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LAS GRANDES BATALLAS DE LA HISTORIA

Canal Historia  

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Fragmento

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Qadesh

Fecha: 1274 a. C.

Fuerzas en liza: Egipcios con ayuda de los naharinos contra hititas aliados con veinte pueblos, entre otros, dárdanos, misios, licios y pedasios.

Personajes protagonistas: El faraón Ramsés II y Muwatalli de Hatti, rey hitita y jefe de la coalición.

Momentos clave: Las divisiones de Amón y la de Ra cercadas por los hititas y la llegada de los naharinos a rescatar al faraón.

Nuevas tácticas militares: Es una de las primeras batallas en las que se tiene constancia del uso del caballo como elemento fundamental del ejército, aunque enganchado al carro de guerra, que utilizaban ambos bandos.

En 1274 a. C. Ramsés II dirigió sus tropas hacia Siria para enfrentarse a un poderoso enemigo: los hititas, encabezados por Muwatalli II. La narración de la batalla —que apenas duró una jornada— ha quedado esculpida en los principales templos de Egipto. Se considera, por ello, el primer relato documentado de la táctica militar de la historia, además de ser la primera que dio lugar a un tratado de paz que ha llegado hasta nuestros días. El extraordinario aparato de propaganda de Ramsés II logró hacer pasar este episodio por una gran victoria, pero la verdad es muy distinta. Para muchos historiadores, este faraón fue de uno de los primeros genios de la propaganda personal y política. Las investigaciones de los relieves del «Poema de Pentaur», que recoge el relato de la confrontación y que mandó escribir el faraón, han desvelado la verdad histórica oculta tras la parcial versión egipcia, la de los aparentes vencedores.

PRIMERA GUERRA DOCUMENTADA

La batalla de Qadesh no es la más antigua de la que hay constancia en la historia. Los seres humanos llevan matándose desde Caín y Abel, según narra el Génesis. Con anterioridad a esta confrontación se conocen otras, como la batalla de Megido, en el siglo xv a. C., con los mismos contrincantes: el ejército del faraón Tutmosis o Tutmés III (1479-1425 a. C.), el gran artífice del imperio egipcio, que en diecisiete campañas asiáticas convalidó Egipto como gran potencia, la coalición de los príncipes de Qadesh y Megido, situada al este del río Éufrates. Dos siglos después, egipcios e hititas seguirían riñendo por la posesión de ese territorio.

De bastante tiempo antes también hay constancia de las campañas de Hammurabi, rey de Babilonia, en el siglo XVIII antes de nuestra era, o de los enfrentamientos en Mesopotamia entre diferentes reinos y ciudades-estado, que combatían por la hegemonía de la zona entre los ríos Tigris y Éufrates. Sin embargo, los documentos antiguos que ilustran estos conflictos no han llegado hasta nuestros días. Sólo han quedado sus huellas remotas en la arqueología.

En contraposición, la batalla de Qadesh está bien detallada en papiros y relieves de templos que han sobrevivido durante milenios. Por lo tanto, tiene el honor de ser la primera en la historia que puede ser reconstruida gracias a los numerosos documentos egipcios y a una carta en alfabeto cuneiforme de Ramsés al rey hitita Hatusil III encontrada en Anatolia. «Es la primera batalla narrada de la que tenemos constancia. Hubo antes otras más importantes, pero nadie se fija en ellas o no están tan deformadas por los aficionados como ésta, que llena de inexactitudes las innumerables páginas de internet», sostiene Jesús J. Urruela Quesada, profesor de Historia Antigua de la Universidad Complutense de Madrid.

De hecho, investigadores de la ciencia militar, analistas, historiadores, egiptólogos, militares y aficionados de todo el mundo llevan siglos estudiando la que se considera la última gran batalla de la Edad del Bronce —o la primera gran batalla de la Antigüedad, según la egiptóloga francesa Christiane D. Noblecourt— gracias a todo tipo de detalles sobre el armamento y las referencias sobre la estrategia que se empleó, y de los que hoy hay constancia.

Claro que su atractivo no está sólo motivado por lo que supone en la historia el cambio de una tecnología militar a otra. Además, resulta interesante seguir su desarrollo en las tres fuentes antiguas perfectamente conservadas hasta hoy: el «Poema de Pentaur», extenso relato lírico de los sucesos que compuso el escriba personal del soberano; el «Informe» o «Boletín» militar conservado en forma de bajorrelieves que sobreviven al tiempo en cinco santuarios: en el Rameseum (el templo funerario de Ramsés II), Luxor, Abidos, Abu Simbel y Amón en Karnak; y el documento que formalizó la tregua entre ambos contrincantes, considerado el primer tratado de paz de la historia, con las diferentes versiones de los egipcios y de los hititas.

