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LA CHICA DE SUMMER HILL

Jude Deveraux  

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Fragmento

Título original: The Girl of Summer Hill

Traducción: Gema Moral Bartolomé

1.ª edición: septiembre 2016

© Ediciones B, S. A., 2013

Consell de Cent, 425-427 - 08009 Barcelona (España)

www.edicionesb.com

ISBN DIGITAL: 978-84-9069-529-6

Todos los derechos reservados. Bajo las sanciones establecidas en el ordenamiento jurídico, queda rigurosamente prohibida, sin autorización escrita de los titulares del copyright, la reproducción total o parcial de esta obra por cualquier medio o procedimiento, comprendidos la reprografía y el tratamiento informático, así como la distribución de ejemplares mediante alquiler o préstamo públicos.

Contenido ACTO PRIMERO, ESCENA PRIMERA Aparece el señor Darcy ACTO PRIMERO, ESCENA SEGUNDA Elizabeth no seduce a Darcy ACTO PRIMERO, ESCENA TERCERA Bingley defiende a Darcy ACTO PRIMERO, ESCENA CUARTA Bingley conoce a Jane ACTO PRIMERO, ESCENA QUINTA Lydia muestra su verdadera naturaleza ACTO PRIMERO, ESCENA SEXTA El orgullo de Darcy se resiente ACTO PRIMERO, ESCENA SÉPTIMA Georgiana persuade a su hermano ACTO PRIMERO, ESCENA OCTAVA Darcy tiene un mal encuentro con Lizzy ACTO PRIMERO, ESCENA NOVENA Lizzy no se lleva una buena impresión de Darcy ACTO PRIMERO, ESCENA DÉCIMA El mundo de Darcy se tambalea ACTO PRIMERO, ESCENA UNDÉCIMA Aparece la señora Bennet ACTO PRIMERO, ESCENA DUODÉCIMA Darcy ocupa el escenario ACTO PRIMERO, ESCENA DECIMOTERCERA Wickham se da a conocer ACTO PRIMERO, ESCENA DECIMOCUARTA Lizzy y Darcy danzan ACTO PRIMERO, ESCENA DECIMOQUINTA Lizzy y Bingley discrepan en percepción y conocimiento ACTO PRIMERO, ESCENA DECIMOSEXTA Darcy se defiende ACTO PRIMERO, ESCENA DECIMOSÉPTIMA La señora Bennet está preparada ACTO PRIMERO, ESCENA DECIMOCTAVA La señora Bennet comprende a Darcy ACTO PRIMERO, ESCENA DECIMONOVENA Darcy y Lizzy danzan un poco más ACTO PRIMERO, ESCENA VIGÉSIMA Lizzy hace confidencias ACTO PRIMERO, ESCENA VIGESIMOPRIMERA El señor Bennet sufre una decepción ACTO PRIMERO, ESCENA VIGESIMOSEGUNDA ¿Wickham se disculpa? ACTO PRIMERO, ESCENA VIGESIMOTERCERA Darcy y Lizzy ejecutan una lenta y prolongada danza ACTO PRIMERO, ESCENA VIGESIMOCUARTA Jane Bennet se destapa ACTO PRIMERO, ESCENA VIGESIMOQUINTA Darcy a lo Dirty Dancing ACTO SEGUNDO, ESCENA PRIMERA Darcy siente; Lizzy observa ACTO SEGUNDO, ESCENA SEGUNDA Wickham endulza la tarta ACTO SEGUNDO, ESCENA TERCERA Wickham lo cuenta todo ACTO SEGUNDO, ESCENA CUARTA Lizzy admite sus sentimientos ACTO SEGUNDO, ESCENA QUINTA La señora Bennet habla del pasado ACTO SEGUNDO, ESCENA SEXTA Lizzy toma una decisión ACTO SEGUNDO, ESCENA SÉPTIMA Darcy tiene dudas ACTO SEGUNDO, ESCENA OCTAVA Lizzy pone en práctica su decisión ACTO SEGUNDO, ESCENA NOVENA Lizzy guarda secretos ACTO SEGUNDO, ESCENA DÉCIMA Darcy expresa sus temores ACTO SEGUNDO, ESCENA UNDÉCIMA Darcy y Wickham se enteran de un secreto ACTO SEGUNDO, ESCENA DUODÉCIMA Darcy propone: Lizzy lo interpreta mal ACTO SEGUNDO, ESCENA DECIMOTERCERA Bingley empieza a tener dudas ACTO SEGUNDO, ESCENA DECIMOCUARTA Lizzy escucha a otros ACTO SEGUNDO, ESCENA DECIMOQUINTA Wickham eleva la tensión ACTO SEGUNDO, ESCENA DECIMOSEXTA Lizzy escucha una historia realmente terrible ACTO SEGUNDO, ESCENA DECIMOSÉPTIMA Darcy se rinde ACTO SEGUNDO, ESCENA DECIMOCTAVA Darcy desnuda algo más que sus abdominales ACTO SEGUNDO, ESCENA DECIMONOVENA Georgiana interviene ACTO SEGUNDO, ESCENA VIGÉSIMA Todo el mundo sufre ACTO SEGUNDO, ESCENA VIGESIMOPRIMERA Lizzy se entera de una verdad distinta ACTO SEGUNDO, ESCENA VIGESIMOSEGUNDA Lizzy conoce a Georgiana ACTO SEGUNDO, ESCENA VIGESIMOTERCERA Lizzy ve la luz tras la oscuridad ACTO SEGUNDO, ESCENA VIGESIMOCUARTA Lizzy se traga el orgullo ACTO TERCERO, ESCENA PRIMERA Darcy vence sus prejuicios... ¡y enseña sus abdominales! ACTO TERCERO, ESCENA SEGUNDA Se desvela el secreto de Lydia ACTO TERCERO, ESCENA TERCERA El señor Bennet confiesa su error de juicio ACTO TERCERO, ESCENA CUARTA Por fin todo el mundo busca a Wickham ACTO TERCERO, ESCENA QUINTA Lydia se entera de lo que no debería saber ACTO TERCERO, ESCENA SEXTA Darcy al rescate ACTO TERCERO, ESCENA SÉPTIMA Wickham no puede resistirse ACTO TERCERO, ESCENA OCTAVA Lydia confiesa ACTO TERCERO, ESCENA NOVENA Wickham recibe su merecido ACTO TERCERO, ESCENA DÉCIMA Darcy y Lizzy reflexionan sobre la vida Agradecimientos

