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LA FELICIDAD DESPUéS DEL ORDEN (LA MAGIA DEL ORDEN 2)

Marie Kondo

5


Fragmento

Prefacio

 

 

 

La vida solo empieza verdaderamente después de poner orden en la casa. Esta es la razón de que haya dedicado la mayor parte de mi vida al estudio del orden. Y de que desee ayudar a tantas personas como me sea posible a ser ordenadas de una vez para siempre.

Pero esto no significa que debamos deshacernos de multitud de cosas. Ni mucho menos. Si aprendemos a elegir los objetos que nos complacen, podremos alcanzar nuestro estilo de vida ideal.

Si estamos seguros de que algo nos agrada, conservémoslo sin pensar en lo que otros puedan decir. Y aunque sea imperfecto, no importa su apariencia, si lo usamos con cariño y respeto, lo transformaremos en algo inestimable. Si repetimos este proceso de selección, nuestra sensibilidad hacia las cosas acabará siendo una fuente de felicidad. Esto no solo acelera los pasos hacia la adquisición de un sentido del orden, sino que también afina nuestra capacidad para tomar decisiones en todos las áreas de la vida. Cuidar bien nuestras cosas nos hace cuidar bien de nosotros mismos.

 

 

¿Qué cosas nos satisfacen personalmente? ¿Qué otras no?

 

La respuesta a estas preguntas nos da la pista fundamental para llegar a sentirnos receptores del regalo de la vida. Y estoy convencida de que la perspectiva que ganamos a través de este proceso es capaz de iluminar y embellecer no solo nuestro estilo de vida, sino también nuestra vida misma.

Algunas personas me han dicho que no les quedaba casi nada tras deshacerse de las cosas que no les gustaban, y que en ese momento no sabían qué hacer. Esta reacción parece muy común cuando la gente termina de ordenar su ropa. Si esto nos ocurre, no debemos desanimarnos. Lo importante es que lo hayamos notado. La verdadera tragedia es vivir sin nada que nos proporcione felicidad y que no nos demos cuenta de ello. Desde el momento en que terminemos de ordenar nuestras cosas, podremos empezar a añadir nuevas cualidades a nuestro hogar y a nuestra vida.

Solo dos aptitudes son necesarias para conseguir poner orden en nuestra casa: la capacidad de conservar

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