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LA VIDA QUE PENSAMOS. CUENTOS DE FúTBOL

Eduardo Sacheri  

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Fragmento

Índice

Portada

Dedicatoria

Nota del autor

Esperándolo a Tito

De chilena

El cuadro del Raulito

Me van a tener que disculpar

Decisiones

El golpe del Hormiga

La promesa

Motorola

Lo raro empezó después

Un verano italiano

Independiente, mi viejo y yo

Por Achával nadie daba dos mangos

Jugar con una Tango es algo mucho más difícil de lo que a primera vista se podría suponer

Un viejo que se pone de pie

El Apocalipsis según el Chato

Señor Pastoriza

Los traidores

El castigo

Una sonrisa exactamente así

Feliz cumpleaños

Benito en cuatro meses

La vida que pensamos

Dominó

Epílogo (Oración con proyecto de Paraíso)

Biografía

Otros títulos del autor

Créditos

Grupo Santillana

Quiero dedicar este libro al Club Atlético Independiente. Por el amor que siento por su camiseta. Y porque ese amor me lo regaló mi papá.

Nota del autor

En mi primer libro de cuentos, Esperándolo a Tito, me permití estar en desacuerdo con las personas que sostienen que el fútbol no tiene nada que ver con las cosas esenciales de la vida. Y no por afán de discutir con quienes piensan así. Es posible que esas personas sepan mucho sobre la vida. Pero creo que no saben nada de fútbol.

Muchas veces me han preguntado por qué escribo cuentos de fútbol. Se trata de una pregunta incómoda. No porque sea inadecuada esa curiosidad. Sino porque no estoy del todo seguro de tener una respuesta. A veces siento que no tengo ninguna. Otras, que tengo varias.

Me gusta contar historias de personas comunes y corrientes. Personas como yo mismo. Personas como las que han poblado siempre mi vida. Gente nacida o criada en mis horizontes suburbanos. Ni siquiera sé por qué son ésas las historias que me nace contar. Tal vez, porque me seduce y me emociona lo que hay de excepcional y de sublime en nuestras existencias ordinarias y anónimas.

En esas vidas habita con frecuencia el fútbol. Porque lo jugamos desde chicos. Porque amamos a un club y a su camiseta. Porque es una de esas experiencias básicas en las que se funda nuestra niñez y, por lo tanto, lo que somos y seremos.

Creo que todas las historias que contamos buscan acceder, de un modo u otro, a los grandes temas que gobiernan nuestras vidas como seres humanos. El amor, el dolor, la muerte, la amistad, la angustia, la traición, el triunfo, la espera. Y sin embargo, no resulta sencillo ingresar en esos temas de frente y sin atajos. Porque en nuestras vidas esos asuntos no se presentan como abstracciones. Nada de eso. Se encarnan, viven en el entramado de lo que somos y lo que hacemos.

El fútbol, como parte de esa vida que tenemos, me sirve entonces como una puerta de entrada a esos mundos íntimos en los que se juegan asuntos mucho más definitivos. Un escenario, o un telón de fondo, de las cosas esenciales que señalan y definen todas las vidas.

Ojalá a los lectores de este libro el fútbol, y estos cuentos, les sirvan para eso.

E. S.

Esperándolo a Tito

Yo lo miré a José, que estaba subido al techo del camión de Gonzalito. Pobre, tenía la desilusión pintada en el rostro, mientras en puntas de pie trataba de ver más allá del portón y de la ruta. Pero nada: solamente el camino de tierra, y al fondo, el ruido de los camiones. En ese momento se acercó el Bebe Grafo y, gastador como siempre, le gritó: “¡Che, Josesito!, ¿qué pasa que no viene el ‘maestro’? ¿Será que arrugó para evitarse el papelón, viejito?”. Josesito dejó de mirar la ruta y trató de contestar algo ocurrente, pero la rabia y la impotencia lo lanzaron a un tartamudeo penoso. El otro se dio vuelta, con una sonrisa sobradora colgada en la mejilla, y se alejó moviendo la cabeza, como negando. Al fin, a Josesito se le destrabó la bronca en un concluyente “¡andálaputaqueteparió!”, pero quedó momentáneamente exhausto por el esfuerzo.

Ahí se dio vuelta a mirarme, como implorando una frase que le ordenara de nuevo el universo. “Y ahora qué hacemos, decime”, me lanzó. Para Josesito, yo vengo a ser algo así como un oráculo pitonístico, una suerte de profeta infalible con fac

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