.

www.robincookmd.com

www.facebook.com/DrRobinCook

Título original: Cell

Edición en formato digital: octubre de 2015

© 2014, Robin Cook

Todos los derechos reservados, incluidos los de reproducción total o parcial en cualquier formato.

© 2015, Penguin Random House Grupo Editorial, S. A. U.

Travessera de Gràcia, 47-49. 08021 Barcelona

© 2015, Carlos Abreu Fetter, por la traducción

Diseño de portada: Penguin Random House Grupo Editorial / Gemma Martínez

Fotografía de la portada: © Josefine Jonsson

Penguin Random House Grupo Editorial apoya la protección del copyright.  El copyright estimula la creatividad, defiende la diversidad en el ámbito de las ideas  y el conocimiento, promueve la libre expresión y favorece una cultura viva.  Gracias por comprar una edición autorizada de este libro y por respetar las leyes del copyright al no reproducir ni distribuir ninguna parte de esta obra por ningún medio sin permiso. Al hacerlo está  respaldando a los autores y permitiendo que PRHGE continúe publicando libros para todos los lectores. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, http://www.cedro.org) si necesita reproducir algún fragmento de esta obra.

ISBN: 978-84-01-01689-9

Composición digital: M.I. maqueta, S.C.P.

www.megustaleer.com

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ROBIN COOK

 

INFECCIÓN

Traducción de

Carlos Abreu Fetter

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www.megustaleerebooks.com

Este libro está dedicado

a la democratización de la medicina

Prólogo

Las moléculas de insulina irrumpieron como un ejército de saqueadores en miniatura. Tras infiltrarse con rapidez en las venas, se fueron directas al corazón, que las bombeó hacia las arterias. En cuestión de segundos la invasión se había extendido por todo el cuerpo, las moléculas se habían adherido a los receptores de membrana de las células y habían ocasionado que las compuertas celulares se abrieran. Al instante, la glucosa penetró en la totalidad de las células del organismo, lo que originó un descenso brusco de su nivel en el torrente sanguíneo. Las primeras células que se vieron afectadas fueron las nerviosas, ya que, debido a su incapacidad para almacenar la glucosa, necesitaban un suministro constante de esta sustancia para funcionar. A medida que transcurrían los minutos y el asalto insulínico se prolongaba, las neuronas, en especial las del cerebro, consumían rápidamente la glucosa vital y sus funciones empezaban a fallar. Emitían mensajes erráticos o dejaban de emitirlos. Luego, comenzaron a morir...

Westwood, Los Ángeles, California

Lunes, 7 de abril de 2014, 2.35 h

 

Kasey Lynch se despertó sobresaltada. Había tenido una pesadilla horrible que le provocó gran ansiedad y terror. Desorientada, se preguntó dónde estaba. Enseguida lo recordó: en el apartamento de su prometido, el doctor George Wilson. Durante el último mes había pasado allí dos o tres noches por semana, cuando él no estaba de guardia como residente de radiología de tercer año en el centro médico de la Universidad de Los Ángeles. En ese momento, dormía a su lado. Oía su respiración suave y rítmica, característica del sueño.

Kasey cursaba un posgrado en psicología infantil en la Universidad de Los Ángeles, y a lo largo del último año había trabajado como voluntaria en el departamento de pediatría del centro médico. Fue allí donde conoció a George. Siempre que acompañaba a sus pacientes de pediatría al departamento de radiología para que se hicieran un escáner, le llamaban la atención la desenvoltura y la naturalidad con las que George trataba a todo el mundo, en especial a los niños. A ello había que añadir su bello rostro y su pícara sonrisa. Derrochaba calidez y amabilidad, cualidades que a Kasey le gustaba pensar que también poseía. Estaban comprometidos desde hacía solo cuatro semanas, aunque aún no habían fijado fecha para la boda. La proposición de matrimonio había sido una sorpresa agradable, quizá debido a la cautela de Kasey respecto a todo lo «permanente» a causa de sus problemas de salud. Sin embargo, George y ella estaban perdidamente enamorados, y decían en broma que su relación avanzaba tan deprisa porque llevaban años buscándose el uno al otro.

Pero Kasey no estaba pensando en nada de eso a las 2.35 de la madrugada. Sin embargo, en cuanto abrió los ojos supo que algo iba mal, muy mal. Era algo mucho peor que una simple pesadilla, más que nada porque estaba empapada en sudor. Como padecía diabetes tipo 1 desde niña, sabía muy bien de qué se trataba: un episodio de hipoglucemia. Le había bajado el nivel de glucosa en sangre. Le había ocurrido varias veces en el pasado, y era consciente de que necesitaba ingerir azúcar, cuanto antes mejor.

Se dispuso a levantarse, pero la habitación comenzó a darle vueltas. Dejó caer la cabeza sobre la almohada, presa de un mareo breve pero abrumador, con el corazón latiéndole a toda prisa. Buscó a tientas el teléfono móvil. Puesto que siempre se aseguraba de tenerlo a mano, lo había dejado cargándose en la mesilla de noche. La idea era hablar con su nuevo médico para que la tranquilizara mientras corría a la cocina a buscar un zumo de naranja. El nuevo facultativo era increíble; estaba disponible incluso a horas intempestivas como aquella.

Cuando el mareo remitió, se dio cuenta de que aquel episodio era peor que de costumbre, sin duda porque había comenzado mientras dormía, lo que le había permitido avanzar mucho más que si hubiera estado despierta y hubiera reconocido las primeras señales. Procuraba que siempre hubiera zumo de frutas en casa para cuando surgieran emergencias como aquella, aunque tenía que ir a buscarlo. De nuevo intentó levantarse, pero no pudo. Los síntomas evolucionaban con una rapidez terrorífica, consumiendo las fuerzas de su cuerpo. Al cabo de unos segundos, estaba del todo imposibilitada. Ni siquiera podía sujetar el teléfono, que se le resbaló entre los dedos y cayó sobre la moqueta con un golpe sordo.

Al instante fue consciente de que necesitaba ayuda e intentó extender la mano hacia George para despertarlo, pero le pareció que el brazo derecho le pesaba una tonelada. No era capaz de levantarlo, mucho menos de estirarlo por encima de su cuerpo. George yacía muy cerca, pero de espaldas a ella, ajeno por completo a su crisis galopant

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