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MAR DE FUEGO

Chufo Lloréns  

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Fragmento

Dramatis personae

PROTAGONISTAS

Martí Barbany. Próspero armador e insigne ciudadano de Barcelona.

Marta Barbany. Hija de Martí Barbany y su esposa Ruth.

Bernabé Mainar (alias de Luciano Santángel). Siniestro personaje dueño de dos importantes mancebías en la ciudad.

Bertran de Cardona. Hijo del conde de Cardona, entregado como rehén por éste a la casa condal de Barcelona.

Ramón Berenguer I, el Viejo. Conde de Barcelona y esposo de Almodis.

Almodis de la Marca. Tercera esposa de Ramón Berenguer I y madre de cuatro de sus hijos.

Pedro Ramón. Primogénito de Ramón Berenguer I, fruto de su unión con Elisabet de Barcelona.

Ramón Berenguer, «Cap d'Estopes». Hijo de Ramón Berenguer I y Almodis de la Marca, y gemelo de Berenguer Ramón.

Berenguer Ramón. Hijo de Ramón Berenguer I y Almodis de la Marca, y gemelo de Ramón Berenguer.

Eudald Llobet. Amigo personal de Martí Barbany, padrino de su hija Marta y confesor de la condesa Almodis.

Ahmed. Hijo de Omar y Naima, fieles servidores de Martí Barbany.

SECUNDARIOS

Zahira. Esclava de Marçal de Sant Jaume y gran amor de Ahmed.

Rashid al-Malik. Amigo personal de Martí, procedente de Mesopotamia.

Basilis Manipoulos. Capitán del Stella Maris, mano derecha de Martí en sus negocios navieros.

Marçal de Sant Jaume. Poderoso aristócrata, aliado de Pedro Ramón.

Simó «lo Renegat». Subastador de esclavos y servidor de Marçal de Sant Jaume.

Delfín. Enano y bufón de la corte. Consejero y fiel servidor de Almodis.

Adelais de Cabrera. Joven dama de la corte y enemiga declarada de Marta Barbany.

Gueralda. Criada de la casa Barbany que antes sirvió en casa de los Cabrera.

Tomeu «lo Roig». Vendedor del Mercadal.

Magí de la Vall. Sacerdote, coadjutor del arcediano Llobet.

Nur. Prostituta de la mancebía que Mainar tiene en Montjuïc.

Amina. Hermana de Ahmed, hija de Omar y Naima, y fiel amiga de Marta.

Sor Adela de Monsargues. Abadesa del monasterio de Sant Pere de les Puelles.

Manel. Amigo de Ahmed.

CORTE CONDAL

Inés. Hija mayor de Ramón Berenguer I y Almodis de la Marca, hermana de Sancha y de los gemelos.

Sancha. Hija menor de Ramón Berenguer I y Almodis de la Marca, hermana de Inés y de los gemelos.

Guigues d'Albon. Prometido de Inés.

Guillermo Ramón de Cerdaña. Prometido de Sancha.

Gilbert d'Estruc. Gentilhombre de confianza de Ramón Berenguer I y fiel servidor de su esposa Almodis.

Olderich de Pellicer. Veguer de Barcelona.

Gombau de Besora. Caballero al servicio del conde Ramón Berenguer I.

Gualbert Amat. Senescal.

Odó de Montcada. Obispo de Barcelona.

Guillem de Valderribes. Notario mayor.

Ponç Bonfill. Juez de Barcelona.

Eusebi Vidiella. Juez de Barcelona.

Frederic Fortuny. Juez de Barcelona.

Lionor de la Boesie. Primera dama de Almodis.

Doña Brígida de Amalfi y doña Bárbara de Ortigosa. Damas acompañantes.

Estefania Desvalls, Araceli de Besora, Eulàlia Muntanyola y Anna de Quarsà. Damas jóvenes.

Sigeric. Joven paje, posteriormente escudero de Bertran de Cardona.

ENTORNO DE MARTÍ BARBANY

Ruth. Esposa de Martí Barbany y madre de su hija Marta.

Omar. Servidor de Martí, antes esclavo y ahora manumitido por Barbany.

Naima. Esposa de Omar.

Mariona. Cocinera.

Caterina. Ama de llaves.

Andreu Codina. Mayordomo.

Gaufred. Jefe de la guardia.

Jofre Ermengol. Amigo de la infancia de Martí y ahora capitán de uno de sus barcos.

