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LA TRAICIóN DE ROMA (TRILOGíA AFRICANUS 3)

Santiago Posteguillo  

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Fragmento

Contenido

Agradecimientos

Información para el lector

Dramatis personae

Libro I. El triunfo de Escipión

1. Memorias de Publio Cornelio Escipión, Africanus (Libro I)

2. El regreso a Roma

3. La semilla de cebada o de trigo

4. La respuesta del Senado

5. El recuerdo de Nevio

6. El triunfo de Escipión

7. La sombra de Aníbal

8. La roca Tarpeya

9. El círculo de Catón

10. La pequeña Cornelia

11. El nacimiento de Jepri

Libro II. La profecía

12. Memorias de Publio Cornelio Escipión, Africanus (Libro II)

13. La profecía

14. El faraón niño

15. El descubrimiento de Epífanes

16. Los hijos del general

17. La sangre de Egipto

18. El asedio de Sidón

19. La subida de impuestos

20. Memorias de Publio Cornelio Escipión, Africanus (Libro II)

21. El nuevo censor de Roma

22. El edil de Roma

23. Un nuevo Escipión

24. El pretor de Cerdeña

25. La invasión de Asia Menor

Libro III. El ascenso de Catón

26. Memorias de Publio Cornelio Escipión, Africanus (Libro III)

27. El nuevo sufete de Cartago

28. El edicto del faraón

29. La lex Oppia y la amenaza de África

30. El apresamiento de Aníbal

31. Memorias de Publio Cornelio Escipión, Africanus (Libro III)

32. El príncipe de los ilergetes

33. La boda del faraón

34. La crueldad de Catón

35. Una carta para Roma

36. Un interrogatorio

37. El juramento de Aníbal

38. La batalla de Emporiae

39. Avance hacia el sur

40. El corazón de Hispania

41. El segundo consulado

42. Memorias de Publio Cornelio Escipión, Africanus (Libro III)

43. Una tarde en Éfeso

Libro IV. La campaña de Asia

44. Memorias de Publio Cornelio Escipión, Africanus (libro IV)

45. El foro Boario

46. El juicio contra Catón

47. Memorias de Publio Cornelio Escipión, Africanus (Libro IV)

48. La carta secreta

49. Los enemigos de Roma

50. La rebelión de Cornelia

51. Una entrevista con Filipo

52. El Consejo de Escopas

53. Lelio contra Catón

54. El último consejo de Epífanes

55. El salio

56. La caza de un Escipión

57. La venganza de Aníbal

58. El árbol caído

59. El mensaje de los dahas

60. La hetera de Abydos

61. Los emisarios de Antíoco

62. La propuesta de Atilio

63. La decisión de Aníbal

64. El regreso de entre los muertos

65. Noticias de Asia

Libro V. La batalla de Magnesia

66. Memorias de Publio Cornelio Escipión, Africanus (Libro V)

67. La retirada de Africanus

68. El plan de Aníbal

69. El amanecer en Asia

70. Una colina

71. La batalla de Magnesia

72. La carta de Graco

73. El final de la batalla

74. El regreso del gran rey

75. El retorno desde el río Frigio

76. Coracesium

Libro VI. El juicio de Escipión

77. Memorias de Publio Cornelio Escipión, Africanus (Libro VI)

78. La vida privada de Publio

79. La victoria de Pérgamo

80. El triunfo de Lucio

81. El oro de Casio

82. El hijo de Lelio

83. Un fugitivo en Creta

84. Los puerros de Catón

85. El destino de Antíoco

86. Por quinientos talentos

87. El último gran viaje de Aníbal

88. Las caricias de Areté

89. La pregunta de Spurino

90. La victoria de Publio

91. Iudicium populi: primer día

92. Una nueva ciudad en los confines del mundo

93. Iudicium populi: segundo día

94. La última batalla de Aníbal

95. Memorias de Publio Cornelio Escipión, Africanus (Libro VI)

96. La venganza de Catón

97. El guardián del Nilo

98. Un extraño vacío

99. Un nuevo tribunal

100. La orden de Graco

101. El regreso de Publio

102. Las dudas de Graco

103. Camino de la cárcel

104. Una apelación desesperada

105. Un túnel

106. Un puñal en la noche

107. Los dioses de Egipto, los dioses de Roma

108. Un mensaje difícil de entregar

109. Un pacto de sangre

110. La noche más larga

111. Memorias de Publio Cornelio Escipión, Africanus (Libro VI)

112. La votación final

