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LA URNA ROTA (LIBROS PARA ENTENDER LA CRISIS)

Politikon  

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Fragmento

 

Introducción

La sociedad española está pasando por momentos muy duros. El paro ha alcanzado máximos históricos, el desempleo estructural crece, cada vez hay más jóvenes que ni estudian ni trabajan, aumentan las desigualdades, las familias sufren para llegar a fin de mes y se han reducido los recursos públicos, las becas y la cobertura sanitaria. Es probable que estemos frente a la crisis económica más severa de la democracia.

Como no podía ser de otra manera, estas dificultades han tenido su correlato en el descontento con el sistema político. La insatisfacción de la ciudadanía hacia nuestros gobernantes ha alcanzado cotas sin precedentes y el desencanto hacia la política en España es general. Por primera vez «la política» aparece sostenidamente como el tercer motivo de preocupación en los sondeos, y todas las instituciones, incluso las más valoradas, están en caída libre. La llegada de la crisis ha hecho que la ciudadanía señale a los políticos como los responsables últimos de nuestra situación y parece evidente que tras la primavera de la burbuja ha llegado el invierno del descontento.

Por supuesto, esta reacción no es algo excepcional. Un repaso a los datos históricos sobre la percepción de la economía y la satisfacción política no tardará en demostrar que ambos suelen ir de la mano. Cuando la economía va bien, los ciudadanos valoran mejor a sus políticos; cuando la cosa va mal, los hunden en los infiernos. Esta lección es tan vieja como el antiguo Egipto, donde los faraones rezaban para que el río Nilo tuviera una buena crecida. Una mala cosecha, rara vez responsabilidad suya, podía hacer que sus súbditos considerasen que el gobernante había perdido el favor divino y que tocaba echarlo del trono. Siguiendo esta lógica, puede entenderse que ciertos representantes políticos tengan una visión cínica de la crisis y sus consecuencias. Algunos de estos dirigentes piensan que bastará con que el país vuelva a crecer para que se restaure la confianza en el sistema. La salida de la recesión, argumentan, alejará a la política del centro del escenario y todos podremos volver a nuestros asuntos. Sin embargo, mirar solo el nivel de la crecida supone ignorar las corrientes bajo la superficie.

Una de ellas es el tiempo y la forma de la recesión económica. La duración de la crisis ha hecho que por primera vez la alternancia en el poder no haya levantado una barrera para amortiguar el descontento con el sistema político. Si cuando las cosas van mal la situación logra revertirse con la llegada de otro partido al poder —aunque sea accidentalmente—, es posible cierto restablecimiento de la confianza pública. Puede apuntar a que los fundamentos del sistema político tienen capacidad para dar rendimientos positivos. Como es sabido, este no ha sido el caso desde 2011, frente a lo ocurrido en las crisis de los noventa. Es más, ante el fallo sistémico del modelo político y económico en los años del boom inmobiliario resulta complicado desligar al conjunto de la actual clase política de las raíces mismas de la crisis económica.

Por otro lado, el interés por la política de los españoles no ha hecho más que aumentar desde que comenzó este trance. Nunca se había hablado tanto de política como ahora; en los bares, en las tertulias o en las

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