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INTUICIóN (CLAVES PARA UNA NUEVA FORMA DE VIVIR)

Osho  

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Fragmento

Tres peldaños de una escalera

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LA INTUICIÓN es el peldaño más alto de la escalera, la escalera de la conciencia. Se puede dividir en tres partes: la inferior y la primera es el instinto; la segunda, en el medio, es el intelecto; y la tercera, la más alta, es la intuición.

El prefijo in se utiliza en las tres. Esto es algo importante. Quiere decir que las tres son cualidades innatas. No son cosas que puedas aprender, no las puedes cultivar con una ayuda externa.

El instinto es el mundo de los animales; todo es instinto. A pesar de que a veces veas otra cosa, no es más que una proyección tuya. Por ejemplo, puedes ver amor en los animales —la madre cuidando de sus crías muy cariñosa, muy atenta— y puedes pensar que no es solo instinto, que es algo más elevado, no algo simplemente biológico. Sin embargo, no es algo más elevado, es solo biológico. La madre hace eso como un robot en manos de la naturaleza. No lo puede evitar; tiene que hacerlo.

En muchos animales el padre no tiene instinto de paternidad; por el contrario, muchos matan a sus crías y se las comen. Por ejemplo, en el caso de los cocodrilos, la vida de las crías corre un gran peligro. La madre las protege y lucha por la vida de sus crías, ¡en cambio, el padre no piensa más que en darse un buen desayuno! El padre no tiene instinto paternal; de hecho, la figura del padre es una institución humana. La madre cocodrilo tiene que guardar a las crías en su boca para protegerlas del padre. Tiene una boca muy grande —todas las mujeres tienen bocas grandes— y se las arregla para guardar al menos a una docena de crías en su boca. En la boca de la madre, justo al lado de sus peligrosos dientes, las crías están a salvo. Para las crías, lo más difícil consiste en distinguir quién es la madre y quién es el padre ya que los dos se parecen mucho. A veces las crías se acercan al padre, se meten en su boca y desaparecen para siempre; nunca más volverán a ver la luz.

En cambio, la madre trata de luchar, de protegerlas. Quizá por esa razón, la naturaleza da a los cocodrilos tal cantidad de crías: la madre tiene una docena cada vez, cada año. Si consigue salvar al menos dos logrará que la población siga siendo la misma pero consigue proteger casi a la mitad de las crías.

Cualquier persona que vea esto pensará que el padre es muy cruel, que no tiene compasión, que no tiene amor, que la madre es realmente maternal. Pero solo estás proyectando tus ideas. La madre los protege, no por una razón consciente; en sus hormonas está el protegerlos. En cambio, el padre no tiene nada que ver con esas hormonas. Si se le inyectaran las mismas hormonas, dejaría de matar a sus propias crías. Así que es una cuestión de química, no de psicología ni de nada más elevado que la bioquímica.

El noventa por ciento de la vida del hombre sigue siendo parte del mundo animal. Vivimos gracias al instinto.

Te enamoras de una mujer o una mujer se enamora de ti y piensas que es algo maravilloso. No tiene nada de maravilloso, no es nada más que un encantamiento instintivo: son hormonas que se sienten atraídas por otras hormonas. No eres más que un juguete en manos de la naturaleza. Ningún animal se preocupa por las delicadezas o sutilezas del amor, en cambio, el hombre siente que ser simplemente instintivo es algo insultante, humillante. ¿Tu amor solo es bioquímica? Tu amor es poesía, tu amor es arte, tu amor es filosofía; en cambio ¿bioquímica? Parece como si te avergonzaras de tu biología, de tu química, de tu naturaleza.

Pero esta no es la manera de entenderlo. Tienes que entender exactamente qué es cada cosa. Hay que distinguir bien, de lo contrario siempre estarás confundido. Tu ego seguirá haciéndote proyectar lo más alto posible cosas que tienen tan poco que ver con cualquier cosa elevada como los niveles más bajos.

Tu amor no es más que una ilusión creada por tu química. Piensa: Si se borrara la idea romántica del amor no creo que ningún hombre ni ninguna mujer fueran capaces de soportar el sexo y su necedad. Parecería algo estúpido. No tienes más que eliminar toda idea romántica y pensar en términos de biología y química; entonces tu sexo te hará sentirte avergonzado. No hay nada de lo que jactarse. Imagínate a ti mismo haciendo el amor con un hombre o con una mujer sin que exista ningún tipo de romance, sin poesía, sin ningún Omar Khayyam, sin ningún Shelley, sin ningún Byron, solo como un simple proceso reproductivo porque la naturaleza quiere procrear a través tuyo porque sabe que vas a morir. No eres eterno; antes de que mueras, la naturaleza quiere que la vida continúe. En cambio, el hombre no puede practicar el sexo sin pensar en él de forma romántica, así que ha creado todo un halo alrededor del sexo al que llama amor. Finge, incluso cree que es amor, pero obsérvalo con atención.

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Si se borrara la idea romántica del amor no creo que ningún hombre ni ninguna mujer fueran capaces de soportar el sexo y su necedad. Parecería algo estúpido.

Te interesa un hombre o una mujer. El instinto natural de la mujer es de jugar al escondite. Es algo muy extraño que en todas las culturas, en todo el mundo, los niños juegan sin excepción a dos juegos. Sus religiones son diferentes, sus culturas son diferentes, sus razas son diferentes, sus sociedades, sus lenguajes —todo es diferente— pero en lo relativo a estos dos juegos, da igual que hayan nacido en África, en China, en América o en India. Uno de los juegos es el del escondite. Es extraño que no exista en todo el mundo ni una sola cultura en la que los niños no jueguen al escondite. Parece como si tuviera que ver con el instinto y se estuvieran preparando para otro juego del escondite más importante. Esto es solo un ensayo y durante el resto de la vida continúa el juego.

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