Libro VII. El crepúsculo de los generales

113. Memorias de Publio Cornelio Escipión, Africanus (Libro VII)

114. Una pregunta furtiva

115. La partida

116. La noche de bodas de Cornelia menor

117. El retiro del héroe

118. La última audiencia de Prusias

119. Las memorias de Escipión

120. La Basílica Porcia

121. La petición de Cornelia

122. La última tarde de teatro

Libro VIII. La muerte de los héroes

123. Memorias de Publio Cornelio Escipión, Africanus (Libro VIII)

124. Los lemures del pasado

125. Una copa frente al mar

126. Las últimas visitas

127. La victoria de Catón

128. El atardecer en Literno

129. Una petición a Cornelia

130. El fin de la representación

131. El viaje de Lelio

132. A orillas del Nilo

133. Un discurso en el Senado

134. Una extraña visita

Epílogo. Año 48 a.C.

El incendio de Alejandría

Apéndices

Nota histórica

Glosario

Árbol genealógico de Publio Cornelio Escipión, Africanus

La corte de Antíoco III de Siria y su árbol genealógico

Listado de cónsules de Roma

Mapas

Bibliografía

Notas

Agradecimientos

Una novela de esta extensión no es posible sin la ayuda de muchas personas del pasado y del presente. Gracias a todos los historiadores clásicos por ocuparse de tomar nota detallada de su tiempo y gracias a todos los historiadores modernos por sus estudios, su trabajo y su dedicación.

Gracias a mi familia: a mi esposa y mi hija por ceder parte de su tiempo para que pudiera seguir escribiendo, con frecuencia, más allá de lo racional y por resistir mis historias de la antigua Roma durante semanas, meses, años y seguir queriéndome como compañero o como padre. Gracias a mi madre Amparo, a mi padre Isidro, y a Melinda y a Pedro y al resto de mi familia por apoyarme.

Gracias a Javier por su paciencia al leer un primer borrador de esta novela y compartir conmigo sus impresiones que, sin duda, han ayudado a mejorar el texto final. Gracias a Carlos García Gual (catedrático de Griego de la Universidad Complutense de Madrid), Salvador Pons (catedrático de Lengua Española de la Universidad de Valencia) Alejandro Valiño (catedrático de Derecho Romano de la Universidad de Valencia), Jesús Bermúdez (catedrático de Latín de la Universitat Jaume I) y a Rubén Montañés (profesor asociado de Griego de la Universitat Jaume I) por su ayuda, su tiempo y su paciencia con todas mis dudas, por revisar o proporcionar traducciones, por sugerirme documentación y bibliografía o por indicar modificaciones y correcciones. Los aciertos que pueda encontrar el lector en esta novela se deben en gran medida a la ayuda de estas personas; los errores que pudiera haber son sólo responsabilidad del autor.

Gracias a todo el equipo editorial de Ediciones B, a Faustino Linares, a Ricardo Artola y Ramón Ribó, a Verónica Fajardo, a Carmen Romero, Desirée Baudel, Francisco Navarro y Andrés Laína; a Samuel Gómez por las magníficas cubiertas, y a Antonio Plata por el diseño de los mapas, y a todas las personas involucradas en la edición y la promoción de la novela; y gracias a los comerciales por su distribución y a todo el resto de departamentos de la editorial, ya que todos, de una forma u otra, están contribuyendo a la difusión de las tres novelas de la trilogía sobre Escipión. Gracias también a José Sanz por mantener y diseñar la web www.santiagoposteguillo.es. Además, un millón de gracias a los libreros y a los miles de lectores cuyo creciente interés en mis relatos ha hecho que éstos se conozcan y se difundan cada vez más.

Y un agradecimiento muy especial a Lucía Luengo, mi editora, por creer en mí como escritor y por tener fe en esta trilogía desde un principio muy por encima de mis propias expectativas. Gracias también a Alberto por sugerir el capítulo 133.

Y no seré yo quien le traicione una vez más: gracias a Publio Cornelio Escipión por existir y por tener una historia tan absolutamente extraordinaria que contar.

