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MAREAS DE MEDIANOCHE (MALAZ: EL LIBRO DE LOS CAíDOS 5)

Steven Erikson

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Fragmento

Dramatis Personae

Los tiste edur

Tomad Sengar: Patriarca del linaje Sengar.

Uruth: Matriarca del linaje Sengar.

Temor Sengar: Primogénito, maestro de armas de las tribus.

Trull Sengar: Segundo hijo.

Binadas Sengar: Tercer hijo.

Rhulad Sengar: Cuarto e hijo menor.

Mayen: Prometida de Temor.

Hannan Mosag: Rey hechicero de la confederación de las Seis Tribus.

Theradas Buhn: Primogénito del linaje Buhn.

Midik Buhn: Segundo hijo.

Badar: No ha sido iniciado.

Rethal: Guerrero.

Canarth: Guerrero.

Choram Irard: No ha sido iniciado.

Kholb Harat: No ha sido iniciado.

Matra Brith: No ha sido iniciado.

Esclavos letherii entre los tiste edur

Udinaas

Bruja de la Pluma

Hulad

Virrick

Los letherii

En el palacio

Ezgara Diskanar: Rey de Letheras.

Janall: Reina de Letheras.

Quillas Diskanar: Príncipe y heredero.

Unnutal Hebaz: Preda (comandante) del ejército letherii.

Brys Beddict: Finadd (capitán) y paladín del rey, el menor de los hermanos Beddict.

Moroch Nevath: Finadd de la escolta del príncipe Quillas Diskanar.

Kuru Qan: Ceda (hechicero) del rey.

Nisall: Primera concubina del rey.

Turudal Brizad: Primer consorte de la reina.

Nifadas: Primer eunuco.

Gerun Eberict: Finadd de la Guardia Real.

Triban Gnol: Canciller.

Laerdas: Mago del séquito del príncipe.

En el norte

Buruk el Pálido: Mercader del norte.

Seren Pedac: Corifeo de Buruk el Pálido.

Casco Beddict: Centinela del norte, primogénito de los hermanos Beddict.

Nekal Bara: Hechicera.

Arahathan: Mago.

Enedictal: Mago.

Yan Tovis (Crepúsculo): Atri-preda en Fent Límite.

En la ciudad de Letheras

Tehol Beddict: Ciudadano de la capital, el mediano de los hermanos Beddict.

Hejun: Empleada de Tehol.

Rissarh: Empleada de Tehol.

Shand: Empleada de Tehol.

Chalas: Vigilante.

Biri: Mercader.

Huldo: Propietario de establecimiento.

Bicho: Sirviente de Tehol.

Ublala Pung: Delincuente.

Harlest: Guarda de una hacienda.

Ormly: Campeón de los Cazarratas.

Rucket: Investigadora jefe, gremio de los Cazarratas.

Bubyrd: Gremio de los Cazarratas.

Espejeo: Gremio de los Cazarratas.

Rubí: Gremio de los Cazarratas.

Ónice: Gremio de los Cazarratas.

Centelleo: Gremio de los Cazarratas.

Tetera: Niña.

Shurq Elalle: Ladrona.

Selush: Amortajadora de los muertos.

Padderunt: Ayudante de Selush.

Urul: Jefe de sirvientes en el establecimiento de Huldo.

Pulgadas: Ciudadano.

Hulbat: Ciudadano.

Turble: Ciudadano.

Unn: Indigente mestizo.

Delisp: Matrona del burdel El Templo.

Prist: Jardinero.

Rall el Fuerte: Asesino.

Cerdo Verde: Mago infame de épocas pasadas.

Otros

Asimismo: Fabricante de armas meckros.

Corteza: Nacth.

Mape: Nacth.

Pule: Nacht.

El del Interior

Silchas Ruina: Soletaken eleint tiste andii.

Scabandari Ojodesangre: Soletaken eleint tiste edur.

Gothos: Jaghut.

Rud Ealle: Niño.

Barras de Hierro: Soldado.

Corlo: Mago.

