Loading...

MAD MEN. MANUAL DE PEGGY OLSON

Isabel Vázquez  

0


Fragmento

Contenido

Portadilla

Créditos

INTRODUCCIÓN. Ni Jacie ni Marilyn

PRIMERA PARTE. Peggy y el trabajo

No creo que nadie quiera ser un simple color en una caja

Siempre intento ser sincera

Trabajo con ellos

Nunca había tenido tanta responsabilidad

Detrás de cada gran anuncio hay una historia

SEGUNDA PARTE. Peggy y el sexo

Un príncipe azul cualquiera

Peggy sola o en compañía de otros

El amante de mediana edad

¿Quién es Mark?

El beatnik superguay

El hombre reverso

TERCERA PARTE. Peggy y los amigos

El mediocre concupiscente

El hada madrina borracha

Confieso yo

No tan amigos

Tiempo de Marte

«Nos vemos el lunes, jefa»

CUARTA PARTE. Peggy y el resto de las mujeres

Las subordinadas

Las esposas de

Las de su familia

Las hembras modelo

Joan

QUINTA PARTE. Bailando con Don

Él te lleva de caza y te deja llevar las piezas en la boca

Piensa en ello intensamente, luego olvídalo y la idea surgirá delante de ti

Noventa segundos de boxeo y tres horas de análisis y aún no sabemos quién ganó

Si no te gusta lo que dicen, cambia la conversación

Yo siempre estoy trabajando, Peggy, como tú

EPÍLOGO. La heroína de Madison Avenue

APÉNDICE. Peggy, lo que dice

INTRODUCCIÓN. Ni Jacie ni Marilyn

INTRODUCCIÓN

Ni Jackie ni Marilyn

Si alguien le hubiera dicho a Don Draper en 1960 que diez años después la chiquilla con mirada de roedor vestida de ursulina que apenas se atrevía a darle los recados se transformaría en una sofisticada mujer capaz de disputarle el puesto habría finiquitado la copa de un trago, apurado el cigarrillo, enarcado las cejas y exhalado como una amenaza velada: «eso ya lo veremos» («we’ll see about that», sonaría en versión original). No hay duda de que él es el protagonista de Mad Men; Don el creativo prodigioso, el conquistador, el bebedor, el soberbio, el que estrena a Peggy como secretaria en el capítulo inicial igual que una de esas camisas que guarda en el cajón de su escritorio, agarrándola con displicencia y desechándola cuando considera que ha cumplido su función. Él es el príncipe de Madison Avenue, él, pero son los ojos inquietos, atónitos, de Peggy Olson los que nos sirven de guía en el capítulo inaugural por la primera oficina de Sterling Cooper, es ella quien pone a cada personaje en su sitio. Es su alucinante aventura el motor de esta historia de los años sesenta. En una dinámica de contrarios convencional, Peggy y Don son la vida y la muerte entrelazadas en Manhattan.

En una tele plagada de hombres malos, Peggy es una heroína clásica, limpia, honrada, cabal; es el único personaje contemporáneo en una ficción protagonizada por gente antigua y la única mujer que no parece una extraterrestre vis

Sigue leyendo y recibe antes que nadie historias como ésta