Información para el lector

El contenido de las memorias de Publio Cornelio Escipión aquí reproducido es una recreación elaborada por el autor de esta novela sobre los pensamientos íntimos de este gran personaje de la historia de Roma. Esta recreación es fruto de la imaginación del escritor, pero fundamentada en una escrupulosa investigación sobre la figura pública y privada de Publio Cornelio Escipión; por otra parte, los hechos históricos referidos —batallas, sesiones del Senado de Roma, negociaciones entre diferentes reinos del mundo antiguo, juicios públicos, etcétera— así como la mayoría de los personajes, son reales. Hay acontecimientos que están entre la historia y la leyenda y hay vacíos en la vida privada de Escipión que ha sido preciso completar por el autor de forma coherente con las costumbres y tradiciones de la época que se describe para mantener la trama del relato.

Publio Cornelio Escipión escribió sus memorias y, con toda probabilidad, lo hizo en griego, la lengua de comunicación y cultura más importante de su tiempo. Estas memorias se han perdido. ¿Cómo se perdieron? Se desconoce. Esta novela reconstruye fragmentos de esas memorias y, al tiempo, describe la parte más desconocida de la vida de Escipión y su familia, de la vida de Aníbal y otras grandes figuras de la Roma republicana como el senador y censor Catón, el dramaturgo Plauto u otros importantes senadores como Tiberio Sempronio Graco, o legendarios reyes de la época como el monarca Antíoco III de Siria, el rey Filipo V de Macedonia o el rey Eumenes de Pérgamo, entre otros muchos personajes que constituían el complejo universo del Mediterráneo a principios del siglo II a.C. Cabe indicar que al final de la novela se incorporan apéndices con un glosario, mapas y otros datos que pueden complementar la lectura de esta historia. Sólo queda dar la bienvenida al lector tal y como el propio Plauto haría al principio de una de sus representaciones:

Salvere iubeo spectatores optumos,

fidem qui facitis maxumi, et vos Fides (...)

vos omnes opere magno esse oratos volo,

benigne ut operam detis ad nostrum gregem.

eicite ex animo curam atque alienum aes

ne quis formidet flagitatorem suom:

ludi sunt, ludus datus est argentariis;

tranquillum est, Alcedonia sunt circum forum:

ratione utuntur, ludis poscunt neminem,

secundum ludos reddunt autem nemini.

aures vocivae si sunt, animum advortite:

[¡Salud al mejor de los públicos que tiene en tal alta estima a la Buena Fe y la Buena Fe lo tiene a él! (...) A vosotros todos quiero pediros encarecidamente que seáis amables y prestéis atención a nuestra compañía. Desterrad de vuestro espíritu las preocupaciones y, sobre todo, olvidaos de las deudas: que nadie tema a sus acreedores. Son días de fiesta; también lo son para los banqueros. Todo está en calma; en torno al foro se celebran las alcionias. Ellos (los banqueros) piensan con la cabeza: durante las fiestas no reclaman nada a nadie para, después de las fiestas... tampoco devolver nada a nadie.

Ahora, si vuestros oídos y ojos están desocupados, atended y leed con sosiego.][1]

PLAUTO

de su obra Casina, versos 1-2 y 21-30

roma.tif

Dramatis personae

Publio Cornelio Escipión, Africanus, protagonista de esta historia, general en jefe de las tropas romanas destacadas en Hispania y en África, edil de Roma en 213 a.C., cónsul en 205 a.C., procónsul en 204, 203 y 202 a.C., censor del año 199 al 195 a.C., cónsul de nuevo en 194 a.C. y princeps senatus

Emilia Tercia, hija de Emilio Paulo, mujer de Publio Cornelio Escipión

Lucio Cornelio Escipión, hermano menor de Publio Cornelio Escipión, cónsul en 190 a.C.

Cayo Lelio, tribuno y almirante bajo el mando de Publio Cornelio Escipión y cónsul en 190 a.C.