Rafael Munt, «Felet». Amigo de la infancia de Martí y ahora capitán de uno de sus barcos.

ENTORNO DE LAS MANCEBÍAS DE MAINAR

Maimón. Eunuco encargado de la mancebía de Montjuïc.

Rania. Encargada de la mancebía de la Vilanova dels Arcs.

El «Negre». Sirviente de las mancebías.

Pacià. Sirviente de la mancebía de la Vilanova dels Arcs.

CASA DE CARDONA

Folch de Cardona. Vizconde de Cardona y padre de Bertran.

Gala. Vizcondesa de Cardona y madre de Bertran.

Lluc. Viejo preceptor de Bertran.

CORTE DE SICILIA

Roberto Guiscardo, el Normando. Duque de Apulia, Calabria y Sicilia.

Sikelgaite de Salerno. Esposa de Roberto Guiscardo y madre de Mafalda.

Mafalda de Apulia. Hija de Roberto Guiscardo y Sikelgaite de Salerno y prometida de Ramón Berenguer, «Cap d'Estopes».

Tulio Fieramosca. Almirante de Roberto Guiscardo.

VIAJE DE MARTÍ

Naguib el Tunecino. Peligroso corsario.

Selim. Hijo de Naguib.

María. Joven a quien Ahmed salva en una taberna griega.

Kostas Paflagos. Anciano ciego, suegro de María.

Tonò Crosetti. Marino, ex cautivo de Naguib.

Barral. Marino del Santa Marta.

OTROS

Lluc. Mayordomo de Pedro Ramón.

Aser ben Yehudá. Cambista del Call.

Harush. Físico.

Berenguela de Mas. Partera.

Florinda. Curandera.

Bernadot. Carretero.

Pere Fornells. Alcaide de la casa que Marçal de Sant Jaume tiene en Arbucias.

Samir. Mayordomo de Marçal de Sant Jaume.

Bashira. Esclava de la casa de Marçal de Sant Jaume.

Bashira. Esclava de la casa de Marçal de Sant Jaume.

Mapa Genealógico

PRIMERA PARTE

Los

DESIGNIOS

de

DIOS

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Duelos y zozobras

Barcelona, 1063

Un silencio casi tangible, turbado únicamente por el rumoroso ir y venir de la servidumbre, presidía la inmensa mansión de Martí Barbany, uno de los más acaudalados y poderosos ciudadanos de la emergente ciudad de Barcelona. Su propiedad de la plaza de Sant Miquel abarcaba varias casas separadas por jardines y patios, además de dos torreones de la antigua muralla. En la plenitud de sus veintinueve años, su propietario medía con angustiados pasos la antecámara del dormitorio principal en tanto que la silueta de su mayordomo de confianza, Andreu Codina, permanecía en la penumbra, inmóvil y expectante. El runrún del roce precipitado de un refajo al otro lado de la puerta hizo que el hombre detuviera sus paseos y que el criado aguzara la mirada. Una de las hojas de la inmensa puerta claveteada se abrió y en el quicio apareció la cabeza de Caterina, el ama de llaves, que buscó con mirada anhelante los ojos de su amo.

—Señor, pregunta la partera si se va a demorar la llegada del físico Harush. Parece que el parto no viene bien…

Clavando sus ojos en la mujer, Martí inquirió:

—¿Es preciso haber aguardado una eternidad para solicitar la presencia del físico?

La buena mujer, angustiada, retorcía el borde de su manchado delantal.

—Señor, yo solamente ayudo en lo que puedo, la responsable es la partera, Berenguela de Mas, y es ella la que reclama ahora con urgencia la presencia del físico…

—No perdamos tiempo en vanas disquisiciones —la interrumpió Martí—. Si algo sale mal, se atendrá a las consecuencias.

Al fondo de la gran antesala la voz prudente del mayordomo resonó grave:

—No os alteréis, señor. Omar ya partió en busca del físico y deben de estar a punto de llegar.

—Eso espero, Andreu, eso espero. —Hizo una pausa y suspiró antes de proseguir—: Envía a alguien para que dé aviso al padre Llobet… En circunstancias como ésta, siento que su compañía me reconforta.

—Si os parece, señor, enviaré a Ahmed. Ya sabéis que es rápido como una liebre y muy diligente.

Martí asintió, con la mirada perdida. En esos instantes sólo podía pensar en Ruth y en el hijo que luchaba por nacer.

