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LOS 47 RONIN (EL PEQUEñO LEO DA VINCI 10)

Christian Gálvez  

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Fragmento

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Mi corazón palpitaba como si el hechicero de una tribu lo hubiera tomado de tam-tam; mis manos chorreaban sudor y mi estómago emitía rugidos tan fuertes que habrían asustado al más feroz de los dragones. La cosa no era para menos. Era mi primera cita oficial con Lisa, pues tras nuestro viaje por las Américas (con beso de amor incluido) ahora ella y yo éramos nov…, nov… Bueno, que estábamos juntos. Y qué queréis que os diga, ¡a mí estas cosas me dan una vergüenza…!

—¡Venga Leo, decídete! —me apremió Lisa—. ¿Bajo la sombra de qué torre nos sentamos a hacer un pícnic?

Uf. ¡Menuda pregunta! Estábamos en el pueblo de San Gimignano, en lo más alto de las colinas de la Toscana, conocido por tener torres hasta en la sopa. ¿Que por qué le dio a sus habitantes por construir tantas torres? Para chulear. ¡En serio! Las familias con dinero peleaban por ver quién construía la más alta, por eso ahora había mogollón y yo, entre la abundancia y los nervios del momento, no podía decidirme. ¡Pero esta situación no iba a poder conmigo! ¡Soy un niño inventor! ¡He creado cientos de máquinas churrufantes y he salido victorioso de mil peligros y aventuras! Así que me acerqué a

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