Cayo Lelio (Sapiens), hijo de Cayo Lelio

Lucio Emilio Paulo, hijo del dos veces cónsul Emilio Paulo, caído en Cannae; cuñado de Publio Cornelio Escipión

Cornelia mayor, hija de Publio Cornelio Escipión

Publio, hijo de Publio Cornelio Escipión

Cornelia menor,[2] hija pequeña de Publio Cornelio Escipión

Icetas, pedagogo griego

Lucio Quincio Flaminino, pretor en 199 a.C. y cónsul en 192 a.C.

Acilio Glabrión, pretor en 196 a.C. y cónsul en 191 a.C.

Silano, tribuno al servicio de Escipión

Domicio Ahenobarbo, pretor en 194 a.C. y cónsul en 192 a.C.

Publio Cornelio Escipión Násica, cónsul en 162 y en 155 a.C.

Marco, proximus lictor al servicio de Escipión

Atilio, médico de las legiones romanas

Areté, hetera de Abydos

El padre de Areté

Tiresías, un médico de Sidón

Laertes, esclavo espartano, atriense en casa de los Escipiones

Netikerty, esclava egipcia

Jepri, hijo de Netikerty

Casio, mercader romano en Alejandría

Marco Porcio Catón, quaestor en 204 a.C., pretor en 198 a.C., cónsul en 195 a.C. y censor del año 184 al 179 a.C.

Quinto Petilio Spurino, tribuno de la plebe en 187 a.C., pretor en 181 a.C. y cónsul en 176 a.C.

Lucio Valerio Flaco, pretor en el 199 a.C., cónsul en 195 a.C. y censor en 184 a.C.

Lucio Porcio Licino, pretor en 193 a.C. y cónsul en 184 a.C.

Quinto Petilio, tribuno de la plebe en 187 a.C.

Quinto Fulvio, cónsul en 237, 224 y 209 a.C y pretor en 215 y 214 a.C.

Craso, centurión de las legiones urbanae

Tiberio Sempronio Graco, tribuno de la plebe en 184 a.C., pretor en 180 a.C. y cónsul en 177 y el 163 a.C.

Helvio, pretor en Hispania

Marco Claudio Marcelo, legado romano

Quinto Terencio Culeón, legado romano

Cneo Servilio, legado romano

Sulpicio Galba, embajador romano

Publio Vilio Tápulo, embajador romano

Publio Aelio, embajador romano

El príncipe de los ilergetes, hijo del rey Bilistage en Hispania

Megara, hijo del rey de Numancia

El rey de Numancia

Tito Macio Plauto, escritor de comedias y actor

Aníbal Barca, hijo mayor de Amílcar, general en jefe de las tropas cartaginesas durante la segunda guerra púnica

Maharbal, general en jefe de la caballería cartaginesa bajo el mando de Aníbal

Imilce, esposa ibera de Aníbal

Hanón, jefe del Consejo de Ancianos de Cartago

Giscón, general cartaginés

Sífax, númida de los maessyli, antiguo rey de Numidia

Masinisa, númida de los maessyli, rey de Numidia

Escopas, strategos etolio

Filipo V, rey de Macedonia

Antíoco III, rey de Siria y señor de todos los reinos del Imperio seléucida

Epífanes, consejero del rey Antíoco III

Seleuco, hijo del rey Antíoco III

Toante, general de Siria

Antípatro, general de Siria, sobrino del rey Antíoco III

Filipo, general de Siria

Minión, general de Siria

Heráclidas, consejero del rey Antíoco III

Ptolomeo V, rey de Egipto

Agatocles, consejero de Ptolomeo V

Cleopatra I, hija de Antíoco III, esposa de Ptolomeo V de Egipto

Eumenes II, rey de Pérgamo

Prusias, rey de Bitinia

Artaxias, general del ejército seléucida

Polibio, político e historiador de origen aqueo

Aristófanes de Bizancio, sexto gran bibliotecario de la biblioteca de Alejandría

LIBRO I

EL TRIUNFO DE ESCIPIÓN

Año 201 a.C.

(año 553 ab urbe condita, desde la fundación de Roma)

Pace terra marique parta, exercitu in naues imposito in Siciliam Lilybaeum traiecit. inde magna parte militum nauibus missa ipse per laetam pace non minus quam uictoria Italiam effusis non urbibus modo ad habendos honores sed agrestium etiam turba obsidente uias Romam peruenit triumphoque omnium clarissimo urbem est inuectus.

