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MARTA Y RUFUS

Marta Torné  

5


Fragmento

 

 

 

 

Don’t ever change, don’t ever worry

because I’m coming back tomorrow

to 14th Street where I won’t hurry

and where I’ll learn how to save, not just borrow

and they’ll be rainbows and we will finally know.

 

Rufus Wainwright

«14th Street» Want One.

 

 

No cambies nunca, no te preocupes

porque mañana vuelvo a casa

a la Calle 14, donde no tendré prisa

y donde aprenderé a ahorrar, no solo a pedir prestado,

y habrá arcoíris y finalmente lo sabremos.

 

Rufus Wainwright, «14th Street» Want One.

1

UNA NOCHE LOCA

 

 

 

Dicen que lo importante no es cómo empiezan las cosas, sino cómo terminan. No tengo ni idea de cómo va a terminar esta historia, pero sí tengo claro que empezó una noche muy fría de diciembre en Madrid. Yo salía de rodar y era tarde. Llevaba metida en un plató desde las seis de la mañana. Como ya solía ser habitual, terminábamos la jornada con mucho retraso. Pero era final de temporada y había que aguantar. Aunque ya estaba acostumbrada a jornadas de más de doce horas, ese día me sentía especialmente cansada. Bueno, cuando te pasas casi todo el día llorando, aunque sea mientras actúas, acabas agotada. A mi personaje, la pobre, la hacían sufrir más y más cada temporada. Así que eran las ocho de la tarde y yo ya no podía más con mi alma.

En esa época hacía unos seis meses que me había dejado Miguel, mi ex. Así que, cada vez que me tocaba llorar, me venía muy bien porque me servía para drenar el luto que todavía arrastraba. A veces, hasta mis compañeros me decían: «¡Madre mía! Pero qué bien lloras… ¿Dónde has estudiado?». Y yo pensaba: «Si yo os contara…».

Cuando me subí al coche de producción para irme a casa, en lo único que pensaba era en meterme en la cama y dormir. Iba con otros dos actores que vivíamos en la misma zona y hacíamos ruta. No todo el mundo va en el mismo coche, hay algunos actores que por contrato piden no compartirlo. Yo eso nunca lo entenderé, si es lo más divertido de los rodajes: salir y cotillear. Pero ese día íbamos todos callados. Solamente se escuchaba la radio que había puesto el conductor. Esa tarde nos tocó Rubén. Y Rubén molaba mucho. Siempre tenía Rock FM.

Entonces me llamó David, que, además de ser mi mejor amigo, era mi compañero de piso. Siempre estábamos haciendo cosas juntos. Nos conocimos hacía un par de años durante el rodaje de otra serie. Él era el jefe de vestuario, y desde el primer día nos entendimos. David tiene muchísima energía. Es ocurrente, divertido, inteligente y muy payaso. Jamás había conocido a alguien así. Me hacía reír, me entendía y me cuidaba. Y en ese momento lo necesitaba más que nunca. Todavía tenía el corazón roto en mil pedazos.

Cuando lo dejé con Miguelito, que así es como siempre hemos llamado a mi ex, me dijo que él también estaba buscando piso en el centro. Fue una tarde mientras tomábamos un gin tonic en La Sueca, un bar de la calle Hortaleza. Parece ser que el dueño del ático en el que vivía le había dicho que tenía que dejar el piso. Así que nos pusimos a buscar juntos. Y cosas del destino: al final encontramos un piso precioso justo encima de La Sueca. Con dos habitaciones y con cuatro balcones a la calle. Ideal.

Así que ya os podéis imaginar cuál era nuestro bar favorito.

La llamada de David era para preguntarme dónde estaba.

—Pues en el coche de producción —le dije yo con voz de ultratumba.

—¿Todavía? Pero, bueno… ¡Cada día termináis más tarde, maja! Bueno, pues dile al conductor que te lleve directamente a La Riviera.

—¿Qué dices de La Riviera? Yo me voy a casa, me tomo un caldo y mañana será otro día, que no te imaginas el día de llorar que llevo —le contesté.

—¿Estás boba o qué te pasa? ¡Que esta noche es el concierto de Rufus!

¡Ostras! ¡No me acordaba! ¡Rufus Wainwright! Ten

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