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LO MEJOR ESTá POR VIVIR

Lola Ortiz  

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Fragmento

DISTANCIA

Me habían hablado muchas veces de la distancia y los malditos kilómetros. Desde fuera lo veía todo difícil y complicado, incluso a veces casi no conseguía sacar nada bueno de llevar una relación así. Pero nunca entendí la situación, supongo que es una de esas que hasta que no te ves en ella no sabes realmente lo que se siente.

Pero entonces llegó el momento. Todavía se me hace un nudo en la barriga al pensar en aquella etapa. Y es que cuando llevas tiempo con una persona, cuando estás acostumbrada a verlo todos los días, el momento de separarse es muy complicado. Y crees que nunca va a llegar, pero llega.

Era uno de esos momentos que yo sabía perfectamente que llegaría. Intentaba no pensar mucho en ello porque me ponía de los nervios, pero a veces era inevitable.

Pero nos tocó despedirnos. Es algo por lo que tienes que pasar si tienes que irte a otra ciudad a estudiar lo que quieres. Mi novio se iba a empezar una nueva etapa, y ya no nos veríamos tan a menudo. Intentábamos poner en una balanza todo, tanto lo bueno como lo malo de una relación a distancia. Y siempre, siempre, lo bueno pesaba más. Sí, puede parecer raro, pero era así. Aún hay quien no lo comprende.

«Las relaciones a distancia no funcionan», «Se va a olvidar de ti con su nueva vida», «Estaréis mucho tiempo sin veros», «Ya nada será igual». Y podría seguir escribiendo cada una de las frases que me dijeron, que nos dijeron, y que escuchamos sobre el tema más de una vez.

Lo cierto es que cuando te lo dicen tanto, aunque no quieras, aunque pienses lo contrario, llega un instante en el que te lo llegas hasta a plantear. Te paras y te lo preguntas, porque realmente puede suceder, porque realmente pueden llegar a tener razón. Nunca se sabe. Y el miedo es inevitable, y el dolor de barriga aumenta por momentos, y la incertidumbre casi no te deja dormir.

Pero por supuesto no pensábamos rendirnos, es algo que no nos planteamos ni un solo segundo. Íbamos a luchar por nosotros y por nuestra relación, hubiera los kilómetros que hubiese de por medio.

Y entonces llegó el día. Lo vi con todo preparado para lo que sería una nueva etapa. Fue una de esas despedidas que no olvidas nunca y uno de esos abrazos que no quieres que acabe. Recuerdo que lo agarré tan fuerte que aún no sé ni cómo no lo partí. Me lo comí a besos una y otra vez, y se me escaparon lágrimas sin control.

Empezábamos una nueva etapa. Él allí y yo aquí. Muchas cosas iban a cambiar. Se acabó eso de vernos todos los días, de quedar para merendar cualquier tarde, de vernos en todas las fechas especiales, de abrazarnos cuando teníamos un mal día. Se acabó todo eso de poder tenernos cara a cara siempre que quisiésemos. Desde luego no iba a ser nada fácil.

No te lo voy a negar, hubo días muy malos. Hubo días en los que no paré de llorar, días en los que lo echaba de menos más de la cuenta, en los que pensaba que no iba a poder aguantar. Días en los q

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