[Una vez asegurada la paz por tierra y por mar, (Escipión) embarcó las tropas y se trasladó a Lilibeo, en Sicilia. Desde allí mandó en barco una gran parte de las tropas y él llegó a Roma atravesando una Italia exultante por la paz tanto como por la victoria: las ciudades se vaciaban para rendirle honores, y los campesinos en masa flanqueaban los caminos; entró en la ciudad en el desfile triunfal más famoso de los celebrados.][3]

TITO LIVIO,

Ab urbe condita, libro XXX, 45

1

Memorias de Publio Cornelio Escipión, Africanus (Libro I)

Dunatwvtatoς mevn, prodotovtatoς de; ajnh;r ejgenovmhn...

[He sido el hombre más poderoso del mundo, pero también el más traicionado.][4] La maldición de Sífax se ha cumplido. Hubo un momento en el que pensé que mi caída era imposible. El orgullo y los halagos con frecuencia nublan nuestra razón. Luego empecé a temer por mi familia. Entonces aún creía que, si yo caía, mi caída arrastraría a toda Roma. Luego comprendí que mis enemigos me habían dejado solo. Al fin llegó la humillación más absoluta. Lo que ningún extranjero consiguió en el campo de batalla, lo alcanzaron desde la propia Roma mis enemigos en el Senado: ellos me derribaron, sólo ellos fueron capaces de abatirme para siempre. Sé que están contentos y sé que Roma me olvidará durante largo tiempo, ellos creen que para siempre, pero llegará un día, quizá no ahora, sino dentro de quinientos o mil años, llegará un día en que un general de Roma, en las lindes de nuestros dominios, sintiendo las tropas del enemigo avanzar sin freno arrasándolo todo a su paso, se acordará de mí y me eche de menos. Entonces me buscarán, entonces querrán mi consejo. Pero ya todo se habrá perdido y será demasiado tarde. Mi espíritu vagará entonces en el reino de los muertos y contemplaré la caída de Roma con la indiferencia del exiliado.

Pero todo relato debe empezar con orden o, de lo contrario, no se entenderá nada y es crucial que se sepa lo que ocurrió tras la batalla de Zama, que se tenga conocimiento preciso de los acontecimientos que se sucedieron desde aquella victoria hasta el final de mis días.

Mi nombre es Publio Cornelio Escipión. He sido edil, dos veces cónsul, censor y princeps senatus de Roma. Siempre he servido a mi patria con orgullo y lealtad. Debo admitir que nunca pensé en escribir unas memorias. Creo que en mi vida ha habido sucesos sobresalientes, algunos de ellos referidos por poetas y que pensé que, sin duda, quedarían en los anales de la historia, pero las circunstancias actuales han llegado a tal extremo que he considerado necesario que yo mismo deje por escrito mis pensamientos sobre todo lo ocurrido en estos últimos años en Roma, un tiempo en el que nuestra ciudad ha pasado de ser un centro importante en Italia a convertirse en la capital de un inmenso imperio, un imperio al que yo no veo límites claros aún. Todo esto no habría sido posible sin mi contribución al Estado. Mis trabajos han sido notables, mi esfuerzo ímprobo, el precio que he pagado desolador. He perdido a mi padre y a mi tío, las dos personas que más me enseñaron en esta vida, en aras de una larguísima guerra a la que yo mismo puse fin. Y he sufrido en mi propia descendencia el pavor que provoca la guerra. Y, después, he terminado enfrentándome con todos los que me quieren y a todos he hecho daño. Esto, sin duda, es lo que más me duele.

He conquistado Hispania, ciudad a ciudad, empezando por la inexpugnable Cartago Nova. En aquel país derroté uno tras otro a tres ejércitos púnicos. Recuperé para el combate a las legiones V y VI y con ellas me atreví a lo que todos consideraban una locura: me adentré en África y, al contrario de lo que ocurrió con Régulo y sus legiones, yo salí victorioso de la empresa, derrotando uno tras otro al general Giscón, al rey Sífax de Numidia y al mismísimo Aníbal, pero todo a costa de perder a mis mejores oficiales en el campo de batalla. Pese a ese nuevo sacrificio, tras ello continué sirviendo al Estado en innumerables trabajos que requerían de mi experiencia, ya fuera en negociaciones con reyes extranjeros o en el campo de batalla en lejanas tierras donde se ponía en peligro nuestra red de alianzas para mantener a Roma fuerte y segura frente a los avatares de reyes ambiciosos y belicosos, siempre acechantes y deseosos de apoderarse de nuestros territorios.