Pero no está sólo el poder de seducción de Qadesh. Esta batalla interesa a los estudiosos porque se trata de uno de los momentos más apasionantes de la historia de Egipto, ejemplo de la mejor vocación imperialista de los faraones, así como, en especial, de la maestría propagandística de Ramsés II.

Exactamente, ¿cuándo ocurrió esta confrontación? En las culturas antiguas no es fácil datar adecuadamente los acontecimientos de acuerdo con la cronología actual. Los textos con frecuencia se contradicen, no están claros o simplemente falta información para fechar con exactitud. Los restos arqueológicos dan una datación aproximada.

En la cronología egipcia, además, el tiempo se contaba partiendo del inicio del reinado de un faraón y dentro de la correspondiente dinastía. Con cada nuevo faraón se comenzaba de nuevo. Respecto a Qadesh, los textos egipcios hablan del quinto año de reinado de Ramsés II; el problema es que no está claro en qué año este faraón subió al trono. «Hay hasta tres cronologías egipcias diferentes. Los historiadores sabemos que nos equivocamos pero el problema está en que no sabemos si es hacia arriba o por debajo el desfase cronológico», afirma Jesús Urruela.

Sobre el comienzo del reinado de Ramsés II, Claude Vandersleyen en su obra L’ Égypte et la vallée du Nil dice: «Saber con certeza la fecha, en cronología absoluta, en que Ramsés II llegó a ser rey es aún imposible. Tres fechas están en juego: 1304, 1290 o 1279 a. C. Cada una tiene sus partidarios. La tendencia es adoptar la fecha más baja, 1279». Así pues, habiendo sido la batalla de Qadesh en el quinto año del reinado de Ramsés II, sólo habría que restar cinco años a cada una de estas tres posibilidades para tener las respectivas posibles fechas de la contienda, habiendo preferencia, según este autor, por la más tardía: 1275-1274. De esta forma, la legendaria batalla se suele fechar en el verano de 1274 a. C.

EL DOMINIO DE LAS RUTAS COMERCIALES SIRIAS

La rivalidad entre egipcios e hititas —conglomerado de tribus con una herencia cultural común que se instalaron en Anatolia hacia el año 2000 antes de nuestra era— se venía arrastrando desde un par de siglos antes y, sobre todo, desde la época del faraón Ajenatón (1352-1336 a. C.), quien descuidó su política exterior, debilidad que permitió que los hititas se anexionaran varias ciudades sirias sometidas a Egipto «en ese Oriente Próximo en perpetuo conflicto y formado por infinidad de ciudades-estados», explica la egiptóloga Noblecourt, ex jefa de conservadores del departamento egipcio del Louvre y quien durante treinta años ha investigado la vida de Ramsés II y ha escrito una de las mejores biografías del faraón.

Esta pérdida territorial se convertiría en el caballo de batalla de los faraones de la XVIII y la XIX Dinastía. Durante el Imperio Nuevo (que comienza con la reunificación de Egipto en 1550 a. C. y está compuesto por las dinastías XVIII, XIX y XX), los faraones que adoptaron una política de conquista y de intervención en el extranjero, crearon un ejército profesional de gran prestigio. Dos siglos antes que Ramsés II, Tutmosis III dispuso de valerosos oficiales y de una tropa bien entrenada para luchar en sus diecisiete batallas.

Por su parte los hititas, al verse acorralados por sus vecinos, tuvieron que basarse en su capacidad militar para sobrevivir como estado; su imperialismo se caracterizó, sobre todo, por su interés en la ocupación permanente de las ciudades-estado de Siria.

Al llegar al trono, Ramsés II se convirtió en el quinto militar de carrera consecutivo que llegaría a faraón. Al provenir de una familia de hombres de armas, no era de extrañar que, en cuanto accedió al trono, el joven Ramsés se lanzase a una gran actividad militar. Las campañas asiáticas parece ser que se iniciaron en el cuarto año de su reinado; aunque algunos investigadores hablan incluso de que en el segundo año venció y capturó a los llamados shardanas, que incorporó a sus tropas. De lo que hay constancia es que el faraón comenzó enfrentándose a los nubios y libios, según se detalla en una estela hallada en Asuán.