El mayordomo se retiró, en un silencio respetuoso: conocía bien el cúmulo de fatalidades que había jalonado la azarosa existencia de su amo y temía que la desgracia se abatiera de nuevo sobre él como ya lo hiciera anteriormente, cuando la muerte le arrancó el amor de su juventud y cuando, años después, se llevó a su madre de un modo tan cruel.

Mohamed, al que todos llamaban Ahmed, el hijo mayor de Omar y de Naima, la familia de esclavos comprados por Martí diez años atrás y posteriormente manumitidos, había partido como un gamo hacia la Pia Almoina: recorrió las callejas hasta el conjunto catedralicio, intentando evitar la barahúnda de la gente que intentaba atravesar a aquellas horas las puertas de la ciudad en ambas direcciones. Iba con el encargo urgente de solicitar la presencia junto a su amo de Eudald Llobet, el viejo clérigo que en tanta medida había contribuido a moldear la vida de su amo. Su benéfica influencia era consecuencia de la promesa que el sacerdote hiciera en tiempos a su buen amigo Guillem Barbany de Gorb, padre de Martí Barbany. Ahmed había oído que el padre de su amo y el ahora sacerdote habían sido en su juventud compañeros de armas; que el difunto padre de su señor había salvado en más de una ocasión la vida de Llobet, y que, en su lecho de muerte, le confió su testamento y el cuidado y la tutela de su único hijo.

Ahmed llegó por fin al recinto. El lego que se ocupaba de la portería, sabedor de su procedencia y el lugar que ocupaba en la casa del amigo del arcediano, captó la urgencia que se desprendía de la actitud del mozo y lo hizo pasar, sin mediar espera, al recibidor destinado a los visitantes de los clérigos que allí moraban. La demora fue breve y poco después se oyeron sobre el entarimado del pasillo los pasos apresurados de las sandalias del inmenso capellán, cuyo sonido inconfundible delataba las prisas con que se movía aquel voluminoso corpachón.

La tonsurada cabeza asomó por el quicio de la puerta y la imagen del clérigo ocupó el marco de la misma.

—¿Qué te trae por aquí, Ahmed? —indagó el padre Eudald Llobet al reconocer al mensajero, a la vez que su semblante denotaba la inquietud que le transmitía la actitud del mozo.

—Señor, mi amo reclama urgentemente vuestra presencia. Por lo visto, mi señora ha iniciado el parto antes de hora.

El sacerdote a punto estuvo de pedir más detalles, pero algo le dijo que supondría una pérdida de tiempo que en aquellos instantes se le antojaba precioso.

—Aguarda un instante, recojo mis cosas y partiremos enseguida. Dile al portero que un lacayo prepare el carruaje y enganche el mulo.

—Perdonad, padre, pero tal como está la ciudad, antes llegaremos a pie.

—Pues que así sea.

El rumor de pasos acelerados llegó hasta los oídos de Martí y por su intensidad supo que eran más de uno los que ascendían por la amplia escalinata. Efectivamente, comparecieron a la par el padre Llobet y el físico Harush. Él se adelantó para recibirlos en cuanto cruzaron el umbral; sus brazos se entrelazaron con los del sacerdote en un saludo afectuoso.

—Mi señor, aviaos —dijo enseguida Martí en respuesta a la mirada interrogante del físico—. Estando en la terraza mi mujer ha sentido fuertes dolores y ha empezado a sangrar… por lo visto ha iniciado el parto dos meses antes de lo que corresponde y dice la partera que parece que hay problemas.

Harush enjugó su sudorosa calva con un pañuelo que extrajo del hondo bolsillo de su verde hopalanda.

—¿Dónde se halla la parturienta? —preguntó.

—Os acompañaré, si os place.

—Mejor que me indiquéis el camino… No quiero ofenderos, pero en estos casos los esposos sobran.

—Martí, dejad que el físico haga su tarea —apuntó el padre Llobet con voz serena—. Yo os acompañaré a la terraza, donde el tiempo os pasará más liviano.

—Luego, Eudald. Quiero entrar a ver a mi mujer, y os prometo que en cuanto el físico me lo indique me retiraré a donde me digáis.

El trío se dirigió a la cámara de la parturienta y tras ellos se cerraron las grandes puertas.

La amplia habitación estaba en penumbra, alumbrada únicamente por dos grandes candelabros y un ambleo situado junto al lecho. Los leños crepitaban en la chimenea y so

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