Tras la batalla de Zama pensé que sería respetado en Roma de forma perenne, constante, inquebrantable. Y, sin embargo, ¡qué azaroso y voluble es el pueblo romano y más aún cuando es manipulado por senadores cegados por el odio y la envidia! Ahora, desde la lejanía, veo llegado el momento de poner en claro los acontecimientos que ocurrieron tras la batalla de Zama. He de remontarme más de quince años atrás de la fecha actual. Escribo en el año 569 desde la fundación de Roma,[5] pero sólo remontándome al pasado se puede entender lo que ocurre hoy conmigo y lo que acontece en Roma. Sé que Catón se esforzará en borrar toda huella mía y sé que pondrá todo su empeño en que sólo quede en los anales de Roma su versión de todos estos hechos; es probable que intente acabar también con los poetas que alaben mis hazañas, por eso escribo estas memorias y por eso lo hago en secreto, porque no quiero que nadie sepa que estoy plasmando por escrito todo lo que ha ocurrido, no por ahora, no hasta que decida el momento y la persona a la que deba desvelar este preciado secreto. Y escribo en griego, para que mis pensamientos queden preservados para el mayor número de personas que en el futuro puedan acceder a estos humildes rollos de historia.

Empezaré mi relato de los sucesos.

Tras Zama todos pensamos en Roma que el peligro de Aníbal estaba conjurado para siempre y, más aún, pensamos incluso que Roma era ya indestructible, pues si habíamos sobrevivido a Aníbal, nada peor podía desafiarnos. ¡Qué equivocados estábamos! ¡Qué soberbia es la ignorancia del ser humano! Pero estoy dejándome llevar por los sentimientos y no debo anticipar acontecimientos o mi relato quedará confuso. No. He de ser meticuloso. Después de la victoria de Zama, meses antes de la batalla de Panion, cuando aún estaba en África, recibí la que pensé que debía ser la última mala noticia que escucharía en mi vida sobre mi familia: Pomponia, mi querida, amada y respetada madre había muerto. Tuve el consuelo de saber que conoció por boca de mi hermano y de mi esposa la victoria que había conseguido en Zama. Fue doloroso saber de su muerte y más aún estando en el extranjero, pero que los padres mueran forma parte del curso natural de la vida y, de un modo u otro, estamos preparados para ello. Lo que nadie puede soportar es ni tan siquiera la posibilidad de que el curso natural de las cosas se trastoque. Una vez más divago.

(Debo revisar esta referencia a mi madre cuando la fiebre remita.)

Tras Zama, desde el punto de vista político, todo marchaba bien para mi familia, muy bien, demasiado bien. La verdad es que me alegro de que mi madre no tuviera que presenciar la traición de Roma.

2

El regreso a Roma

1 año antes de la batalla de Panion.

Viaje desde África hasta el sur de Italia.

Marzo a julio de 201 a.C.

Publio Cornelio Escipión se había convertido en el hombre más poderoso de Roma, en el más alabado, en el más temido. Mientras, en Oriente, Filipo V de Macedonia, el Egipto tolemaico y el cada vez más temible Antíoco de Siria iniciaban un larga guerra por el control de Fenicia, Grecia y el mar Egeo, pero en Roma todo aquello quedaba lejos, distante, y lo que importaba era que Escipión, tras su victoria absoluta sobre Aníbal y la conquista de África, era aclamado por sus legiones, por sus oficiales, por toda Italia con el sobrenombre de Africanus y reconocido como el mejor general de todos los tiempos. Era la primera vez que un general romano adquiría el sobrenombre de un territorio conquistado, una costumbre que luego copiarían otros muchos hombres de menos mérito y también los emperadores de siglos posteriores.

Publio Cornelio Escipión, Africanus, zarpó desde Útica en el norte de África con gran parte de su ejército, una vez sellada la paz con Cartago. El general romano inició su regreso a Roma recalando primero en Lilibeo, en la costa occidental de Sicilia. Ya allí fue recibido como un héroe por u

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