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LA VENTA DEL NABO

El Yuyu  

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Fragmento

PRÓLOGO

A ALGUNOS GADITANOS LES SOBRA

A algunos gaditanos les sobra.

Esos gaditanos lo tienen grande.

Resbaloso, brillante y loco.

Terso, fresco, rabioso, insolente y rojo.

Algunos gaditanos se tropiezan con ello y se lo muestran a todos.

Se lo echan a la espalda y les cuelga entre las piernas... Lo idolatran, lo veneran y les chorrea por la espalda.

Les vive nervioso en la boca, por su lengua lo pasean... Lo relamen, lo retuercen y lo estiran y no son pocos los que lo modelan.

Se lo miden, sin quererlo...

A los gaditanos lo que más les gusta del mundo... es un buen verbo.

Y no me refiero al verbo como elemento de una estructura gramatical, me refiero al verbo como término general para expresar su plenitud semántica.

Solo así se explica que El Yuyu pueda escribir un libro entero sobre La Venta del Nabo y que yo no piense en un tubérculo... Con ese pedazo de título El Yuyu consigue una pirueta en mi mente criada en el miedo al estetoscopio y a las croquetas de pescado... Yo pienso en una esferificación de queso Payoyo con acedía reconstruida sobre fondo de pai pai japonés con suspense nacarado y troll astronauta...

¿Qué quiere decir El Yuyu con La Venta del Nabo? ¿Qué mensaje oculto se esconde en el enigmático título?

La verdad caníbal y sangrante es que nunca podremos entrar en el laberinto trepidante de una cabeza tallada por el horizonte del rincón del Atlántico más exigente del mundo. Una cabeza pintada, soplada, esculpida en el sitio donde se prometieron amor las contradicciones, y la pureza de lo bello se emparejó con el olvido y la flojera.

Nunca podremos saber qué misterios se esconden tras la clave del conjuro de un título tan insolente y al mismo tiempo inquietante como La Venta del Nabo.

La imaginación gaditana es rara y punzante, es esquiva y vociferante... Tensa el pensamiento y atrinchera el cuento... Y un pueblo que sabe reír no conoce fronteras, no conoce el miedo... El gaditanismo se manifiesta en todo, en sus ecos y en sus gritos y en su tierra y en su silencio... Siempre que veo un atardecer en Cádiz, pienso que es Dios haciendo equilibrios para compensar con algo de dulzura todos los demás sabores y sinsabores que nacen allí, y... exportamos a otros pueblos.

Sabores que no quieren serlo pero lo son porque no saben hacer otra cosa que ser. Cádiz está salada... Y reclamo la sal como nuestro invento... Quien cambie la sal por azúcar tiene una cuenta en Suiza, seguro, o tiene alguno de sus sentidos muerto... Solo pienso lo que Cádiz quiere que piense... Y me remuevo en el asiento del presente y me rebelo contra los miles de años de historia, y muerdo, que siempre quise morderlo, aquel instante nuestro que a nadie jamás le he contado.

¿Que El Yuyu ha escrito un libro sobre una Venta que se llama «el Nabo»? ¿Que tengo preguntas peludas y nadie me las sabe responder? ¿Que se fermenta mi alma cuando me acerco a Cádiz? ¿Que mi prima no era coja? ¿Que tiene una risa mi fe?

El mundo que plantea El Yuyu solo podría existir en Cádiz.

Y explicado eso, el concepto tosco y grotesco del trasfondo se diluye en lo genial de la inteligencia natural, de la normalización del surrealismo marinero de Cádiz, de la prosa irónica, de la rutina extraordinaria...

Antes no tanto, pero ahora yo siento que El Yuyu, para hacer humor, se pone más serio que nunca. Una seriedad de espía ruso, que casi no se nota, pero que está... Como el último eco, que es casi imperceptible, como la última onda de la piedra en el fondo del pozo de la ermita de la Virgen de los Santos. Como la quejumbrosa risa de la memoria, como el vuelo elegante de cualquier ser vivo que vuele... Es una seriedad única..., llena de nabo...

Y yo sé que El Yuyu no se pone serio por nada... Se pone serio porque el humor le salva, le explica, le transporta y le regala una nueva fe; le provoca, le insufla vida, le patea el quejido bien duro y le implora el ser.

Querido y admirado Yuyu..., tú eres Cádiz.

Tú eres su esencia, su alma; tú eres lo que nadie sabe cómo se puede ser.

Tú eres caleta y victoria, puerta, tierra y la viña, cortadura y querer... tita Juana y tita Vicenta, tito Paco y tito Antonio y mi abuela, el viento, el sur, el poniente y eres el quillo, ¡¡qué!! Y eres mi madre..., mi madre, no, perdón... Mi madre nadie podrá ser.

Eres la caballa acostada en la cesta y eres un cante bajito y eres un atardecer soñado o solo un atardecer. Y eres la muralla que calla y eres un día entre mes y eres la goma del taco y eres la lengua que cabalga... y eres un niño al revés.

Lo que no se sabe de Cádiz está en tu humor irreverente e ingenuo pero brillante y eléctrico como la verdad. Tú eres todo eso, Yuyu, y por eso hay muchos que deberían mamarte el verbo. Tú sabes gritar un himno en un chiste sencillo, sabes cautivar el alma en un aceite tranquilo y freír un bajío sin sartén ni esfuerzo... Y eso, mi querido amigo, me fascina de ti... Porque no tienes que hacer de menos ni tienes que hacer de más... Te ríes e invitas a la risa sin superioridades ridículas ni posturas amazónicas o italianas... Tú solo eres tú y tu forma de ver la vida... Tú dignificas la guasa porque la haces bella y la coronas con tu alma fresca de amanecer marciano y sereno al fin, pero siempre metálico entre los brillos de la bahía que nadie me enseñó a querer. Y mira que vivo lejos, Yuyu, pero nada como ver Cádiz a través de tus ojos... porque lo iluminas todo y nos remueves la tierra y nos pones el laurel, y a mí... me das ganas de volver... Viva tú, mi querido Yuyu, La Venta del Nabo y lo que quieras..., lo que tú digas, amigo... ¿Para mí?, está más que bien... Que lo más grande que tiene el arte son los artistas a los que se puede querer.

ALEJANDRO SANZ

’YA A LA VENTA’

Para los artistas como Alejandro Sanz (al que agradezco enormemente el cariño con que nos ha prologado este libro), la frase «Ya a la venta» es sinónimo de la salida al mercado de su nuevo trabajo. Para los equipos de fútbol de La Cámara de los Balones, la frase «Ya a la venta» adquiere un significado mucho más dramático porque supone su ingreso

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