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LAS CIUDADES Y LOS ESCRITORES

Fernando Savater  

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Fragmento

Santiago del Nuevo Extremo fue el nombre que le dio el conquistador español Pedro de Valdivia a esta ciudad, ubicada entre dos brazos del río Mapocho y enmarcada por la cordillera de los Andes. A casi seiscientos metros sobre el nivel del mar, es la capital de la República de Chile.

Si bien hoy Santiago es una moderna urbe, afrontó a lo largo de su historia el desafío de varios terremotos, que obligaron a sus habitantes a mostrar su temple para salir adelante. Los santiaguinos se enorgullecen tanto de sus tradiciones como de su vida cosmopolita, y sus calles son escenario de una agitada movida gastronómica y comercial. Vamos a recorrer los lugares por los que Pablo Neruda transitó y que enmarcaron sus creaciones.

Los insectos y los libros

Neruda nació el 12 de julio de 1904 en Parral, ciudad de la región sur de Chile, pero transcurrió su niñez en Temuco. Sus padres, Rosa Neftalí Basoalto y José Carmen Reyes, lo llamaron Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto. Era un niño curioso y callado, y en los largos días de lluvia que acompañaron su infancia, su rutina consistía en leer y coleccionar insectos.

El actual barrio de Bella Vista era un lugar de casas bajas de paja y barro con charcas a su alrededor. Pero también era algo así como el barrio de «mala vida», de diversión, de lupanares. Aquí venía la

LAS CIUDADES Y LOS ESCRITORES sociedad del otro lado del río Mapocho a echar una cana al aire, como decimos en España. Poco a poco, ha ido transformándose en un sitio de restaurantes y lugares de moda, y hay también varias galerías de arte; ha sufrido una evolución parecida al barrio de Palermo en Buenos Aires.

Aún adolescente, con dieciséis años, Pablo llegó a Santiago y se instaló en una pensión en la calle Maruri número 513, un lugar absolutamente popular y económico. Como su padre no veía con buenos ojos su intención de dedicarse a la poesía, se bautizó Pablo Neruda para cubrirse y despistarlo. Son distintas las versiones que existen acerca de cuál fue el origen de su nombre literario, pero él mismo afirmó en sus memorias que había tomado de una revista el apellido de un escritor de origen checo.

Pablo vino a Santiago a estudiar pedagogía en la universidad y pasó dos años, donde además escribió sus primeros poemas. «[En la pensión] escribí mucho más que hasta entonces, pero comí mucho menos.» En Crepusculario, el famoso primer libro de poemas, muy influido por el modernismo, sostenía que esta calle era poco atractiva por muchas razones; sin embargo, se podían ver unos crepúsculos extraordinarios. Por ejemplo, dice: «Dios, de dónde sacaste para encender el cielo este maravilloso crepúsculo de cobre; por él supe llenarme de alegría de nuevo, y la mala mirada supe tornarla noble; entre las llamaradas amarillas y verdes se alumbró el lampadario de un sol desconocido, que rajó las azules llanuras del oeste y volcó en las montañas sus fuentes y sus ríos».

La ferocidad de un tímido

Los estudiantes poetas hacían una vida extravagante, como el propio Neruda admitía, mientras él seguía escribiendo en su pensión, donde terminaba entre tres y cinco poemas por día bebiendo innumerables tazas de té. Pero fuera de su domicilio, la vida que llevaba con sus compañeros era fascinante.

Había llegado a la capital tan imbuido por su misión «profética» que, por un tiempo, su participación en la bohemia estudiantil fue

EL SANTIAGO DE CHILE DE PABLO NERUDA más bien contemplativa. Al comienzo no bebía alcohol, y al menos durante su primer año en Santiago acompañaba sólo con agua las euforias etílicas de sus amigos artistas. Se refugió en la poesía «con la ferocidad de tímido». Se dice que Alberto Rojas Jiménez, director de la revista Claridad, fue quien lo hizo cambiar de opinión sobre la presunta incompatibilidad entre la alegría del vino y la seriedad del quehacer poético. La vida bohemia, y el interminable trayecto entre la calle Independencia y el otro extremo de la capital, cerca de la estación central, donde estaba su instituto, iban resintiendo sus estudios.

El joven Neruda vestía de negro en homenaje a «los verdaderos poetas del siglo pasado». En sus memorias, recuerda que no sabía hablarles a las chicas. En vez de acercarse a ellas, prefería pasarles de perfil y alejarse mostrando desinterés. El supuesto desinterés era resultado de que estaba seguro de tartamudear y enrojecer frente a ellas. La larga lista de amoríos y amantes que vendría después lleva a pensar en esta característica como un simpático dato de color.

En 1923 Neruda tuvo que vender sus escasos muebles —un reloj regalado por el padre y su traje negro «de poeta»— para poder costear la edición de su primer libro. La obra llamó la atención del público y de la crítica, y al año siguiente vio la luz Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Con este libro se transformó, un mes antes de cumplir veinte años, en el poeta chileno más popular, fama que crecería ininterrumpidamente durante el resto de su vida.

Siempre se le criticará el hecho de que fueran sus vecinos y compañeros de colegio los que lo ayudaron a publicar sus primeros poemas. Así también, en la época de la guerra civil española se dijo que habían sido sus nuevos amigos comunistas y su relación con Delia del Carril los que fomentaron fuertemente el desarrollo de su fama literaria. En opinión de sus críticos, fue esta especial aptitud de Neruda para hacer y cultivar amistades la que contribuyó en mucho a que su talento poético lograra en vida una enorme popularidad y reconocimiento.

Años después escribiría en su «Oda a la envidia»:

LAS CIUDADES Y LOS ESCRITORES

Me desangré mudándome de casa.

Todo estaba repleto, hasta el aire tenía
olor a gente triste.

En las pensiones
se caía el papel
de las paredes.

Escribí, escribí, sólo
para no morirme.

Neruda gozaba de gran prestigio como poeta pero le costaba vivir de esa actividad. Buscando un empleo que le permitiera subsistir, consiguió un contacto para iniciar la carrera diplomática. Sería el comienzo del viaje de Neruda por el mundo. En 1927, fue designado cónsul en Birmania. Al año siguiente fue trasladado a Ceilán, y luego a Java. La isla había sido colonia holandesa y muchas familias de ese origen vivían allí. Pablo no hablaba ni malayo ni holandés, y la soledad era muy dura. Allí conoció a María Antonieta Hagenaar, Maruca, con la que se casaría en diciembre de 1930. Con ella tuvo a su única hija, quien moriría a los dos años afectada de una enfermedad congénita. En 1934, cuando él era cónsul en España, y mientras aún estaba casado con Maruca, Neruda conoció a la argentina Delia del Carril, veinte años mayor que él y hermana de Adelina del Carril, la mujer del escritor Ricardo Güiraldes. Delia le abrió las puertas de la intelectualidad española y fue la artífice de su vida durante dos décadas.

Poeta combatiente. La voz del mundo

Neruda recorrió el mundo como diplomático chileno. Se encontraba como cónsul en Madrid cuando estalló la guerra civil española, lo que motivó los primeros poemas de España en el corazón. Publicado en Chile en 1938, el libro tuvo un gran impacto y fue varias veces reimpreso. Con esta obra de denuncia de las crueldades de la guerra debutó como poeta combatiente.

EL SANTIAGO DE CHILE DE PABLO NERUDA

¡Madres! ¡Ellos están de pie en el trigo, altos como el profundo mediodía, dominando las grandes llanuras!

Son una campanada de voz negra
que a través de los cuerpos de acero asesinado repica la victoria.

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