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MARAVILLOSO DESASTRE (BEAUTIFUL 1)

Jamie McGuire  

4


Fragmento

Índice


Portadilla

Índice

Dedicatoria

Capítulo 1. Bandera roja

Capítulo 2. Cerdo

Capítulo 3. Golpe bajo

Capítulo 4. La apuesta

Capítulo 5. Parker Hayes

Capítulo 6. Momento decisivo

Capítulo 7. Diecinueve

Capítulo 8. Rumores

Capítulo 9. Promesa

Capítulo 10. Cara de póquer

Capítulo 11. Celos

Capítulo 12. Hechos el uno para el otro

Capítulo 14. Full

Capítulo 15. Ciudad del pecado

Capítulo 16. Casa

Capítulo 17. Nada que agradecer

Capítulo 18. La caja

Capítulo 19. Hellerton

Capítulo 20. El último baile

Capítulo 21. Humo

Capítulo 22. Avión

Epílogo

Si te ha gustado…

Sobre la autora

Créditos

Grupo Santillana

 

 

 

 

Para los fans, cuyo amor por esta historia convirtió un deseo en el libro que tienen en las manos.

Capítulo 1

BANDERA ROJA

 

 

 

Todo en la sala proclamaba a gritos que yo no pintaba nada allí. Las escaleras se caían a pedazos; los ruidosos asistentes estaban muy juntos, codo con codo, en un ambiente que era una mezcla de sudor, sangre y moho. Sus voces se confundían mientras gritaban números y nombres una y otra vez, y movían los brazos en el aire, intercambiando dinero y gestos para comunicarse en medio del estruendo. Me abrí paso entre la multitud, siguiendo de cerca a mi mejor amiga.

—¡Guarda el dinero en la cartera, Abby! —me dijo America.

Su radiante sonrisa relucía incluso en la tenue luz.

—¡Quédate cerca! ¡Esto se pondrá peor cuando empiece todo! —gritó Shepley a través del ruido.

America le agarró la mano y luego la mía mientras Shepley nos guiaba entre ese mar de gente.

El repentino balido de un megáfono cortó el aire cargado de humo. El ruido me sobresaltó y me hizo dar un respingo, buscar de dónde procedía ese toque. Había un hombre sentado en una silla de madera, con un fajo de dinero en una mano y el megáfono en la otra. Se llevó el plástico a los labios.

—¡Bienvenidos al baño de sangre! Amigos míos, si andabais buscando un curso básico de economía..., ¡os habéis equivocado de sitio! Pero, si buscabais el Círculo, ¡estáis en la meca! Me llamo Adam. Yo pongo las reglas y yo doy el alto. Las apuestas se acaban cuando los rivales saltan al ruedo. Nada de tocar a los luchadores, nada de ayudas, no vale cambiar de apuesta, ni invadir el ring. Si la cagáis y no seguís las reglas, ¡os vais derechitos a la puta calle sin dinero! ¡Eso también va por vosotras, jovencitas! Así que, chicos, ¡no uséis a vuestras zorritas para hacer trampas!

Shepley sacudió la cabeza.

—¡Por Dios, Adam! —gritó en medio del estruendo al maestro de ceremonias, en claro desacuerdo con las palabras que había utilizado aquel.

El corazón me palpitaba en el pecho. Con una rebeca de cachemira color rosa y unos pendientes de perlas, me sentía como una maestra repipi en las playas de Normandía. Le prometí a America que podía enfrentarme a todo lo que se nos viniera encima, pero en plena zona de impacto sentí la necesidad de agarrarme a su flacucho brazo con las dos manos. Ella no me pondría en peligro, pero el hecho de estar en un sótano con unos cincuenta tíos universitarios y borrachos, decididos a derramar sangre y ganar pasta, no me hacía confiar mucho en nuestras posibilidades de salir incólumes.

Desde que America había conocido a Shepley en la sesión de orientación del primer curso, solía acompañarlo a las peleas clandestinas que tenían lugar en los diversos sótanos de la Universidad de Eastern. Cada evento se llevaba a cabo en un lugar diferente y se mantenía en secreto hasta una hora antes de la pelea.

Como me movía en un entorno bastante más tranquilo, me sorprendió saber de un mundo clandestino en Eastern; pero Shepley lo conocía incluso antes de haberse matriculado. Travis, compañero de habitación y primo de Shepley, participó en su primera pelea hacía siete meses. Se decía que él, ya como estudiante de primer año, había sido el rival más letal que Adam había visto en los tres años desde que había creado el Círculo. Al empezar el segundo curso, Travis era invencible, de modo que las ganancias le permitían pagar sin problemas con su primo el alquiler y las facturas.

Adam se llevó nuevamente el megáfono a los labios; el ajetreo y los gritos aumentaron a un ritmo febril.

—¡Esta noche tenemos a un nuevo adversario! El luchador y estrella del equipo universitario de Eastern, ¡Marek Young!

Las ovaciones continuaron y la multitud se separó como el mar Rojo cuando Marek entró en la sala. Se formó un espacio circular; la turba silbó, abucheó y se burló del rival. Él daba brincos, sacudía el cuello de un lado a otro; tenía el rostro serio y concentrado. La multitud se calmó con un sordo rugido, y luego me llevé las manos a los oídos cuando la música retumbó por los grandes altavoces al otro extremo de la sala.

—¡Nuestro siguiente adversario no necesita presentación, pero, como me da un miedo que te cagas, ahí va de todos modos! ¡Temblad, chicos, y quitaos las bragas, señoritas! Con todos vosotros: ¡Travis Perro Loco Maddox!

El volumen se disparó cuando Travis apareció por una puerta al otro lado de la

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