Mediopico: Soldado.

Ulshun Pral: Imass.

Prólogo

Primeros días de la partición de Emurlahn

Invasión edur, era de Scabandari Ojodesangre

Época de los dioses ancestrales

De las nubes retorcidas y henchidas de humo llovía sangre. Los últimos de los torreones del cielo, envueltos en llamas y derramando humo negro, habían abandonado el cielo. Su descenso irregular había abierto surcos en el suelo al chocar y partirse en mil pedazos con reverberaciones atronadoras que esparcieron rocas manchadas de sangre entre los rimeros de cadáveres que cubrían la tierra de un horizonte a otro.

Las grandes ciudades colmena habían quedado reducidas a escombros cubiertos de ceniza, y las inmensas nubes que se alzaban sobre cada una de ellas y que se habían disparado hacia los cielos con su destrucción (nubes llenas de rocalla, restos desgarrados y sangre), giraban en tormentas de calor disipado que colmaban el cielo.

Entre los ejércitos aniquilados, las legiones de los conquistadores se reagrupaban en la llanura central, buena parte de la cual estaba cubierta de losas colocadas con exquisitez (allí donde el impacto de los torreones del cielo no había esculpido profundas zanjas), aunque dificultaba la ratificación de las formaciones el sinfín de cadáveres de los derrotados. Y el agotamiento. Las legiones pertenecían a dos ejércitos independientes, aliados en esa guerra, y estaba claro que uno había corrido muchísima mejor suerte que el otro.

La bruma sanguinolenta envolvía las inmensas alas del color del hielo de Scabandari cuando bajó haciendo un barrido entre las nubes revueltas, agitaba con un parpadeo constante las membranas para despejar los draconianos ojos de un color azul gélido. El dragón se ladeó en pleno descenso e inclinó la cabeza para examinar a sus hijos victoriosos. Los estandartes grises de las legiones tiste edur oscilaban, intermitentes, sobre los guerreros que se iban reuniendo y Scabandari calculó que al menos restaban mil ochocientos de sus parientes de sombra. A pesar de todo ello, habría luto y lamentos en las tiendas de Primer Desembarco esa noche. El día había empezado con más de doscientos mil tiste edur marchando sobre la llanura. Con todo... era suficiente.

Los edur habían chocado con el flanco oriental del ejército k’chain che’malle, aunque habían antepuesto a su carga oleadas de hechicería devastadora. Las formaciones del enemigo se habían reunido para enfrentarse a un asalto frontal y su lentitud había resultado letal a la hora de girar para afrontar la amenaza que les llegaba por el flanco. Como una daga, las legiones edur habían penetrado hasta el corazón del ejército.

Al acercarse, Scabandari vio en el fondo, repartidos aquí y allá, los estandartes pardos de los tiste andii. Quedaban mil guerreros, quizá menos. La victoria era una reivindicación más dudosa para esos aliados magullados. Habían combatido contra los cazadores k’ell, la élite de los ejércitos emparentados con las tres matronas. Cuatrocientos mil tiste andii contra sesenta mil cazadores. Compañías adicionales de andii y edur habían asaltado los torreones del cielo, pero estos habían sabido que su muerte era segura y el sacrificio había sido fundamental en la victoria de ese día, pues se había impedido a los torreones del cielo acudir en ayuda de los ejércitos de la llanura. Por sí mismos, los asaltos contra los cuatro torreones del cielo habían surtido solo un efecto marginal (a pesar de que los colas cortas eran pocos en número, su ferocidad había resultado devastadora), pero la sangre tiste derramada había ganado tiempo suficiente para que Scabandari y su aliado dracónico soletaken se acercaran a las fortalezas flotantes y desataran sobre ellas las sendas de Starvald Demelain, Kurald Emurlahn y Galain.

El dragón se precipitó a tierra, allí donde un revoltijo amontonado de cadáveres de k’chain che’malle marcaba la última posición defendida por una de las matronas. Kurald Emurlahn había masacrado a los defensores y unas sombras salvajes todavía aleteaban por las laderas como espectros. Scabandari abrió las alas, abofeteó el aire húmedo y se posó sobre los cuerpos de reptil.

