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MAYO DEL 68

André Glucksmann  

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Fragmento

DIEZ AÑOS DESPUÉS

Nos guste o no, todos somos hijos del 68. Y como todos los hijos, tenemos el derecho, incluso el deber, de cuestionar el legado recibido, de elegir lo que queremos hacer con él, de decidir con qué nos quedamos y qué rechazamos. Sin jugar a ser guardianes de museo. Ni cazadores de brujas.

Hace más de diez años, cuando surgió la idea de este libro a dos voces, una gran ofensiva reaccionaria pretendía convertir el «bonito mes de mayo» en la madre de todas las catástrofes. Como si todo lo que no funcionaba en nuestras sociedades occidentales tuviera su origen en él: la crisis de la autoridad, el desmoronamiento de las estructuras colectivas tradicionales, la pérdida de los puntos de referencia identitarios, la afirmación del individualismo, el poco respeto de los alumnos por sus profesores y de los hijos por sus padres, los errores de la democracia representativa... El 68 se había convertido en el coco al que apelaba la nueva derecha europea para desacreditar toda forma de progresismo y asentar su supremacía en un ámbito metapolítico que la izquierda intelectual, áfona y átona, había abandonado hacía mucho tiempo. Para nosotros se trataba de responder a esa ofensiva.

Lo que pretendíamos, tanto el uno como el otro, no era salvar un icono ni

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