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LA EXTRAñA HISTORIA DE MAURICE LYON

Oriol Nolis  

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Fragmento

CAPÍTULO 1

 

 

 

Un gran incendio comienza siempre con un chispazo. Eran casi las ocho de la tarde. Sí, recuerdo que había esperado hasta última hora del atardecer para ir a la librería de viejo. No me entretuve, el tiempo justo para abonar el importe de mi compra y esperar a que el pobre anciano que regentaba el establecimiento terminara de envolver con sumo esmero el libro que acababa de adquirir.

Desde la calle Muntaner a casa hay un buen trecho. Podría haber cogido un taxi, pero me apetecía andar. Mirad: soy este joven de poco más de treinta años en quien la mayoría de mujeres y hombres os fijaríais si pasara por vuestro lado. Aceptadlo, soy un hombre extraordinariamente atractivo, quizá con unas facciones duras pero sin duda armónicamente cinceladas y una mirada del todo irresistible, más propia de Dioniso que de Apolo, como decía cariñosamente Marta.

Por la forma de andar, un observador corriente pensaría que este joven no tiene demasiadas ganas de llegar a su destino. No es que se entretenga mirando los escaparates de las elegantes tiendas que abundan en Barcelona, ni tampoco que busque como otras veces aquel cruce de miradas que podría fácilmente encender la chispa del deseo con cualquiera de los peatones que se cruzan en su camino. Sencillamente, retarda premeditadamente el paso. Fijaos: este joven, que soy yo, hace un esfuerzo enorme para no echar a correr.

No miré la hora, pero debí de llegar a casa cerca de las nueve. El portero ya se había ido y tuve que buscar las llaves para entrar al edificio. Entonces, recibí la primera llamada. Miré la pantalla del teléfono y comprobé que era Pascal, siempre tan inoportuno. La rechacé. A punto de coger el ascensor, se me ocurrió demorar todavía unos minutos más mi llegada a casa subiendo por las escaleras los siete pisos. Superado el último peldaño, el corazón me latía aceleradamente por el esfuerzo realizado, aunque seguramente también por la emoción… Y a pesar de todo, cuando abrí la puerta, dejé tranquilamente el paquete encima de la me

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