Un momento más tarde adoptó su forma tiste edur. La piel del tono del hierro forjado, el largo cabello gris suelto, una cara adusta y aquilina con ojos duros muy juntos. Una boca amplia y gacha que no lucía arruga alguna de risa. Frente alta y lisa, con cicatrices diagonales de un blanco vívido que contrastaban con la piel morena. Vestía un arnés de cuero que sostenía su mandoble, un par de cuchillos largos en la cadera y de los hombros le colgaba una capa de escamas, el pellejo de una matrona, lo bastante reciente para brillar todavía con sus aceites naturales.

Se alzó, una figura alta envuelta en gotas de sangre que observaba la reunión de las legiones. Varios oficiales edur miraron en su dirección y después comenzaron a dirigir a sus tropas.

Scabandari giró entonces al noroeste y entornó los ojos para contemplar las nubes que ondeaban en el cielo. Un momento más tarde, un inmenso dragón de un blanco óseo irrumpió entre ellas, si acaso incluso más grande que el propio Scabandari cuando se transformaba en dragón. También envuelto en sangre... y buena parte era suya, pues Silchas Ruina había combatido junto a sus parientes andii contra los cazadores k’ell.

Scabandari observó acercarse a su aliado y solo retrocedió cuando el enorme dragón se posó en la cima de la colina y después se convirtió a toda prisa. Le sacaba una cabeza o más al soletaken tiste edur, pero era de una delgadez excesiva, los músculos tensos como cuerdas bajo la piel lisa, casi translúcida. Las garras de un ave rapaz resplandecían en el cabello blanco, largo y espeso del guerrero. El rojo de sus ojos parecía febril, tanto era su brillo. Silchas Ruina tenía heridas: cuchilladas que le cruzaban el cuerpo. La mayor parte de la armadura del torso se le había caído y revelaba el verde azulado de las venas y las arterias que abrían rastros que se repartían bajo la piel fina y lampiña del pecho. Tenía las piernas resbaladizas de sangre, al igual que los brazos. Las dos vainas de las caderas estaban vacías, había roto ambas armas, a pesar del tejido de hechicería que las investía. La suya había sido una batalla desesperada.

Scabandari inclinó la cabeza a modo de saludo.

—Silchas Ruina, hermano en espíritu. El más incondicional de los aliados. Contempla la llanura, la victoria es nuestra.

La cara pálida del tiste andii albino se crispó en una mueca silenciosa de desprecio.

—Mis legiones tardaron demasiado en acudir en tu ayuda —dijo Scabandari—. Y por ello mi corazón se rompe al observar tus pérdidas. Con todo, ahora dominamos la puerta, ¿no es cierto? El sendero que lleva a este mundo nos pertenece y el mundo en sí se despliega ante nosotros... para saquearlo, para trincharlo para los loables imperios de nuestros pueblos.

Los largos dedos de las manos manchadas de Ruina sufrieron una contracción y su dueño contempló la llanura que tenía debajo. Las legiones edur habían vuelto a formar en un círculo desigual alrededor de los últimos andii supervivientes.

—La muerte contamina el aire —rezongó Silchas Ruina—. Apenas puedo inhalar para hablar.

—Ya habrá tiempo para hacer nuevos planes más tarde —dijo Scabandari.

—Mi pueblo ha sido masacrado. Nos rodeáis ahora, pero vuestra protección llega demasiado tarde.

—Simbólica entonces, hermano mío. Hay otros tiste andii en este mundo, tú mismo lo dijiste. Solo has de encontrar esa primera oleada y recobrarás tus fuerzas. Es más, otros vendrán. Mis parientes y los tuyos, ambos, huyendo de nuestras derrotas.

El ceño de Silchas Ruina se profundizó.

—La victoria de este día es una alternativa amarga.

