Loading...

LA NUEVA EDUCACIóN

César Bona  

0


Fragmento

1

INVITACIÓN A SER MAESTRO

¿Por qué elegí ser maestro? Porque los maestros podemos abrir puertas y ventanas para que los niños se conviertan en personas plenas, porque está en nuestras manos el empujarles hacia delante para que ellos mismos construyan su presente y su futuro. Podemos hacerles que participen en la sociedad para que nos ayuden a cambiar las cosas. Y para eso también hemos de ofrecerles herramientas. Que sepan cómo expresar una emoción o un pensamiento, que conozcan cómo defender un argumento o aceptar las equivocaciones. Que consigan ser seres resilientes y que esa flexibilidad los transforme en personas más sociales, para poder luchar así por escapar de la individualidad y el egoísmo que, sin darnos cuenta, se convierten muchas veces en parte de nuestra vida.

Subestimamos a los niños constantemente. Llevan a cabo cosas increíbles si se las proponemos. Así, un lunes les animé a retirar los cuadernos de las mesas y prohibí que nadie hablara si no era en verso. Les di algunas pautas y tímidamente comenzaron a expresarse. Estuvimos así toda la semana y, para cuando llegó el viernes, aquello parecía una obra de teatro de Shakespeare. Lo he vivido en carne propia, no se trata de un espejismo: son niños y pueden hacer muchas cosas. Y además tienen una imaginación portentosa, son capaces de ver las cosas de manera diferente si logramos liberarlos de tantas reglas que se imponen en las escuelas. Precisamente por eso su participación en la sociedad resulta tan valiosa. Trabajemos el respeto a las demás personas pero también hacia ellos mismos; respeto al lugar donde viven y a los seres con quienes lo comparten. Es nuestra obligación convertirlos en ciudadanos globales, prepararlos para los retos que la vida les presentará. Las Matemáticas, el Inglés, etc., deberían dirigirse hacia ese camino, es decir, a facilitarles la vida y no a convertirse en meros objetivos de evaluación.

Los maestros llevamos unas gafas mágicas que olvidamos quitarnos a veces. Nuestra visión de la educación, de los niños y del mundo en general, suele ser excesivamente didáctica. Nos parece que todo ha de estar enfocado para enseñar cosas a los niños. Y es así, pero tampoco hemos de forzarlo. En la infancia aprendemos por curiosidad, una curiosidad innata que nos acompaña a lo largo de nuestra vida, pero que muchos dejan de lado conforme crecen. No hay más. En las escuelas nos empeñamos en enseñarles en lugar de invitarles a aprender. Estimular esa curiosidad a diario debería ser obligatorio para todos aquellos que quieran ser maestros.

Debemos aguijonear esa curiosidad, desde luego, pero también transformarnos nosotros mismos en una persona curiosa, con deseos de aprender de todo lo que nos rodea. Un maestro no solo se forma en los cursos homologados por no-sé-quién. Un maestro, una maestra debe atesorar en su interior una máquina de búsqueda repleta de preguntas: por qué, cómo es posible, de dónde, cuánto... ¿Y por qué no aprender con los alumnos, es decir, que sean ellos quienes nos enseñen a nosotros? Ésa es otra de las claves que me guían. Recordemos que si existe algo que le gusta a un niño es sentirse investigador. Aprovechemos para que nos enseñen cosas que desconocemos. Los niños y las niñas pueden sorprendernos, dejémosles espacio para que den un paso adelante.

Te reto a dar a conocer tus

Sigue leyendo y recibe antes que nadie historias como ésta