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LA REGENTA (LOS MEJORES CLáSICOS)

Leopoldo Alas «Clarín»  

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Fragmento

INTRODUCCIÓN

1. PERFILES DE LA ÉPOCA

Tres acontecimientos fundamentales de la historia del siglo XIX fueron vividos por Clarín, e incidieron en su pensamiento y en su obra: la revolución liberal de 1868 (que le hizo ver los atractivos del liberalismo reformista), la contraofensiva que supuso la restauración monárquica del año 75 (que desató sus acerbas críticas; consúltese su folleto Cánovas y su tiempo) y, por último, la definitiva liquidación de las provincias de ultramar, como la prueba evidente del fracaso de una burguesía que había propiciado —timorata ella— la monarquía frente al exiguo trienio republicano, momento en el que los últimos escritos clarinianos se alinean perfectamente con los textos de los “regeneracionistas del Noventayocho”.

Los primeros años de la Restauración (1877-1880) considerados desde una ciudad de provincias (Vetusta) fueron el referente cronológico elegido por Clarín para conformar el contexto sociohistórico de su gran novela. Así podía afirmar el historiador Tuñón de Lara que “Vetusta no es solo Oviedo, sino España entera en los tiempos de Cánovas” (Medio siglo de cultura española (1855-1936). Madrid, Tecnos, 1970). Y por ello no faltaron, desde el comienzo, las lecturas simbólicas de la historia de Ana Ozores y de sus conciudadanos, y para lectores cualificados, como Galdós, los diversos personajes de la novela vendrían a representar sucesivamente la contradictoria España del momento (Ana), la Iglesia dividida entre el carlismo y la afección a la rama reinante, pero con su renovada ambición de poder temporal (Fermín), el avance del materialismo positivista y el pragmatismo político emparentados con la práctica caciquil (Alvaro), los valores ya caducos de la tradición ajena (Quintanar) y el rechazo o ridiculización del librepensamiento ateo o de la fe en el hombre natural (Guimarán, Crespo).

En aquellos años de alternancia gubernativa entre el partido de Cánovas y el de Sagasta, el articulista Clarín había sido contrario a los argumentos que habían propiciado la Restauración borbónica, y por ello (como republicano convencido que era) analiza en su monumental novela los males y defectos de esa nueva sociedad —surgida del fracaso de la revolución liberal del 68— en el marco de la vida provinciana. No en vano hace representantes respectivos de los dos partidos mayoritarios que se repartieron alternativamente el poder en aquellos años a don Alvaro Mesía (jefe de filas de los liberales en aquella circunscripción) y al superficial y trasnochado Marqués de Vegallana (representante de los conservadores) en un mutua connivencia que igualmente los desautoriza en su efectividad política.

Un breve, pero ya clásico, ensayo sobre el contexto histórico al que remite la novela de Clarín, escrito por el hispanista Jean Becarud (1964), señalaba de forma muy clara cómo en la novela se reflejan los aspectos sociológicos más importantes de lo que llamamos “Restauración”, época en la que —como ya había señalado el intelectual Marañón— la vida provinciana era la perspectiva fundamental desde la que habíase de encuadrar la mayoría de aspectos de la vida española del último cuarto del siglo XIX, entre el pronunciamiento de Sagunto y la pérdida de Cuba y Filipinas. Y Clarín, como afirma Becarud, supo “caracterizar perfectamente, a lo largo de su libro, las esferas sociales bien definidas que componen la ciudad, esferas debidamente jerarquizadas con su peculiar modo de comportarse e incluso su habitat especial”.