—Los k’chain che’malle casi han desaparecido, lo sabemos. Hemos visto las muchas otras ciudades muertas. Ya solo permanece Alborada, y eso en un continente lejano, donde los colas cortas comienzan ahora a romper sus cadenas en una rebelión bañada en sangre. Un enemigo dividido es un enemigo que no tarda en derrumbarse, amigo mío. ¿Qué otro pueblo en este mundo tiene poder suficiente para enfrentarse a nosotros? ¿Los jaghut? Están muy repartidos y son pocos. ¿Los imass? ¿Qué pueden lograr armas de piedra contra nuestro hierro? —Se quedó callado un momento y después continuó—. Los forkrul assail no parecen muy dispuestos a juzgarnos. Y, en cualquier caso, con cada año que pasa parece que haya menos. No, amigo mío, con la victoria de hoy este mundo queda a nuestros pies. Aquí no sufriréis las guerras civiles que atormentan Kurald Galain. Y mis seguidores y yo escaparemos de la escisión que plaga ahora Kurald Emurlahn...

Silchas Ruina lanzó un bufido.

—Una escisión que ha creado tu mano, Scabandari.

Seguía estudiando las fuerzas tiste de la llanura, así que no vio el destello de furia que respondió a su displicente comentario, un destello que se desvaneció un instante después, cuando la expresión de Scabandari recuperó una vez más la ecuanimidad.

—Un mundo nuevo para nosotros, hermano.

—Hay un jaghut en la cima de un risco septentrional —dijo Silchas Ruina—. Testigo de la guerra. No me acerqué, pues percibí el comienzo de un ritual. Omtose Phellack.

—¿Temes a ese jaghut, Silchas Ruina?

—Temo lo que no conozco, Scabandari... Ojodesangre. Y queda mucho por aprender sobre este reino y sus costumbres.

—Ojodesangre.

—Tú no te ves —dijo Ruina—, pero yo te doy ese nombre por la sangre que mancha ahora tu... visión.

—Tiene gracia, Silchas Ruina, viniendo de ti. —Después, Scabandari se encogió de hombros y se dirigió al borde septentrional del montón, donde pisaba con cuidado los cadáveres que se movían bajo él—. Un jaghut, has dicho... —Se dio la vuelta, pero Silchas Ruina le había dado la espalda. El tiste andii había bajado la mirada y contemplaba a sus escasos seguidores supervivientes que continuaban en la llanura.

—Omtose Phellack, la senda de Hielo —dijo Ruina sin girarse—. ¿Qué es lo que conjura, Scabandari Ojodesangre? Me pregunto...

El soletaken edur regresó con Silchas Ruina.

Estiró el brazo hacia la parte exterior de su bota izquierda y sacó una daga grabada por sombras. La hechicería jugueteaba sobre el hierro.

Un último paso y la daga se clavó en la espalda de Ruina.

El tiste andii sufrió un espasmo y después rugió... al tiempo que las legiones edur se volvían de repente contra los andii y se precipitaban al interior del círculo desde todas direcciones para llevar a cabo la última matanza del día.

La magia tejió cadenas retorcidas alrededor de Silchas Ruina y el tiste andii albino se desmoronó.

Scabandari Ojodesangre se agachó sobre él.

—Es la costumbre de los hermanos, y es triste —murmuró—. Uno solo debe dominar. Dos no pueden. Bien sabes que es cierto. Grande como es este mundo, Silchas Ruina, antes o después habría una guerra entre los edur y los andii. La verdad de nuestra sangre lo dirá. Así pues, solo uno dominará la puerta. Solo los edur pasarán. Daremos caza a los andii que ya están aquí, ¿qué paladín pueden producir que pueda desafiarme? Se pueden dar ya por muertos. Y así debe ser. Un pueblo. Un gobernante. —Se irguió cuando los últimos lamentos de los guerreros andii moribundos resonaban en la llanura—. Sí, no puedo matarte directamente, eres demasiado poderoso. Así pues, te llevaré a un lugar adecuado y te dejaré a merced de las raíces, la tierra y la piedra de sus terrenos mutilados...

Se transformó en dragón. Las garras

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