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LA OTRA PARTE DE Mí

Fernando Jaso  

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Fragmento

 

Si la felicidad no era eso, entonces debía de parecerse muchísimo.

Inspiró hondo y abrió los ojos. Encima de él tenía el cielo más bonito que había visto nunca, teñido de esos rojos y morados que solo ofrece el sol al atardecer, justo antes de ocultarse hasta el día siguiente. Debajo, el mar estaba quieto, en calma absoluta, precioso en esa hora en la que todavía guarda la poca luz que le queda al día. Delante, un horizonte limpio y despejado, lleno de buenas vibraciones y promesas susurradas por la brisa que llegaba desde algún rincón lejano del mundo.

Una auténtica maravilla.

Hacía tiempo que quería darse un respiro. Llevaba un año de lo más ajetreado y necesitaba disfrutar de unos días de relax. Mantener diariamente sus redes sociales y todas esas pequeñas aventuras cotidianas que hacen que a final de año estemos todos cortos de batería le habían dejado hecho polvo. Pero ahora se sentía tranquilo, en paz. Había

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