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Había un hombre desnudo en el porche trasero de Casey. Seguro que Casey habría llamado a la policía o, por lo menos, habría chillado, de no haber sido él tan increíblemente guapo.

En lugar de eso, sin tan siquiera pestañear, agarró a tientas la tetera eléctrica y vertió agua hirviendo sobre las sueltas hojas de té que había en el colador plateado. Buena parte del agua cayó fuera del tazón, sobre la encimera de granito, y luego se escurrió hasta el suelo de baldosas, pero ella no se dio cuenta.

Era tan temprano que aún no se había hecho de día, y Casey no se había molestado en encender la luz de la cocina. Pero luego él había encendido la luz del porche y, en medio de la neblina matinal, mirándolo a través de la puerta con tela metálica, era casi como si estuviera en un escenario.

Él había dejado caer la camiseta y el pantalón del chándal en el sendero de piedra; luego, totalmente desnudo y de cara a Casey, había subido los tres peldaños con toda su gloriosa masculinidad a la vista. Fue directo hacia ella, como si tuviera intención de entrar en la casa.

Casey acababa de despertarse y, cuando lo vio, pensó que seguía dormida y que estaba teniendo el mejor sueño de su vida. No solo el cuerpo era atractivo, también la cara. Cabellos, ojos, barba incipiente, labios realmente voluptuosos. La piel de todo su cuerpo tenía un tono dorado oscuro, y era esbelto, pero atlético. Los cabellos los llevaba largos, hasta el cuello, y, bajo la luz del porche, eran tan negros que parecían tener un brillo casi azul.