Fortaleció su posición en la zona de ocupación egipcia y avanzó con su ejército hacia el norte para recobrar territorios de Qadesh. Las cosas se complicaron cuando los hititas consiguieron formar una coalición en la que entraron más de veinte príncipes enemigos de Egipto —de los que se conocen los de Alepo, Naharin, Karkemish, Kodi, Qadesh y Arvad—, que lucharía con astucia contra el faraón.

Al quinto año de ocupar el trono, como ya había sucedido en tiempos de su padre, Sethi I (1294-1279 a. C.), los ejércitos egipcios e hititas se encontraron en la que sería la tercera batalla por Qadesh. La rivalidad duraba ya dos siglos, con épocas de mayor o menor virulencia según hubiera o no matrimonios de los faraones con princesas de la zona.

Se sabe que, en el siglo XV a. C., el rey de Qadesh había encabezado una coalición de ciudades-estado para oponerse a la conquista de levante por el faraón Tutmosis III. Derrotado en la batalla de Megido, la ciudad de Qadesh cayó bajo la hegemonía egipcia, así como el resto del sur de Siria. «La región estaba entonces administrada por gobernadores egipcios encargados de mantener cierto grado de hegemonía entre los múltiples príncipes locales que pagaban regularmente los impuestos a la Corona», explica la egiptóloga Noblecourt.

El padre de Ramsés, Sethi I —uno de los faraones de mayor prestigio de la historia de Egipto, según el profesor Urruela—, venció y tomó Qadesh, por segunda vez desde la época de Tutmosis III. Pero la ciudad fue muy pronto recuperada por Muwatalli, rey de Hatti, el mismo que después se enfrentaría a Ramsés. De nuevo la ciudadela pasó de manos y se convirtió en el bastión de la defensa hitita en Siria.

Algunos historiadores afirman que la guerra tuvo lugar para detener el intento hitita de invadir Egipto. Sin embargo, la mayoría de los expertos sostienen que todas aquellas contiendas tuvieron como objetivo el dominio de las rutas comerciales asiáticas y no eran actos de defensa. La ciudad, en el valle del río Orontes, representaba la frontera entre los dos imperios rivales. Así, la batalla de Qadesh fue una más entre los numerosos enfrentamientos que se llevaron a cabo por el control de Siria a lo largo de los siglos XIV y XIII antes de nuestra era. En aquellos tiempos la zona era deseada por todos sus amplios recursos económicos y por su situación estratégica, como cruce de rutas de la región.

La ciudad de Qadesh «era de vital importancia en el eje de comunicaciones egipcio, frontera entre ambos imperios. El soberano que la poseyera conseguía para su país un lugar preponderante entre el Tigris-Éufrates y el Mediterráneo, y ser el dueño de los intercambios comerciales, lo que le convertiría en la mayor potencia de la época», señala Jesús J. Urruela quien, en línea con las últimas investigaciones, no está de acuerdo en localizar la batalla en el río Orontes. «No es posible —afirma— que Egipto controlara una zona tan grande. Hay quien piensa que se trataba de una ciudad del mismo nombre a la altura de Gaza, es decir, mucho más al sur, próxima al desierto del Neguev. Esto llevaría a los hititas hasta el sur de Palestina. El problema es la traducción de los topónimos: es imposible saber exactamente a dónde se refiere porque está en lengua egipcia.»

De lo que no hay duda es que el enfrentamiento era inevitable. Ramsés II tenía «la obligación» de reconquistar la plaza de Qadesh al precio que fuera. Él, que había acompañado a su padre cuando era joven en la batalla por la ciudadela, no se resignaba a aceptar que esta provincia estuviera en manos de sus enemigos; no podía olvidar que había sido propiedad de Egipto desde el gran Tutmosis III.

PROTAGONISTAS EN PLENO APOGEO

Cuando Ramsés II con veinte años subió al trono, al frente de Hatti continuaba el rey Muwatalli. Cada uno de los dos reinos estaban en la cima de su poder.

Ramsés II (Usermaatre Setepenre o «Nacido de Ra, querido de Amón») probablemente sea el faraón más famoso de la historia de Egipto. Reinó durante sesenta y siete años y, según algunos investigadores a la vista de su momia —hoy en el Museo de El Cairo—, este rey pelirrojo vivió casi noventa años. Dicen que tuvo una precocidad excepcional, ya que, apenas salido de la niñez, asistió a su padre como corregente, además de innumerable progenie, que

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