En efecto, la radiografía social de Vetusta viene a ser un exacto reflejo de la radiografía social de la España de la Restauración en la mayoría de las cabeceras de provincia. Así notamos la prevalencia social del alto clero, puesto que la monarquía de Alfonso XII tendió a compensar la posición de la Iglesia después de los reveses sufridos en los años de la revolución del 68 y el trienio republicano (posición relevante e influyente que los clérigos aumentaban desde la incidencia personal y familiar de los confesonarios) teniendo en cuenta, además, el control electoral que el clero ejercía en los medios rurales, lo que llevaba aparejada también una considerable disminución del anticlericalismo, antes tan virulento, de modo que, en la novela, ese anticlericalismo casi se limita —amén de ocasionales murmuraciones en el Casino— a los dicterios de un pobre viejo enloquecido y borracho, que es la imagen “pública” de don Santos Barinaga, y a la manifestación que acompaña su entierro, presidido por el ateo oficial Guimarán. Por todas esas razones el clero, especialmente el alto clero que integra el cabildo catedralicio de Vetusta, ocupa en la mayoría de las ocasiones y ámbitos el culmen de aquella sociedad provinciana, cuya actividad pública está organizada por el reloj de las festividades litúrgicas y las ceremonias de los templos. Y, en consecuencia, es el sector eclesial —desde el buen obispo Camoirán hasta el retorcido arcediano Mourelo— el mejor reflejado en la novela, puesto que se trata del entorno inmediato en el que ha surgido y triunfa el provisor de Pas. Junto al clero, la clase civil dirigente —los Carraspique, los Vegallana— es la que, ubicada en el barrio de La Encimada, se agrupa en torno al centro neurálgico de la catedral, y reproduce la tibia alternancia política del país entre los correligionarios canovistas y los sagastinos, pero de una forma harto superficial, pues lo que sus respectivos representantes hacen realmente es repartirse el poder y el prestigio en la zona, como si fuesen dos simples caciques, la endémica figura de gobierno político periférico que trajo consigo la Restauración. Los salones de las casas principales de la ciudad comparten con el templo catedralicio el espacio preferido de reunión de los vetustenses de pro, que a veces cambian por el paseo del Espolón o por los palcos del teatro. Esa aristocracia gobernante es imitada por una creciente burguesía (dentro de la que se ubican los enriquecidos y regresados emigrantes americanos, los “indianos”) que en sus diversos tipos (industriales, comerciantes, altos funcionarios, militares) tiene mucha menor presencia en la novela que el alto y ambicioso clero y la aristocracia ociosa y en buena parte inoperante. Acomodados burgueses y orgullosos aristócratas que buscan comunes espacios de encuentro, como por ejemplo el Casino vetustense, otro de los lugares importantes en los que se sitúa la acción de esta novela. Y, finalmente, el sector popular es el que apenas tiene presencia en la narración, salvo algunos personajes muy concretos, aunque representa el único sector activo y revolucionario de la ultraconservadora Vetusta. Y los que merecen la breve, pero intensa, consideración de Clarín son gentes que inician el tránsito del viejo republicanismo revolucionario de los mayores a los inicios de un socialismo de clase de los más jóvenes.

2. CRONOLOGÍA

AÑO

AUTOR-OBRA

HECHOS HISTÓRICOS

HECHOS CULTURALES

1852

Nace en Zamora.

Se inicia el Segundo Imperio francés con la proclamación de Napoleón III. El cura Merino atenta contra Isabel II.

Se abre al público L'Ermitage. Se estrena La dama de las camelias de A. Dumas.

1854

Traslado a León, en donde empieza sus estudios con los jesuitas.

Fundación de la Unión Liberal. Guerra de Crimea. Pronunciamiento de O'Donnell e inicio del "Bienio Progresista".

Dickens: Tiempos difíciles. Saenz del Río difunde el krausismo.

1859

El niño Leopoldo Alas vive por vez primera en Oviedo.

Proclamación de la república en México. Guerra española con Marruecos.

Darwin: El origen de las especies. Guerra española Primeros "Juegos Florales" en Barcelona.

1865

Traslado a Guadalajara por razones familiares.

Sucesos de la noche de San Daniel. Asesinato de Lincoln y final de la guerra de Secesión.

Investigaciones sobre la herencia de Mendel. Tolstoi: Guerra y paz.

1868

Redacción del periódico manuscrito Juan Ruiz de diverso contenido.

Derrocamiento de Isabel II y gobierno de Prim.

Dostoievski: El idiota. Marx: El capital.

1871

Traslado a Madrid para cursar el Doctorado en la Universidad Central.

Llegada a España de Amadeo de Saboya.

Zola: Les Rougon-Macquart. Bécquer: Obras.

1875

Empieza a usar el seudónimo "Clarín" en el periódico madrileño El Solfeo.

Inicio de la Restauración.

Estreno de Carmen de Bizet. Descubrimiento de las cuevas de Altamira. Núñez de Arce: Gritos del Combate.

1878


Se doctora con la defensa de la tesis El Derecho y La moralidad, dirigida por F. Giner de los Ríos. Se le niega la cátedra de Economía Política de la Uni

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