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LOS SUEñOS SE CUMPLEN

Rachel Galsan  

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Fragmento

 

Eran las seis de la tarde, llegué a casa. Me acomodé en mi habitación y lo primero que hice fue encender el ordenador. Había sido un día agotador, exámenes y más exámenes. Para colmo, mi amiga se había enfadado conmigo sin razón alguna. Intenté despejarme un poco y entré en YouTube, buscando nuevos vídeos de los canales a los que estoy suscrita: «elLimonesOMG» había subido un nuevo vídeo.

—Wiiiii, genial —pensé.

Pinché en el vídeo y empecé a verlo. Era un Chatroulette. El rato que duraba el vídeo me lo pasé riendo como nunca y mis pensamientos desaparecieron. Terminó mi «felicidad». Sonó mi móvil, pegándome un gran susto.

—¿Diga? —pregunté de mala gana.

—Hola —dijo una voz seca y sin ánimos.

—¿Quién eres?

Después se escucharon carcajadas al otro lado de la línea.

—¿Oiga…?

—Es increíble que no reconozcas la voz de tu novio. —Sonreí levemente.

—Dani… —suspiré—. ¿Te has cambiado el número? No me salía tu nombre en la pantalla.

—Pues sí —rio.

—¿Cómo van tus vacaciones?

Hubo una pausa.

—… Te echo de menos, Sénder. No van bien las vacaciones sin… ti.

El corazón se me aceleró mucho. Dani y yo empezamos a salir hace menos de un mes. Estábamos en la época de exámenes, pero Dani y su padre se habían ido por trabajo a Portugal durante una temporada indefinida. Antes de ser pareja, Dani era mi mejor amigo, siempre había estado conmigo, desde que tenía consciencia.

—Yo también te echo de menos, pero disfruta, aunque sea sin mí. En serio, yo quiero que te lo pases muy bien.

—Te quiero mucho… —soltó.

Me sonrojé.

—Y yo a ti. —Noté que sonrió—. Debo colgar, tengo trabajo.

—Está bien, ya te llamaré. Adiós.

—Adiós, amor —colgué.

Estuve unas dos horas haciendo deberes. ¡Suerte que ya no tenía exámenes!

—Sénder, ¡a cenaaaaaaaar! —gritó mi madre.

—Voooooooooooy.

Recogí toda mi habitación y entré en el comedor.

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Las clases empezaban como cualquier día. Hoy me encontraba sola. Se podría decir que no soy muy sociable, solo tengo dos amigos: Dani y Jennifer. Siempre he sido el hazmerreír del colegio, nadie me quería por mi aspecto: era la típica nerd. Pero este año, el último, di un cambio, al lucir ropa más femenina para intentar hacer más amigos. Solo algunos chicos al principio de curso se acercaron a mí para ligar, hasta que me preguntaron mi nombre: Sénder. Parecía que mi nombre los espantaba y, bueno, aquí estoy, en el último trimestre, con una amiga enfadada conmigo y mi novio fuera del país.

El timbre sonó y los alumnos se levantaron contentos de sus asientos para irse a sus casas. Yo, como era habitual, recogí mis cosas cuando la clase estaba vacía. Suspiré y tomé el camino hacia mi casa. Me sentía demasiado sola, quería arreglar las cosas con Jenni, pero ella se había enfadado sin motivo, solo porque no le hice los deberes. Lo sé, sé que suena a que se aprovecha de mí, pero no es así. Solo me lo pidió ese día y, como le dije que no, se cabreó y no me habla.

—¿Qué pasa? —pregunté mientras dejaba la mochila al lado del sofá para sentarme.

Mi padre dio un gran salto y se levantó, aunque se limitó a desviar la mirada.

—Sénder, tenemos una noticia que darte —murmuró, como si estuviera apenado.

Ladeé la cabeza sin entender a qué venía aquello y esperé a que alguno de los dos me aclarara las cosas. Entonces, fue mi madre la que tomó las riendas de la breve conversación que estaba por venir.

—Nos mudamos a Madrid.

«625».

Lo único que me pasó por la cabeza fueron los kilómetros de distancia entre Barcelona y Madrid: 625. Me quedé blanca, incapaz de articular palabra alguna.

—¿Sénder…? —Mi madre se acercó para acariciarme el brazo y sacarme de ese trance.

—¿Cómo? O sea… ¿Por qué justo ahora?

—Bueno… Tú nos explicaste que estás muy sola aquí y pensamos en…

Rápidamente moví mi cabeza para negar lo que mi padre me estaba diciendo.

—No, no… —interrumpí—, yo tengo a Dani y a Jennifer…

—Solamente —terminó mi padre seriamente.

La verdad es que así era. Solo los tenía a ellos dos, aunque uno estaba fuera del país y mi mejor amiga ni me hablaba. Agaché la cabeza y reprimí unas enormes ganas de llorar. No quería irme, Barcelona era mi ciudad, la que amaba con todo mi ser. ¿Qué haría con Dani cuando volviera? ¿Cortar con él? ¿Se enfadaría mucho? ¿Y Jenni? ¿Qué pensaría ella? Ella tenía más amigas, podría vivir sin mí. Esas eran mis preocupaciones: no pensaba en mí misma, sino en mis dos únicos amigos. Después de aquel discurso mental, miré a mis padres, que tenían una expresión bastante preocupada.

—¿Cuándo nos vamos? —pregunté cerrando los ojos durante unos segundos. Cuando los abrí, en sus rostros pude ver una enorme sonrisa, y casi les faltó tiempo para abrazarme—. Que sepáis que la idea no me gusta, lo hago por vosotros e intentaré no rechistar.

Cuando nos separamos, asintieron enérgicamente con la cabeza. Les hacía felices que hubiera aceptado. Allí empezarían desde cero y su querida hija podría olvidarse para siempre de todos los abusos que había recibido en el colegio.

—Nos iremos en un mes, el mismo día que termines el bachillerato.

—¿Y la universidad? —cuestioné, pues aún no había hecho ningún examen de acceso.

—Sénder, no te preocupes por eso. Solicitamos plaza con tus notas y hace dos meses la aprobaron. Además, tenemos un contacto allí que favoreció las cosas. —Mi madre me guiñó el ojo.

—¿Carrera…?

—Diseño Gráfico, cariño. Ya sabes que nosotros no te obligaremos a escoger Derecho.

Pude mostrarles una sonrisa ladina, pues en el fondo estaba contenta. Mis padres siempre velaban por mi bienestar, a pesar de que querían que siguiera el oficio de la familia. Les di un beso en la mejilla como aprobación a esos planes y me fui a mi cuarto, donde me tumbé en la cama con un largo suspiro. Allí sí que me puse a pensar en todo…

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