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MATERIA OSCURA

Philip Kerr  

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Fragmento

PRÓLOGO

Levántate, resplandece; porque ha venido tu lumbre y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.

Isaías 60, 1

Juré no contar esta historia mientras viviera Newton.

En la mañana del 28 de marzo de 1727, habiendo transcurrido ocho días desde el fallecimiento de sir Isaac Newton, tomé un coche frente a mi nuevo domicilio de Maiden Lane, en Covent Garden, acompañado por el doctor Samuel Clarke, que había sido su amigo y exégeta. Íbamos a la abadía para verlo de cuerpo presente como un formidable héroe griego.

Lo encontramos en la Cámara de Jerusalén, una magnífica sala con paredes revestidas de roble y una gran chimenea; está situada en el ala suroeste de la iglesia y allí pueden admirarse varios tapices y vidrieras atribuidos al periodo de Enrique III, así como bustos de Enrique IV y Enrique V. Cuentan que Enrique IV sufrió un colapso mientras rezaba en la abadía y lo trasladaron a la Cámara de Jerusalén, donde falleció, con lo que se cumplió el augurio de que moriría en la Ciudad Santa.

No puedo decir si la efigie del rey Enrique es veraz y fidedigna, pero el embalsamador de Newton había hecho un buen trabajo y no le había maquillado la cara como a una puta, vicio muy extendido entre los de su gremio. La piel parecía bastante natural, la había dejado rubicunda, tersa y lozana, como si apenas estuviera dormido.

Sigue leyendo y recibe antes que nadie historias como ésta