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LA ERA DEL FúTBOL

Juan José Sebreli  

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Fragmento

Juan José Sebreli nació en Buenos Aires en 1930. A los veinte años colaboraba simultáneamente en las dos revistas literarias más prestigiosas de ese momento: Sur y Contorno. Formó un grupo existencialista sartreano junto a dos personajes hoy de culto, Oscar Masotta y Carlos Correas. En su obra se interrelacionan la sociología, la historia contemporánea, la teoría política y la filosofía; más que a una disciplina especializada prefiere adscribirse al género más libre del ensayo. Reivindica la posición de intelectual libre, no ha pertenecido a ningún partido político ni a instituciones académicas, ni ha gozado de prebendas o subsidios oficiales. Sus posiciones heterodoxas y contra la corriente han generado polémicas. Alcanzó notoriedad con Buenos Aires, vida cotidiana y alienación (1964), obra pionera de la sociología de la vida cotidiana. Entre sus libros se destacan Martínez Estrada, una rebelión inútil (1960), Mar del Plata, el ocio represivo (1969), Tercer mundo, mito burgués (1974), Los deseos imaginarios del peronismo (1983), La saga de los Anchorena (1985), El asedio a la modernidad (1991), El vacilar de las cosas (1994), Escritos sobre escritos, ciudades bajo ciudades (1997), La era del fútbol (1998), Las aventuras de la vanguardia (2000), Crítica de las ideas políticas argentinas (2002), Buenos Aires, ciudad en crisis (2003), los nueve últimos publicados por Sudamericana. Se han editado textos suyos en España, Italia y Alemania. Es doctor honoris causa por la Universidad CAECE, premio de ensayo de la Academia Nacional de Letras, dos veces premio Konex, colaborador de La Nación y otras publicaciones. Tradujo obras de Alexander Kojeve, Georg Lukács y Simone de Beauvoir, y ha dado numerosos cursos privados.

A Guillermo Jaim Etcheverry

RECONOCIMIENTOS

Agradezco a todos los que de una forma u otra ayudaron a la preparación de este libro.

A los amigos distantes, Estela y Alberto Belloni, gracias a cuyas apasionadas búsquedas por bibliotecas, librerías y redacciones de París, obtuve un material único.

A Ezequiel Fernández Moores, quien me cedió gentilmente su biblioteca especializada y su archivo personal.

A las amistades surgidas de los grupos de estudio, Orfilia Polemann, Jorge Anitua, Juan Carlos Balduzzi, Donaldo Zoilo, Guillermo Ortiz, con quienes comparto estimulantes conversaciones.

A Viviana Gorbato, en un constante intercambio de información.

A Antonio Carrizo, cuya pasión y conocimiento del tema fueron incitantes para mejorar mis argumentaciones.

A la memoria de Dante Panzeri, a quien consulté para mis primeros trabajos sobre el fútbol, y que dejó el recuerdo de un espíritu crítico, raro en el mundo del deporte.

PRÓLOGO

Mi preocupación por el fútbol data de la década del sesenta, una época en que los intelectuales en general y los sociólogos en particular no consideraban este tema digno de atención. En contraposición, comenzaba a aparecer una tendencia de populismo antiintelectual que descubría los ritos populares como el fútbol o los ídolos populares; todavía no era Maradona sino el ahora algo olvidado Carlos Gardel. El deslumbramiento de estos populistas los incapacitaba para el análisis, anulaba en ellos cualquier espíritu crítico y prenunciaba con esas actitudes el irracionalismo político y el neorromanticismo filosófico de los años setenta.

