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LA GUERRA DEL FIN DE LOS TIEMPOS

Graeme Wood  

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Fragmento

 

 

 

 

Abu Huraira proclamó: El Mensajero de Dios, con él sea la paz y la bienaventuranza, dijo: «El islam empezó como algo extraño y volverá a ser extraño, como lo fue en el principio. Así que benditos sean los extraños».

Sahih Muslim 1/130

 

Se criaron en casas como la suya. Los criaron padres como él. Y muchas eran niñas, niñas cuya identidad política era total, no eran menos agresivas, ni menos militantes, ni sentían menos atracción por la «acción armada» que los muchachos. Hay algo aterradoramente puro en su violencia y su sed de transformación. Renuncian a sus raíces para tomar como modelos a aquellos revolucionarios que demuestran sus convicciones de manera más despiadada. Fabrican como máquinas imparables la aversión que impulsa su idealismo de hierro. Su rabia es combustible. Están dispuestas a hacer cualquier cosa imaginable para cambiar la historia [...].

Esa era su hija, y era incognoscible. Esta asesina es mía.

 

PHILIP ROTH, Pastoral americana

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adorno

UN COMENTARIO SOBRE LA TERMINOLOGÍA

 

 

 

 

A pesar de que en ocasiones se la trate como tal, la guerra contra el Estado Islámico no es fundamentalmente una batalla por las palabras. Con el objetivo de desacreditarlo e irritarlo, a menudo sus enemigos insisten en referirse a él como «ISIS», «el autodenominado Estado Islámico», «Daesh» o el «Estado anti-Islámico». Todos estos apelativos aún tienen que demostrar que son capaces de surtir algún efecto palpable. «Nos encanta que os dediquéis a debatir sobre si hay que llamarnos “Daesh”, “ISIL” o “ISIS” —me dijo una vez un simpatizante del Estado Islámico—. Mientras estéis entretenidos hablando de eso y no de teología, política u operaciones militares, sabemos que no nos estáis tomando en serio.»

En este libro yo me referiré al «Estado Islámico». A algunos lectores no les gustará mi decisión de emplear el nombre que ellos se dan a sí mismos. Hasta la fecha no hay escritor que haya descubierto un término neutro para etiquetar al Estado Islámico ni sus creencias, y mi elección no supone un respaldo por mi parte. Al hablar de él como «Estado Islámico» no lo estoy apoyando, en la misma medida en que tampoco estaré insinuando que Hizbulah cuenta con el favor divino cuando use su nombre, que significa «el partido de Dios».

El Estado Islámico tiene muchos nombres, y todos ellos describen la misma entidad:

 

• Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIL, por sus siglas en inglés)

• Estado Islámico de Irak y Sham (ISIS, por sus siglas en inglés)

• Daesh o Daʿesh

• Estado Islámico

 

«Sham» es el nombre árabe del Levante, la zona geográfica que abarca aproximadamente los actuales Siria y Líbano y posiblemente Cisjordania y Jordania[1]. Los acrónimos «ISIL» e «ISIS» difieren tan solo en el hecho de que «ISIL» emplea el término inglés para el Levante e «ISIS», el término árabe para el Levante y los ingleses para el resto.

El equivalente en árabe de «Estado Islámico de Irak y Sham» es al Dawlah al Islamiyya fi-l ʿIraq wa-l Sham. Entre los hablantes de árabe, los contrarios al grupo prefieren emplear el término «Daesh», que fonéticamente se parece a otras dos palabras que significan algo como «pisotear» y «basto», «rudo»[2]. La «a» de «Daʿesh» corresponde a la palabra árabe para «islámico» y la «d», a «Estado» (dawlah). El símbolo «ʿ» es la letra árabe ʿayn (ع), que representa un sonido muy particular. (Mi primer profesor de árabe me hacía practicarlo cantando «Angie», de los Rolling Stones. La cuarta vez que Mick Jagger cita el nombre de Angie pronuncia un ʿayn perfecto).

El hecho de llamar «Daʿesh» a dicha entidad no supone en ningún modo negarle su vindicación de ser un Estado islámico. Sin embargo, el término sí resulta irritante para los militantes del Estado Islámico. La etiqueta que ellos prefieren es «Estado Islámico», y han llegado a azotar a gente y amenazarles con cortarles la lengua por decir «Daʿesh». Para el Estado Islámico también resultan aceptables los términos al Dawlah («el Estado») y al Khilafah («el Califato», comandado por un khalifah, un «califa»). Afirman que la entidad conocida como «ISIS» o «ISIL» se disolvió al declararse un califato en junio de 2014 y que a partir de entonces se convirtió en el Estado Islámico.

El Estado Islámico cuenta con su propio arsenal de insultos y elogios. Como grupo sunní radical, reserva en exclusiva el calificativo de «musulmán» a un pequeño grupo de sunníes similares y tiene una visión muy negativa de la teología chií. A otros grupos que se consideran a sí mismos musulmanes, el Estado Islámico no los ve en absoluto como tales; han negado el islam de obra o de creencia y deben arrepentirse o morir.

En primer lugar, los chiíes. El Estado Islámico los considera ex musulmanes, es decir, apóstatas, gente que ha dejado atrás su fe. La ruptura entre sunníes y chiíes tuvo su origen en la cuestión de quién debía suceder a Mahoma como líder de los musulmanes tras su muerte en el año 632. Los chiíes querían seguir a miembros de la familia de Mahoma y los sunníes, elegir a sus líderes entre la comunidad entera de musulmanes, sin dar preferencia a la línea del Profeta. El Estado Islámico afirma que, hasta el día de hoy, los chiíes han «rechazado» el liderazgo legítimo, y los llama rawafidh o rafidha («renegados»). La propaganda del Estado Islámico es clara acerca de estas cuestiones:

 

Los sabios también los llamaron así [a los chiíes] porque los Rāfidah renegaron del imāmah [«liderazgo»] de [los primeros califas su

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