Una vez en el porche, no abrió la puerta de tela metálica para entrar. Lo que hizo fue girarse y ofrecer a Casey una magnífica visión de perfil.

¡Dios! Pectorales. Abdominales. La curva de su trasero, muslos como los de un patinador olímpico.

Casey logró parpadear unas cuantas veces. Seguro que aún estaba dormida. Seguro que él no era real.

Él pareció hacerle algo a la pared, y segundos después empezó a llover. Eso tenía sentido. La deidad que controlaba los cielos debía parecerse a aquel hombre.

Pero no, era una ducha exterior que parecía sujeta a la pequeña casa de invitados. Casey no había reparado en ella; era invierno durante los pocos meses que llevaba en la ciudad. Pero el día anterior había sido tan cálido que había abierto todas las puertas y ventanas para refrescar la casa mientras cocinaba. Cuando por fin se había ido a la cama, hacía tanto calor que se había limitado a echar el pestillo a la puerta de tela metálica y a dejar abierta la puerta para que corriera la brisa.

Casey agarró la taza de té y le dio un sorbo mientras observaba cómo él se enjabonaba.

Tenía un taburete alto al lado. Casey lo encontró a tientas y se sentó en él sin apartar los ojos del hombre. Mientras él se pasaba las manos por todo el cuerpo, Casey estaba cada vez más segura de que soñaba. Y estaba igualmente segura de que se despertaría si le quitaba los ojos de encima.

Le vio enjabonarse las piernas y la entrepierna, luego continuar hacia arriba. Tenía tantos problemas para alcanzar toda la extensión de su espalda que a Casey le entraron ganas de quitarse el pijama y unirse a él.

«¿Puedo ayudarte?», le preguntaría. Él no diría una sola palabra. Se limitaría a tenderle el jabón y ella se pondría manos a la obra.

Desde luego, a ella tampoco le iría nada mal lavarse un poco, así que él le frotaría la espalda. O la delantera. O lo que le diera la gana.

Quizá fuera porque ella estaba sentada en una zona oscura y él estaba a plena luz por lo que todo parecía como una película. Casey bebía té y observaba la escena con una sonrisa soñadora en los labios.

Había estado trabajando en la cocina hasta la medianoche y ahora era muy temprano. Kit le había dicho que quería tener la comida en el teatro a las ocho, y ella había interpretado que la quería preparada y lista para servirse. Por la noche había llamado a su hermano Josh para preguntarle si, por favor, por favor, podía proporcionarle algunas mesas. «Hazlas con caballetes o con tocones de árbol, lo que sea que pueda encontrar un hombre fuerte y viril como tú», era el mensaje de voz que le había dejado en el contestador. «Es solo para tener un sitio donde poner toda la comida. Kit me dijo que seguramente la mitad del pueblo se presentaría a las pruebas. ¡Por favor, por favor! Te guardaré unos cuantos de esos buñuelos rellenos de crema que tanto te gustan.» Esto último lo dijo con la voz más zalamera que pudo. Teniendo en cuenta que había permanecido en pie más de catorce horas, se preguntó si no habría sonado más patética que persuasiva.

Pero la visión del hermoso hombre desnudo le compensaba por el día anterior. Ahora se iba a aclarar. Alargó la mano hacia la alcachofa de ducha de la pared para agarrarla, y empezó a rociarse con agua aquel cuerpo suyo tan espectacular.

Casey se llevó el tazón de té a los labios, completamente hipnotizada. No podía hacer más que mirar. Los largos cabellos de él estaban mojados, pegados al cráneo. De perfil sobresalían sus fuertes rasgos, que tenían algo de familiar.

Cerró el agua y luego miró en derredor buscando algo.

«Necesita una toalla», pensó ella, y se le pasó por la cabeza abrir la puerta y darle una.

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