Comencé pues, contra la indiferencia de unos y la devoción de otros, a publicar una serie de artículos en la revista Confirmado, en octubre de 1966, que fue interrumpida seguramente porque molestaban a los responsables de la edición. Esta frustrada experiencia periodística dio origen al año siguiente a un libro colectivo donde recopilé los pocos textos literarios que pude encontrar sobre el fútbol, de George Orwell, Jean Cau, Roberto Arlt, Ezequiel Martínez Estrada, H. A. Murena, Bernardo Verbitsky y Bernardo Carey, concluyendo con un breve ensayo de mi autoría. Éste fue a su vez el borrador del libro Fútbol y masas, que debió aparecer en marzo de 1976, pero en un acto de autocensura que se adelantaría a la censura fue retirado de la imprenta por el editor a causa del golpe de Estado. Luego de cinco años de obligado silencio, de exilio interior, el libro fue publicado por otros editores en 1981, aprovechando el aflojamiento de la censura en los finales de la dictadura militar. No obstante, debí acondicionarme a las circunstancias y evitar tocar ciertos temas, entre éstos el Mundial del 78. El trabajo actual parte pues de aquellos textos previos, releídos, corregidos, retocados, aumentados, puestos al día, y en gran parte modificados, porque el fútbol actual, mediatizado y globalizado, dista mucho del que era en los años sesenta y setenta, cuando empecé a pensar en el tema.

La ausencia del fútbol, y del deporte en general, no era exclusiva de la bibliografía argentina; eran muy pocos los estudios que se podían encontrar entonces en el mundo. En los sesenta en Francia y simultáneamente con una obra precursora —Deporte y política (1966)— de Jean Meynaud, surgía una corriente muy minoritaria de oposición al movimiento deportivo, desde una perspectiva de izquierda independiente, que publicó en 1968 en la revista Partisans, dirigida por François Maspero, un número con el título “Sport, culture et represion”. El número, que se volvería antológico, había sido preparado entre otros por Jean Marie Brohm, quien desde una perspectiva marxista antiestalinista encaró osadamente la crítica del deporte de masas en una serie de obras, y luego en la revista Quel corps?, que salió a mediados de los setenta. Marcuse y el freudo-marxismo influían en Brohm, y también en mis primeros estudios sobre el fútbol. Aunque ya no comparto su teoría considero que Wilhelm Reich, a pesar de sus delirios, hizo aportes al análisis del autoritarismo en Psicología de masas del fascismo (1933) y sigo considerando válidos algunos de sus conceptos como “peste emocional” o “deseo de las masas por el fascismo”.

En 1970 apareció en Alemania el excelente ensayo de Gerard Vinnai —El fútbol como ideología— donde se hacía una crítica al fútbol muy próxima a la mía. La coincidencia de esos dos autores que casi simultáneamente, desconociéndose entre sí, y desde dos países muy alejados, llegaron a similares conclusiones sobre el fenómeno universal de alienación por el fútbol, no es producto del solo azar. Algunas de estas ideas estaban en el aire del tiempo; además con Vinnai compartíamos una fuente común en la Escuela de Frankfurt, las teorías de Adorno y Horkheimer sobre la industria cultural y la manipulación de masas que ellos centraron en el cine y la música, pero que igualmente podían aplicarse al deporte, al que sólo aludieron. Tanto la corriente de Brohm y Partisans, los reichianos, la primera Escuela de Frankfurt, Vinnai como yo mismo fuimos en cierta medida continuadores, en otro nivel, del famoso aforismo de Marx: “...suspiro de la criatura desdichada, alma de un mundo sin corazón, espíritu de una época privada de espíritu, opio del pueblo” (Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel), hoy tan desdeñado por los posmodernos rehabilitadores de la religiosidad, la magia, la idolatría, y hasta la superstición con tal de que sean populares. El aforismo era, sin embargo, menos esquemático de lo que se pretende, ya que superaba la interpretación ilustrada ingenua del siglo XVIII de la religión como gran patraña tramada por reyes, nobles y curas para un pueblo ignorante. Marx afirmaba, en cambio, que la manipulación era eficaz porque respondía, aunque en forma ilusoria, a los auténticos anhelos de las masas por una forma de espiritualidad.

Es este clima intelectual —al que se agregaron luego otros aportes sobre sociología del deporte de Pierre Bourdieu, Norberto Elías, Eric Dunn

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